La hipertensión es una enfermedad silenciosa y, precisamente por eso, mantener una buena adherencia al tratamiento continúa siendo uno de los grandes retos, especialmente entre las personas mayores. Sobre las causas que llevan a abandonar o modificar la medicación, la importancia del seguimiento y el papel que puede desempeñar la farmacia comunitaria hablamos con Irene González (@boticonsejo), farmacéutica comunitaria, divulgadora sanitaria y colaboradora de Normon. González es además miembro de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC), donde colabora con el grupo de trabajo de hipertensión.
- Casi la mitad de los mayores de 65 años con hipertensión no sigue correctamente su medicación. ¿Por qué sigue siendo tan difícil conseguir una buena adherencia?
La adherencia es uno de los grandes retos que tenemos en las enfermedades crónicas porque no depende únicamente de que el paciente conozca que tiene que tomar una medicación. Hay muchos factores que pueden hacer que mantener un tratamiento en el tiempo resulte complicado y que, entre las personas mayores, además, se pueden agravar al entrar en juego cuestiones muy prácticas: tener varios medicamentos diferentes, distintos horarios de administración, cambios en las pautas, olvidos o incluso no tener completamente claro para qué sirve cada uno de los tratamientos.
Y, en el caso concreto de la hipertensión, tenemos una dificultad añadida: muchas veces el paciente se encuentra perfectamente. No tiene dolor, no nota mareos ni ningún síntoma que le recuerde que tiene que tomar su medicación. Por eso puede resultar más difícil mantener esa rutina que cuando estamos tratando un problema que sí nos produce molestias.
Por eso es importante cambiar la manera de abordar la adherencia. No deberíamos tener únicamente en cuenta si el paciente se está tomando la medicación o no, sino qué está dificultando que esa persona siga correctamente su tratamiento. Es fundamental escuchar al paciente que expresa que se ha olvidado de alguna toma, que no sabe muy bien para qué sirve un medicamento o que ha dejado de tomarlo porque se encontraba bien; esa información es muy valiosa. Nos permite identificar el problema y buscar una solución adaptada a su situación, siempre en coordinación con el profesional sanitario que le prescribe el tratamiento y se encarga de su seguimiento.
- ¿Por qué el hecho de que la hipertensión normalmente no produzca síntomas puede favorecer el abandono o el incumplimiento del tratamiento?
Porque es muy difícil mantener la percepción de riesgo cuando no sentimos que existe un problema. Si tengo dolor de cabeza y tomo un medicamento que me lo calma, puedo percibir su efecto. En cambio, con la hipertensión puedo tomar mi tratamiento todos los días y sentirme exactamente igual que antes.
Y precisamente eso es una de las particularidades de la hipertensión. Que no tengamos síntomas no significa que la presión arterial esté controlada ni que podamos dejar el tratamiento por nuestra cuenta. La única manera de saber cómo están nuestras cifras es realizar una medición adecuada y hacer el seguimiento correspondiente. Precisamente por eso, una persona puede tener hipertensión sin ser consciente de ello. Es decir, que en cualquier persona con o sin síntomas, para saber cómo está su presión arterial es necesario medirla y realizar un seguimiento adecuado[1].
Por eso es importante explicar al paciente cuál es el objetivo del tratamiento. El medicamento no está ahí necesariamente para que “nos encontremos mejor” en el día a día, sino para ayudar a controlar la presión arterial y con ello reducir el riesgo cardiovascular a largo plazo. Cuando una persona entiende esto, es más fácil que comprenda por qué debe mantener el tratamiento incluso cuando se encuentra bien. No se trata de tomar una pastilla porque tengamos síntomas, sino de mantener bajo control una enfermedad que puede ser silenciosa.
- ¿Qué consecuencias puede tener tomar la medicación de forma irregular o dejarla cuando el paciente considera que “se encuentra bien”?
Cuando una persona modifica el tratamiento por su cuenta, no sabemos exactamente cómo va a impactar sobre sus cifras de presión arterial. Puede pensar que está haciendo algo razonable porque se encuentra bien o porque ha conseguido unas buenas cifras, pero eso no significa que pueda reducir o suspender la medicación sin consultar.
El principal problema es que podemos perder el control de la presión arterial sin darnos cuenta,. Por eso es importante no interpretar una buena cifra puntual como una señal para abandonar el tratamiento. Si no se trata correctamente, la hipertensión puede causar otras enfermedades como insuficiencia renal, cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. según la OMS[2].
Aunque obtengamos una buena cifra de presión arterial, no deberíamos interpretar que ya no necesitamos tomar la medicación. Puede ser precisamente una señal de que el tratamiento y los hábitos están funcionando. Por eso, si una persona piensa que la medicación ya no es necesaria, que le está produciendo algún problema o que quizá necesita una dosis diferente, lo adecuado es comentarlo el profesional sanitario. El objetivo no es culpabilizar al paciente, sino detectar qué está ocurriendo y tomar decisiones de forma segura.
