Home Mente Síndrome del impostor: “soy un fraude”

Síndrome del impostor: “soy un fraude”

por María José Merino

Según un estudio del Journal of General Internal Medicine, este síndrome, que nos hace sentir que no merecemos los éxitos que logramos, afecta al 82% de los trabajadores en algún momento de sus vidas.

Las personas con síndrome del impostor tienen dificultades para aceptar sus logros como mérito propio y los atribuyen a otros motivos. Esta errónea interpretación de la realidad les hace creer que son unos impostores y sufren un miedo persistente a ser descubiertos. Lo más llamativo es que “se da sobre todo en personas con alto rendimiento”, explica Marta Calderero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “A pesar de las múltiples pruebas de su valía, a la persona le invaden sentimientos de incompetencia e inseguridad”, dice y aunque las trayectorias laborales lo refuten, “ellos achacan los buenos resultados a factores externos, como la suerte o el trabajo duro, en vez de atribuirlos a sus habilidades y conocimientos”, añade la profesora.

Más común en mujeres

Según un estudio realizado en Reino Unido, los hombres tienen un 18% menos de posibilidades de sufrir este trastorno y dos tercios de las mujeres afirman haberlo experimentado. Este mismo estudio reveló que las críticas son la principal causa por la que ellas se ven a sí mismas como un fraude: una de cada cuatro admitió que los juicios de los otros minaban su seguridad. También los jóvenes, aunque muchos no tengan puestos de responsabilidad y a pesar de que acaban de aterrizar en el mercado laboral, son más propensos a padecer este síndrome.

Algunos consejos para evitarlo

(Por Cecilia Mansilla, experta en liderazgo y desarrollo personal e instructora de Udemy)

  1. Promover espacios de trabajo en los que podamos desarrollar nuestra confianza y seguridad, en los que podamos decir lo que pensamos y pedir ayuda cuándo la necesitemos sin miedo a que nos juzguen.
  2. Reconocer tanto los logros propios como los ajenos. De esta forma, conseguiremos crear un lugar de trabajo saludable, donde los logros se reconozcan en un plano general. Además, sentiremos una mayor confianza a la hora de identificar nuestros propios triunfos.
  3. En el caso de liderar equipos es importante brindar ‘feedbacks’ constructivos de forma constante y transparente a todos los trabajadores para promover y facilitar su desarrollo personal. Y en caso de que no tengamos un puesto de responsabilidad, también resulta fundamental pedir este tipo de opiniones de forma regular. Entender qué es lo que estamos haciendo bien (y qué es lo que no) nos ayudará a ganar seguridad.
  4. Fomentar equidad e inclusividad en el entorno laboral (como el acceso equitativo a oportunidades) hace que trabajemos en un ambiente capaz de reducir nuestras inseguridades, además de que permite potenciar al máximo nuestros talentos y destrezas profesionales.

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