Los nuevos tiempos traerán consigo cambios en el mapa de las enfermedades bucodentales: un informe elaborado por expertos en odontología revela que en los próximos años asistiremos a un aumento de las patologías temporomandibulares asociadas al estrés y la ansiedad, así como de las enfermedades periodontales. Por el contrario, el cáncer oral, las caries y demás patologías tenderán a estabilizarse.
Según hemos conocido recientemente, el panorama español está cambiando y con él la profesión odontológica. Así lo demuestra un informe presentado por el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España con motivo del Día Mundial de la Salud Bucodental, y en el que la profesión se mira a sí misma y analiza su evolución previsible para los próximos 10 años. Este informe, titulado La Salud Bucodental en España 2020, ha sido realizado por un total de 24 expertos de Sociedades Científicas, Universidades, Colegios Profesionales, Administraciones Públicas y consultores externos, bajo la coordinación de los doctores Juan Carlos Llodra de la Universidad de Granada y Denis Bourgeois de la Universidad francesa de Lyon.
Este informe revela que el sector no sólo está cambiando en lo que a estructura organizativa se refiere, ya que el exceso de dentistas transformará el mercado laboral y la forma de ejercer la profesión, sino que además, confirma cambios en el mapa de las patologías venideras: aumentarán las patologías de la articulación temporomandibular asociadas al estrés y la ansiedad, así como las enfermedades periodontales. Por el contrario, los casos de cáncer oral se estabilizarán gracias a la tendencia en la reducción del consumo de tabaco y a la incorporación de nuevas pruebas de diagnóstico más sensibles y específicas. En cuanto a las caries, éstas no aumentarán, mientras que el resto de patologías tenderán a estabilizarse.
En cuanto a los tratamientos y servicios, dicho informe revela que los tratamientos odontológicos más demandados serán los estéticos, los implantes, la ortodoncia y los
relacionados con la prevención. En cuanto a la demanda, la canalizarán fundamentalmente los jóvenes de entre 0 a 12 años y los mayores de 65 años. Y una novedad en cuanto a la cobertura en el Sistema de Salud Pública: los tratamientos para las caries dirigidos a los jóvenes de entre 7 y 18 años, y a los discapacitados, serán asumidos por el Sistema de Sanidad Pública.
¿Más baratos en el futuro?
Los cambios en la estructura organizativa hacen pensar, además, en servicios más económicos en el futuro, aunque de peor calidad, ya que según las previsiones, el número de dentistas en España aumentará alrededor del 50% en los próximos 10 años, mientras que los datos de los últimos 20 años nos hablan de un incremento del 90% en el número de facultades y del 155% en el número de alumnos. Este incremento sin control del número de dentistas empeorará, según los expertos que han participado en el estudio, el ejercicio de la Odontología y provocará cambios significativos en la forma de entender el ejercicio profesional, que pasará de realizarse por cuenta propia e individualmente a trabajar agrupados con otros profesionales en policlínicas, aseguradoras o franquicias, lo cual apunta previsiblemente a que los servicios serán más competitivos y económicos.
Visita al dentista: el impacto de la crisis
Por otra parte, el informe del Eurobarómetro sobre la salud dental de la Unión Europea (UE) afirma que sólo el 43% de los españoles acudió al dentista en 2009, posicionándose España sólo por delante de Letonia, Hungría y Rumania. Y es que, a pesar de la importancia que tiene la visita anual al dentista, la crisis económica ha reducido las visitas en un 5% respecto a las efectuadas en el año 2009. Además, la demanda de prótesis dentales descendió un 15%, según las cifras recogidas en una encuesta impulsada por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) entre más de 800 dentistas y 600 protésicos. Este descenso es más acentuado en las prótesis de coste superior como las de cerámicas e implantes.