- En las personas mayores, ¿cuáles son las principales causas de una mala adherencia: olvidos, polimedicación, efectos adversos o dificultad para seguir las pautas?
Probablemente no existe una única causa. En una persona mayor pueden coincidir varios factores y, además, cada paciente es diferente. Los olvidos son una situación muy habitual y pueden parecer un problema sencillo, pero cuando una persona tiene que tomar varios medicamentos a diferentes horas del día, mantener todas las tomas puede convertirse en un reto. La polimedicación también puede aumentar la complejidad de la rutina, especialmente cuando existen tratamientos prescritos por diferentes profesionales.
Los efectos adversos son otro aspecto que debemos escuchar. Si una persona nota que un medicamento le produce alguna molestia y no sabe si es normal o qué debe hacer, puede terminar modificando la pauta por iniciativa propia. También puede ocurrir que el paciente no entienda exactamente para qué sirve cada medicamento o que tenga dudas sobre cómo tomarlo.
Por estos motivos, el papel de los profesionales sanitarios es fundamental para las personas mayores. Muchas veces damos por hecho que el paciente sabe perfectamente cómo tiene que tomar su medicación, pero no siempre es así. Preguntar, comprobar que lo ha entendido y detectar las dificultades reales puede marcar una diferencia importante. Y, por supuesto, la solución que ofrezcamos debe ser personalizada y ajustarse a las necesidades concretas de cada paciente.
- ¿Es habitual que los pacientes modifiquen las dosis o interrumpan el tratamiento por su cuenta cuando consiguen buenas cifras de presión arterial?
Es una situación que puede ocurrir, especialmente cuando el paciente interpreta que una buena cifra significa que la hipertensión ya está solucionada. Pero aquí hay un mensaje muy importante: no debemos modificar ni suspender un tratamiento antihipertensivo por nuestra cuenta. La decisión de modificar una dosis, retirar un medicamento o cambiar una pauta debe realizarla únicamente el profesional sanitario que hace el seguimiento del paciente.
Además, también puede suceder lo contrario: que una persona tenga una cifra aislada más elevada y decida tomar más medicación de la indicada. Tampoco es recomendable hacerlo sin consultar. Una medición aislada no siempre representa por sí sola la situación global del paciente. Por eso es tan importante que exista un seguimiento. Las cifras de presión arterial deben interpretarse dentro del contexto de cada persona, teniendo en cuenta su edad, factores de riesgo como eltabaquismo, el colesterol elevado, el sedentarismo o los antecedentes familiares de hipertensión, además de las comorbilidades, los tratamientos que está siguiendo o la periodicidad con la que aparecen estas cifras.
Por eso, ante cualquier duda sobre la medicación o los resultados de las últimas pruebas a las que se haya sometido, la recomendación es que consulte al profesional sanitario antes de hacer cualquier cambio por su cuenta.
- Si la hipertensión puede ser silenciosa, ¿cómo puede saber un paciente que no la tiene bien controlada?
La primera cuestión es entender que no podemos guiarnos únicamente por cómo nos encontramos. Una persona puede sentirse perfectamente y tener unas cifras de presión arterial que requieran revisión. Por eso, la medición de la presión arterial es fundamental. En determinados pacientes incluso puede ser útil realizar mediciones en casa siguiendo las indicaciones del profesional sanitario, utilizando un dispositivo adecuado y una técnica correcta.
Desde la farmacia comunitaria también podemos ayudar a que el paciente aprenda a realizar correctamente una medición y a interpretar cuándo debe consultar. No se trata de que una persona esté midiéndose constantemente, sino de utilizar la medición como una herramienta de seguimiento cuando está indicada.
Y hay otra parte igual de importante: acudir a las revisiones médicas. A veces pensamos que, si en casa tenemos una cifra que nos parece buena, ya está todo solucionado. Pero el control de la hipertensión debe valorarse de manera global. Por eso insistiría en una idea: sentirse bien es una buena noticia, pero no la única medida para valorar la presión arterial. Para saber si está controlada necesitamos medirla y hacer el seguimiento correspondiente.
- ¿Qué papel desempeña la farmacia comunitaria en la detección de problemas de adherencia y en el seguimiento del paciente hipertenso?
La farmacia comunitaria tiene una posición muy cercana al paciente y eso nos permite detectar situaciones que quizá no siempre salen a la luz durante una consulta puntual. Cuando una persona viene periódicamente a recoger su medicación, podemos preguntarle cómo la está tomando, si tiene dificultades, si ha tenido algún problema o si existen dudas sobre su tratamiento.
Además, la farmacia puede ser un lugar adecuado para reforzar la educación sanitaria: explicar cómo tomar correctamente un medicamento, recordar la importancia de mantener la pauta prescrita, ayudar con la medición de la presión arterial cuando corresponda y detectar situaciones que puedan requerir una valoración médica.
