Manchas: blindaje frente al sol
El vaivén hormonal propio de las embarazadas afecta directamente a la piel, volviéndola más sensible y a veces también más grasa (muchas mujeres padecen acné por primera vez en esta etapa), y produciendo alteraciones en unas células, los melanocitos, que son las responsables de la pigmentación cutánea. Como consecuencia de estas alteraciones, la sustancia que estas fabrican, la melanina, se distribuye por la piel de forma irregular y en vez de favorecer un bronceado uniforme, aparece el cloasma, unas manchas color café con leche, sobre todo en la cara (frente, mejillas, labio superior). La buena noticia es que la mayoría de estas manchas desaparecen tras el parto, pero no por ello hay que bajar la guardia. Para prevenirlas solo hay una fórmula: la protección solar. “Es recomendable el uso de un protector solar SPF 50 + de amplio espectro UVA-UVB durante todo el embarazo. Hay que insistir en su aplicación diaria, incluso en días nublados, como último paso en la rutina de cuidado diario”, dice Gema Herrerías.
Hay un tipo de mancha cutánea con unas características peculiares: la llamada línea alba: “Suele aparecer alrededor del cuarto mes de embarazo en forma de mancha vertical que va desde el pubis al ombligo. No se puede evitar su aparición, pero es conveniente utilizar crema protectora en esa zona y continuar aplicándose protección total hasta que desaparezca del todo”, señala Myriam Yébenes.
En este sentido, Gema Herrerías recuerda la importancia de proteger la piel de la barriga frente a la acción del sol durante el embarazo: “Lo ideal es el uso del bañador de cuerpo entero, pero en caso de usar bikini se debe aplicar protector solar SPF 50+ al igual que se protege cualquier parte del cuerpo”.
Pecho: una zona con necesidad de “refuerzo”
Los cambios en el pecho suelen ser la primera pista de embarazo, ya que es una de las zonas corporales que antes empieza a experimentar los cambios propios de la gestación. Desde las primeras semanas la hormona progesterona estimula el desarrollo de las glándulas productora de leche y este crecimiento del tejido glandular hace que los senos aumenten de tamaño, lo que incrementa la posibilidad de aparición de estrías y la pérdida de tono. “Es importante reforzar la piel de esta zona para prevenir la pérdida de firmeza tras la lactancia. Para ello, se deben aplicar cremas compatibles con la gestación y la lactancia que posean entre sus principios activos centella asiática, castaño de Indias, equisetum arvense, colágeno, elastina, aceites vegetales como caléndula, gérmen de trigo… Y tan importante como la aplicación de cremas hidratantes y reafirmantes para evitar la formación de estrías es la elección de un buen sujetador”, dice la farmacéutica.
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