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Terapias avanzadas e inteligencia artificial: el reto es demostrar qué aportan realmente al paciente

por Redacción Consejos
IA y pacientes

Las terapias avanzadas y la inteligencia artificial están transformando la investigación y la asistencia sanitaria, pero su incorporación plantea una pregunta fundamental: ¿mejoran realmente los resultados para el paciente?

Este ha sido uno de los principales debates del XXXIII Congreso de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), celebrado en Madrid, donde especialistas, investigadores, profesionales sanitarios, representantes de la industria y pacientes han analizado cómo evaluar estas innovaciones con garantías de eficacia, seguridad y sostenibilidad.

También se ha puesto el foco en la necesidad de incorporar de forma real la experiencia y las preferencias de los pacientes a las decisiones relacionadas con los medicamentos.

Terapias avanzadas: nuevas posibilidades, pero también más vigilancia

Entre los temas abordados destaca el potencial de las terapias CAR-T más allá de las enfermedades oncohematológicas.

Los especialistas han analizado su posible utilización para lograr una especie de “reinicio” del sistema inmunitario en determinadas enfermedades inmunológicas, abriendo nuevas vías frente a necesidades terapéuticas todavía no cubiertas.

Pero incorporar estas terapias a la práctica clínica no consiste únicamente en disponer de nuevos tratamientos. También exige organizar correctamente las unidades que los administran y mantener una vigilancia estrecha de su seguridad.

“La vigilancia de la seguridad debe mantenerse durante toda la utilización de los medicamentos”, ha recordado Francisco José de Abajo Iglesias, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá y responsable de la Unidad de Farmacología Clínica del Hospital Príncipe de Asturias.

El especialista ha explicado que algunas reacciones adversas, incluidas algunas muy graves, solo se detectan cuando los tratamientos se utilizan en poblaciones amplias. “Para detectarlas lo más precozmente posible, evaluar de forma continuada la relación beneficio-riesgo de los medicamentos y prevenir de forma efectiva los riesgos, se realiza la farmacovigilancia”, ha señalado.

Inteligencia artificial: hacer más no siempre significa cuidar mejor

La inteligencia artificial ofrece importantes posibilidades para analizar grandes bases de datos sanitarias, estudiar evidencia de vida real, desarrollar medicamentos y mejorar determinados procesos asistenciales.

Sin embargo, los expertos advierten de que aumentar la capacidad de trabajo o automatizar procesos no implica necesariamente mejorar la atención sanitaria.

Julio Mayol Martínez, catedrático de Cirugía de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del IdISSC, ha planteado esta cuestión durante el congreso:

“¿Por qué asumimos que automatizar procesos y hacer más equivale necesariamente a hacerlo mejor? ¿Por qué damos por hecho que los beneficios de la IA para profesionales y organizaciones se traducirán automáticamente en mejores resultados para los pacientes? La incorporación de IA no garantiza por sí misma una asistencia sanitaria de mayor valor”.

El especialista propone reforzar la formación de los profesionales, preservar el razonamiento crítico y utilizar el tiempo que pueda liberar la tecnología para mejorar la comunicación y la toma de decisiones compartidas.

“La inteligencia artificial puede ser el truco que nos haga trabajar más o el trato que nos permita cuidar mejor”, ha resumido.

Evaluar la innovación antes de incorporarla

Otro de los grandes retos es determinar qué innovaciones aportan un beneficio real.

Durante el congreso se han analizado los primeros meses de funcionamiento del Reglamento europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS) y los cambios relacionados con el marco de las terapias avanzadas.

Los especialistas consideran que todavía existe poca experiencia para realizar una valoración definitiva, pero apuntan a la necesidad de simplificar las evaluaciones conjuntas, evitar duplicidades y concentrarse en los aspectos realmente relevantes para la toma de decisiones.

Además, la evaluación de una tecnología sanitaria ya no se limita únicamente a la eficacia clínica. Cada vez adquieren mayor peso aspectos económicos, éticos, legales, organizativos, sociales, ambientales y de género.

El paciente debe participar de verdad

Uno de los mensajes más repetidos durante el congreso ha sido la necesidad de que el paciente deje de ser únicamente el receptor final de las decisiones.

Emilio Vargas Castrillón, presidente del Congreso, destaca: “Igualmente determinante es la participación del paciente. No solo debemos decir que debe ser el centro del sistema, debemos darle poder para que sus opiniones sean consideradas y, en algunos casos ser prioritarias”.

La SEFC defiende que las preferencias de los pacientes se tengan en cuenta junto con los resultados clínicos, tanto en investigación como en asistencia sanitaria y en las decisiones de la Administración sobre medicamentos.

La participación efectiva permite identificar qué necesidades son realmente prioritarias y qué resultados tienen mayor importancia para quienes reciben los tratamientos.

Farmacología Clínica: entre la innovación y la seguridad

El desarrollo de nuevas terapias, la farmacovigilancia, la evaluación de tecnologías sanitarias y la incorporación de herramientas como la inteligencia artificial refuerzan el papel de la Farmacología Clínica como especialidad vinculada al uso seguro, eficaz y racional de los medicamentos.

Durante el encuentro también se ha destacado la necesidad de fortalecer la colaboración entre farmacólogos clínicos, enfermería, profesionales de la industria farmacéutica y pacientes para avanzar hacia un mayor codiseño de la investigación clínica y facilitar el acceso a medicamentos.

El reto, según las conclusiones del congreso, no es únicamente incorporar más innovación, sino demostrar qué aporta realmente al paciente, mantener una vigilancia continua de la seguridad y garantizar que las decisiones se tomen con evidencia y con la participación de las personas afectadas.

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