Así, se estima que cerca de 17,5 millones de españoles acudieron al dentista al menos una vez en 2009, 800.000 personas menos que el año anterior, una cifra «muy negativa para la salud bucodental de los españoles», en opinión del presidente del sector dental de Fenin, Federico Schmidt. «Aunque estas cifras se refieren sólo a las clínicas privadas, representan la realidad de nuestra salud bucal, ya que el número de personas que acude al dentista de la salud pública es bastante marginal», apunta Schmidt.
Al igual que en el resto de países de la UE, las revisiones preventivas y las limpiezas de boca son las causas principales que han llevado a los españoles a ir al dentista, ya que casi la mitad de la población (46%) fue por estos motivos. Los tratamientos convencionales como los empastes, endodoncias, prótesis o implantes (32%) y las urgencias (22%) ocupan el segundo y tercer lugar, de forma respectiva.
Por si esto fuera poco, se espera que se produzca un descenso en el número de visitas por dentista, al igual que ocurrió entre 1987 y 1997, período en el que descendieron las visitas en más del 40%. Ésta es la radiografía del futuro inmediato de la profesión hecha por el Consejo General de Dentistas de España, y que sitúa a España en uno de los países donde se va menos al dentista: sólo el 43% frente al 87% de Holanda y por debajo de la media de la UE, cifrada en un 58%.
Higiene: lo que no cambia nunca
Presumir de una boca sana tiene su tarea detrás. Una tarea que sin embargo conviene abrazar con esmero, ya que descuidarla nos puede salir muy caro con el paso de los años. Pero qué significa tener una boca sana? La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el término “salud bucodental” como la ausencia de dolor oral crónico, cáncer de boca o garganta, llagas bucales, defectos congénitos como labio leporino o paladar hendido, enfermedades periodontales, caries dental y pérdida de dientes, y otras enfermedades y trastornos que afecten a la boca y la cavidad bucal.
Si bien es verdad que la raíz de casi todos estos problemas bucodentales, salvo los que implican defectos de nacimiento, suele encontrarse en el descuido de unas normas de higiene elementales, muchos también se deben a otros factores, entre los que destacan una dieta inadecuada, el tabaquismo y/o el consumo abusivo de alcohol. Por lo tanto, el abandono del tabaquismo, unas prácticas dietéticas adecuadas, y la limpieza correcta y frecuente de dientes, lengua, encías y el resto de la cavidad oral pueden mejorar la salud de nuestra boca, y reducir el impacto de patologías.
La boca: puerta de entrada a muchas infecciones
La boca es la puerta de entrada de nuestro organismo a virus y bacterias, microorganismos que a través del sistema circulatorio pueden acceder a cualquier área del organismo. En ella las bacterias encuentran las condiciones de temperatura, humedad y nutrientes ideales para su desarrollo y la consecuente aparición de patologías. Además, los procesos bucales aumentan el riesgo de problemas digestivos, cardiovasculares, musculares, partos prematuros, diabetes, colesterol, lesiones deportivas, etc., mientras que problemas de salud general como diabetes, enfermedades infecciosas, problemas digestivos, respiratorios, desordenes emocionales, así como el uso de muchos medicamentos aumentan el riesgo de problemas bucales. Éstas son las patologías más frecuentes entre la población y las que más visitas al dentista provocan:
1. Caries: que no vaya a más
Del latín “degradación”, una caries es la destrucción progresiva del diente, iniciada por la actividad microbiana en su superficie, que va desmineralizando el diente desde el exterior hacia el interior. Se trata por lo tanto de una enfermedad infecciosa que comienza con la destrucción del esmalte, y en cuya progresión va destruyendo otras capas del diente
. En esta fase puede notarse cierta sensibilidad a algunos alimentos, sobre todo dulces, y a las bebidas frías o calientes, pero generalmente no suele existir dolor. Si no se trata, la caries continua evolucionando y acaba por afectar al nervio, generando dolor y pudiendo incluso producir un absceso y otras enfermedades.
