Los ginecólogos lo han dejado claro una vez más: no existe ninguna cantidad de alcohol segura durante el embarazo. El consumo de alcohol durante el embarazo es un factor de riesgo que puede producir muerte fetal, aborto espontáneo, parto prematuro, retraso del crecimiento intrauterino y bajo peso al nacer.

Así de claro es y así de claro lo predican desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). De hecho, recuerdan, “excluyendo las causas de origen genético, el alcohol es el factor más importante para la aparición de alteraciones mentales y del comportamiento y es la primera causa prevenible no genética de retraso mental en el mundo occidental”. Aunque es cierto que la gravedad del daño debido al consumo de alcohol durante el embarazo depende, principalmente, de la dosis consumida, del tiempo y del patrón de consumo, así como de la susceptibilidad genética individual, el riesgo cero no existe, por lo que el consumo debe ser 0 en todos los supuestos.

Síndrome Alcohólico Fetal (SAF)

Uno de los resultados potenciales más incapacitantes de consumir alcohol durante el embarazo, que pasa a tu hijo a través de la placenta, es el riesgo de desarrollar el Síndrome Alcohólico Fetal (SAF), la forma clínica más grave y visiblemente identificable del Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF). Y ello abarca incluso al momento desde antes de la concepción.

Dicho esto, la única recomendación acorde con esa evidencia, según la SEGO, es “no consumir alcohol desde el momento que la mujer decide quedarse embarazada”.

Y el padre… también

Esta recomendación alcanza, en el período preconcepcional, al padre. Su colaboración y apoyo durante la gestación, evitando también en este período el consumo de alcohol, favorecen la abstinencia en la madre.

Sin medias tintas

Así, la SEGO recuerda a todos los profesionales implicados en la salud materno-infantil, que “deben colaborar para hacer llegar esta recomendación a las mujeres embarazadas y a las que desean quedarse embarazadas, motivándolas para dejar de consumir alcohol y mantener la abstinencia durante toda la gestación”. E insiste en que “es necesario no confundir la ausencia de evidencia con la evidencia de ausencia de riesgo. La falta de evidencia concluyente de daño de un consumo puntual no es lo mismo que evidencia de falta de daño”. En consecuencia, el único mensaje que SEGO recomienda trasladar a las mujeres es que, de acuerdo a la evidencia científica disponible, no existe ninguna cantidad segura de alcohol durante el embarazo.

La prevalencia de consumo de alcohol en mujeres durante la gestación en España se sitúa entre un 40-60%, según algunos estudios.

Decálogo para un embarazo seguro

*Por el doctor Julio Maset, experto médico de Cinfa

  1. Come con más frecuencia y de forma equilibrada evitando periodos largos de ayuno, ya que los aportes regulares de glucosa facilitan su aprovechamiento óptimo y la protección de las reservas de energía y proteínas de la madre. Es recomendable hacer tres comidas principales, dos o tres pequeñas tomas a lo largo del día, cenas moderadas y no acostarse inmediatamente después de las comidas.
  2. Incluye en tu dieta ácido fólico (en verduras de hoja verde, cereales, huevos, naranjas, legumbres y nueces) y hierro (en carnes rojas cocinadas completamente, cereales, legumbres y frutos secos).
  3. Modera el consumo de sal y azúcar. Para evitar subidas de tensión, debes regular el consumo de sal y la que tomes debe ser yodada, salvo cuando exista una alteración de tiroides. Con el azúcar, el objetivo es evitar la ganancia de peso por encima de lo debido al embarazo y prevenir la diabetes gestacional.
  4. Las frutas, verduras y hortalizas, mejor frescas y bien lavadas.
  5. Los lácteos, siempre pasteurizados y los huevos, bien hechos. Los huevos implican riesgo de salmonelosis, por lo que hay que evitar ingerirlos crudos o poco hechos, así como huir de salsas y postres caseros que los puedan contener.
  6. Evita las carnes poco hechas y los embutidos. Evita los carpaccios, adobos, carnes precocinadas y ensaladas preparadas que lleven pollo o jamón. Si la madre no está inmunizada contra la toxoplasmosis, los embutidos deben evitarse, congelarse durante al menos 10 días a -22ºC o cocinarlos previamente.
  7. Evita los pescados y mariscos crudos o casi crudos y los ahumados y los marinados como sushi, ostras o almejas. Tampoco se recomienda consumir especies grandes como el pez espada (emperador), el tiburón (cazón), la caballa, el atún rojo y el lucio, ya que pueden contener mercurio u otros metales pesados. El resto de pescados y mariscos pueden consumirse tras cocinarse suficientemente y, preferiblemente, tras haber sido congelados durante un mínimo de cuatro días, para evitar el riesgo de toxinfección por anisakis.
  8. Al cocinar, separa los alimentos para evitar contaminaciones cruzadas; lava los alimentos, superficies y utensilios y cocina a alta temperatura.
  9. Hidrátate bien. Bebe suficiente líquido (unos dos litros diarios). Una correcta hidratación ayuda a combatir el estreñimiento, a controlar las náuseas y los vómitos, a evitar la sequedad de la piel, así como a prevenir las infecciones urinarias. También debes reducir el consumo de sustancias excitantes como té y café, y bebidas energizantes y con gas que pueden dificultar la digestión.
  10. No bebas alcohol ni fumes. Ambos son altamente perjudiciales para tu salud y la de tu bebé, ya que elevan el riesgo de complicaciones como partos prematuros, malformaciones o retrasos emocionales y cognitivos.

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Paula Rivero

Pertenezco a la primera promoción de Periodismo que salía del "horno" de Sevilla (en todos los sentidos), allá por el año 94. La falta de experiencia de una facultad que empezaba me llevó a tener...