Como farmacéutica comunitaria y miembro de SEFAC, donde además colaboro con el grupo de trabajo de hipertensión[3], considero especialmente importante este papel de acompañamiento a los pacientes con enfermedades crónicas. En este ámbito, se han desarrollado iniciativas para reforzar el papel del farmacéutico en la adherencia.
Creo que este tipo de iniciativas pone de manifiesto algo que considero fundamental: la adherencia no se consigue con una única conversación. Es un proceso que se construye con el tiempo, y ahí la farmacia comunitaria puede aportar cercanía, educación sanitaria y seguimiento.
- ¿Qué estrategias sencillas pueden ayudar a las personas mayores a incorporar la medicación a su rutina diaria y evitar olvidos?
Lo primero es intentar que la medicación se incorpore a las rutinas que ya tenga la persona. Por ejemplo, asociar una toma a una actividad que se realiza todos los días a la misma hora, siempre respetando las instrucciones específicas de cada medicamento. También pueden ser útiles otras herramientas sencillas: alarmas en el teléfono, calendarios, pastilleros cuando sean adecuados para el tratamiento o listas donde la persona pueda comprobar qué medicación tiene que tomar y cuándo.
En pacientes mayores, además, creo que puede ser muy útil implicar al entorno familiar o a la persona cuidadora cuando el paciente lo necesite y siempre respetando su autonomía. A veces un simple recordatorio puede evitar un olvido. Aquí, una estrategia importante puede ser simplificar la información. Cuando una persona toma varios medicamentos, no basta con decirle los nombres. Es importante que sepa para qué sirve cada uno, cuándo debe tomarlo y qué debe hacer si tiene alguna duda.
Y aquí vuelvo a algo que intento aplicar también en mi trabajo como farmacéutica y en la divulgación sanitaria: cuanto más clara y sencilla sea la información, más fácil es convertirla en una rutina, a todas las edades. En mi experiencia, muchas veces el problema no es falta de interés del paciente, sino que la información puede resultar demasiado compleja.
- Además de la medicación, ¿qué hábitos de vida tienen mayor impacto en el control de la hipertensión y en la prevención cardiovascular?
La medicación es una parte del tratamiento cuando está indicada, pero no podemos olvidar que los hábitos de vida también tienen un papel importante. De hecho, son muy importantes para el control de hipertensión en cualquier etapa de la misma. Entre las medidas que pueden ayudar están mantener una alimentación saludable y moderar especialmente el consumo de sal, realizar actividad física de forma regular adaptada a las posibilidades de cada persona, no fumar y moderar el consumo de alcohol[4],6.
En las personas mayores creo que es especialmente importante que estos consejos sean realistas. No podemos plantear un cambio radical de un día para otro ni dar una lista interminable de prohibiciones. Es mucho más útil buscar pequeños cambios que la persona pueda mantener en el tiempo. Por ejemplo, revisar cuánta sal utilizamos al cocinar e intentar reducirla, caminar de manera habitual si nuestro estado físico lo permite, mantener horarios regulares o dejar de fumar son acciones que pueden integrarse progresivamente en la rutina. Y siempre hay que individualizar.
- ¿Qué mensaje trasladaría a las personas con hipertensión que se encuentran bien y, por ello, pueden restar importancia al tratamiento?
Les diría que precisamente el hecho de encontrarse bien no significa que debamos olvidarnos de la hipertensión. Una de las dificultades de esta enfermedad es que puede acompañarnos durante años sin producir síntomas. Por eso, el objetivo del tratamiento no es necesariamente que notemos una mejoría inmediata, sino mantener la presión arterial controlada y reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares a largo plazo. La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular y su control sostenido es una parte importante de la prevención7.
También les diría que no tienen que vivir el tratamiento como una carga ni sentirse culpables si en algún momento tienen dificultades para seguirlo. Si nos olvidamos de una toma, si no entendemos una pauta, si tenemos un efecto adverso o si pensamos que el tratamiento ya no es necesario, lo importante es hablarlo.
La adherencia no debería plantearse desde la culpabilidad, sino desde el acompañamiento. Como profesionales sanitarios, tenemos que ayudar al paciente a encontrar una manera de incorporar el tratamiento a su vida que sea comprensible y sostenible. Y, sobre todo, recordaría algo muy sencillo: que nos encontremos bien es una buena noticia, pero no significa que podamos dejar de cuidar aquello que está funcionando para mantenernos así.
El control de la hipertensión es un trabajo a largo plazo en el que participan el paciente y los distintos profesionales sanitarios. Medir la presión arterial, acudir a las revisiones, mantener los hábitos saludables y seguir correctamente el tratamiento cuando está indicado son pequeñas acciones que, mantenidas en el tiempo, forman parte de ese cuidado.