Según la doctora Carolina Benalal, cirujano dentista y directora general de la Clínica Benalal “la primera visita al dentista debe hacerse a partir de los 3 años de edad, ya que es la única manera de conseguir que el niño, poco a poco, vaya familiarizándose con la clínica y con el especialista”. Aunque es poco probable que aparezcan caries antes de los tres años, “en los niños con una disposición genética y pocos cuidados por parte de los padres pueden comenzar a desarrollarse a partir de los 4 ó 5 años”, añade. Cuando éstas dan la cara hay que tratarlas, aún cuando el niño tiene todavía los dientes de leche. “Muchas personas piensan erróneamente que hasta que no salen los dientes definitivos no se deben tratar las caries. Al contrario, hay que hacerlo de la misma manera”, afirma la doctora Benalal, quien asegura que el tratamiento con láser es “la mejor opción terapéutica porque no provoca dolor y evita la anestesia”.
Hay cuatro factores que influyen en la aparición de las caries:
• Tener los dientes susceptibles: algunos de nosotros tenemos los dientes más frágiles que otros.
• La acumulación de la placa dental bacteriana: es una película clara, delgada y pegajosa compuesta de. La placa se acumula en los dientes y está asociada tanto con las caries dentales como con las enfermedades de las encías.
• Una alimentación rica en ácidos ( zumos, colas, ketchup,…) e hidratos de carbono fermentados (dulces), que favorecen la desmineralización. Afortunadamente, según la doctora Benalal, en los últimos años se viene observando un descenso importante en el número de caries, lo cual tiene que ver con “la adquisición de hábitos de higiene dental desde la infancia. Además, los cambios en las costumbres nutricionales hace que los padres hayan reducido significativamente la cantidad de dulces y golosinas que le dan a sus niños”. Sin embargo, según ha manifestado Elías Casals, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología y Salud Pública Oral (SESPO) durante el XVII Congreso de la Sociedad Española de Epidemiología y Salud Pública Oral, algunos repuntes observados en los escolares se deben principalmente a la entrada de población inmigrante, con unos hábitos dietéticos de consumo de azúcares más altos.
• El tiempo de exposición: estos factores juntos crean un medio ambiente para que la bacteria se multiplique.
2. Enfermedad periodontal: más a medida que envejecemos
La enfermedad periodontal es una infección bacteriana de las estructuras que rodean el diente: encías, ligamento y hueso alveolar. En las primeras etapas de la enfermedad (gingivitis), se produce inflamación y sangrado de las encías, que generalmente obedecen a la falta de una correcta higiene bucal. “Por ello, explica el odontólogo Ignacio Corral, debemos entender que “la encía sana no sangra” y cuando lo haga debemos acudir rápidamente a un profesional”. Se trata de una enfermedad indolora y de progresión lenta, que puede alcanzar fácilmente un grado avanzado (periodontitis o piorrea). Se trata de una enfermedad que afecta mayoritariamente a las mujeres, ya que, según el último estudio realizado por Colgate y la Fundación Dental Española (FDE) para fomentar los hábitos de higiene bucodental, el 56% de ellas padece algún tipo de enfermedad periodontal (13 millones de mujeres en España). Una gingivitis no tratada puede desencadenar una periodontitis, patología ya irreversible, que incluye inflamación e infección del ligamento periodontal y destrucción del hueso que sirve de soporte a los dientes. Respecto al resto de grupos poblacionales, las cifras dan cuenta del aumento de la enfermedad a medida que vamos envejeciendo, afectando al 47% de los jóvenes y al 70% de las personas mayores. Además, según el doctor Gustavo Camañas, Odontólogo de Vitaldent, el descenso de la producción de hormonas durante la menopausia conlleva una serie de modificaciones en las encías, la mucosa bucal y el hueso que sustenta los dientes. Estos cambios pueden hacer perder color a los dientes, alterar su forma e incluso provocar la pérdida de piezas. Además, es más frecuente la aparición de otros síntomas orales como la sensación de ardor o sequedad en la boca.
