Dolor de cuello después de horas mirando el móvil, molestias musculares tras una jornada de teletrabajo o dolor de cabeza después de pasar todo el día frente a una pantalla. Muchos de estos problemas forman parte de nuestra rutina hasta el punto de que podemos llegar a normalizarlos.
Sin embargo, algunos hábitos cotidianos pueden influir directamente en nuestro bienestar físico. El uso excesivo del teléfono móvil, por ejemplo, se ha asociado con una probabilidad 2,34 veces mayor de presentar dolor cervical, mientras que determinadas condiciones ergonómicas en el teletrabajo pueden favorecer la aparición de molestias musculoesqueléticas.
El “cuello de texto”: cuando mirar el móvil pasa factura
Pasar demasiado tiempo con la cabeza inclinada sobre el teléfono puede favorecer las molestias cervicales. Es lo que popularmente se conoce como “cuello de texto”.
El problema no está únicamente en utilizar el móvil, sino en acumular largos periodos en la misma posición. Algo parecido ocurre durante la jornada laboral cuando encadenamos reuniones, trabajamos durante horas frente al ordenador o improvisamos nuestro puesto en el sofá o la mesa de la cocina.
Paula Barbero, farmacéutica y responsable de Formación Científica de Normon, explica que “trabajar durante periodos prolongados sin realizar pausas, o hacerlo en espacios como el sofá o la mesa de la cocina, que no siempre ofrecen unas condiciones ergonómicas adecuadas, puede relacionarse con la aparición de molestias. Por su parte, la exposición prolongada a pantallas digitales se asocia con una mayor probabilidad de presentar cefalea e incluso migraña”.
Pequeños cambios que pueden ayudar
No siempre hacen falta grandes transformaciones. Hacer pausas periódicas, cambiar de postura, ajustar la altura de la pantalla, cuidar la iluminación y adaptar correctamente el espacio de trabajo son medidas sencillas que pueden reducir la sobrecarga.
Y, sobre todo, conviene evitar normalizar un dolor que persiste o empieza a interferir en las actividades cotidianas.
¿Paracetamol o ibuprofeno?
Ante un dolor leve o puntual, la farmacia puede ayudar a valorar qué medidas pueden ser adecuadas y cuándo es necesario consultar.
“A veces nos acostumbramos a convivir con pequeñas molestias, como el dolor de cuello, las molestias musculares o el dolor de cabeza, pero es importante prestarles atención. Si tenemos un dolor leve, moderado o puntual, desde la farmacia podemos orientar sobre cómo aliviarlo y valorar qué medicamentos pueden ser adecuados en cada caso, siempre favoreciendo su uso responsable. Por ejemplo, el paracetamol ayuda a aliviar el dolor y el ibuprofeno, además, tiene acción antiinflamatoria, pero no todos los medicamentos son para todo el mundo: depende del tipo de dolor y de las circunstancias de cada persona”, señala Barbero.
Por eso, antes de automedicarse conviene tener en cuenta antecedentes, otros tratamientos y posibles contraindicaciones. Si el dolor empeora, se repite con frecuencia o persiste, debe valorarlo un médico.
Hacer más ejercicio no siempre es mejor
Las redes sociales han popularizado retos deportivos, rutinas de entrenamiento y objetivos diarios que pueden ayudar a motivarnos, pero también transmitir la sensación de que siempre hay que entrenar más.
Retomar de golpe la actividad después de un periodo sedentario o aumentar demasiado rápido la intensidad, la duración o la frecuencia puede favorecer sobrecargas y lesiones.
“En cualquier disciplina deportiva es importante adaptar la intensidad del entrenamiento a la condición física y a la experiencia de cada persona. El objetivo es disfrutar de la actividad y progresar de forma gradual, sin perder de vista la recuperación y las señales del cuerpo”, explica Paula Barbero.
La prevención también cuenta: según los datos recogidos en la nota, los programas de prevención supervisados pueden reducir la incidencia de lesiones deportivas en un 33%.
La clave: progresar, no competir con nosotros mismos
Cuando se trata de actividad física, constancia no significa exigencia permanente.
“Hacer más ejercicio no siempre significa cuidarse mejor. Retomar o aumentar la actividad de forma gradual, evitando incrementos bruscos de la intensidad, la duración o la frecuencia del entrenamiento, ayuda a reducir el riesgo de lesión. La clave está en adaptar progresivamente la carga a cada persona y mantener una práctica sostenible en el tiempo”, concluye la farmacéutica.
En definitiva, móvil, pantallas, teletrabajo y ejercicio forman parte de nuestra vida cotidiana. El objetivo no es eliminarlos, sino aprender a utilizarlos de una manera más saludable y prestar atención a las señales del cuerpo antes de que una pequeña molestia se convierta en un problema persistente.