3. Enfermedades de la articulación temporomandibular: asociadas al estrés y la ansiedad.
Son aquellas enfermedades que afectan al sistema masticatorio y todo lo que está relacionado con éste. Están provocadas por una alteración de los elementos que componen dicho sistema (dientes, encías, mandíbula, maxilar, articulación temporomandibular…). Cuando uno de esos elementos no funciona correctamente, rompe el equilibrio y obliga a los otros a adaptarse al cambio. La mayoría de las veces la disfunción articular se produce por un problema en la oclusión dental (la forma en la que los dientes encajan), por malos hábitos de masticación, defectos de nacimiento y traumatismos. A veces, también interviene un componente psicológico de estrés y ansiedad. Estos trastornos son más frecuentes en mujeres de 20 a 50 años de edad. A menudo, la causa del trastorno de la articulación temporomandibular es una combinación de tensión muscular y problemas anatómicos dentro de las articulaciones. Su síntomas son dificultad y dolor al abrir totalmente la boca y ruidos en forma de chasquido al abrir y cerrar la boca. En la mayoría de los casos, la sobrecarga de los músculos provoca dolor y contractura muscular alrededor del maxilar, habitualmente como resultado de una tensión psicológica, que lleva a apretar o rechinar los dientes (bruxismo).
4. Cáncer oral:
Qué es: según el Consejo General de Colegios Oficiales de Dentistas, el cáncer oral es la proliferación de células que crecen de forma autónoma y desordenada y que proceden de la mucosa que tapiza la boca y los labios. Se presenta fundamentalmente en los bordes laterales de la lengua y en el suelo de la boca, aunque puede presentarse en toda la cavidad bucal. Aparece habitualmente en forma de úlcera en el fondo sucio y bordes abultados y normalmente se presenta en los laterales de la lengua. En otros casos, puede tener forma de bulto, de pequeña herida, o una placa roja o blanca, siempre que no sean atribuibles a heridas previas y que no se curan ni mejoran en el plazo de tres semanas.
Prevalencia: el cáncer oral es más frecuente en hombres que en mujeres, aunque la diferencia tiende a disminuir. Cada año aparecen en España entre 6 y 12 casos nuevos en varones por cada 100.000 habitantes, frente a los dos casos entre las mujeres.
Prevención: los expertos nos recuerdan que existen lesiones no malignas antes de que aparezca el cáncer, que se pueden diagnosticar, tratar y curar. De hecho sus síntomas son fácilmente reconocibles por el dentista. Igualmente, la autoexploración también permite detectar síntomas precoces del cáncer oral: si se detectan lesiones llamadas precancerígenas (placas blancas y/o rojas, úlceras, heridas o bultos que no desaparecen después de 3 semanas) hay que acudir al dentista para que realice una revisión. Los expertos recomiendan una autoexploración de manera rutinaria una vez al mes cuando se pasan los 40 años de edad y hay factores de riesgo como ser consumido de alcohol o fumador. Basta una buena fuente de luz, un espejo y el mango de una cuchara o tenedor. Eso sí, una autoexploración no debe sustituir las visitas periódi
cas al dentista, que deben realizase cuando se detectan estas lesiones y de forma rutinaria al menos una vez al año. No hay que olvidar que un diagnóstico precoz es sinónimo, la mayoría de las veces, de curación. Sin embargo, cuando el cáncer está avanzado el tratamiento es complicado y la esperanza de vida se reduce a cinco años.
Recomendaciones: para protegernos frente a este cáncer los expertos recomiendan consumir frutas y verduras (5 piezas al día), así como pescado y aceite de oliva, lo que puede contribuir a reducir entre un 30% y un 40% el riesgo de desarrollar cáncer. Igualmente importante es mantener una buena higiene oral y curar las lesiones que puedan aparecer antes del cáncer. Además, los factores que propician este cáncer y que debemos evitar son: el consumo de tabaco y de alcohol (la probabilidad de padecer un cáncer oral es 20 veces mayor si se fuma o se bebe habitualmente), la infección por ciertos tipos de VPH (Virus del Papiloma Humano) y la existencia de algún elemento de roce continuado en la cavidad bucal. Igualmente, una exposición excesiva al sol propicia el cáncer de labios.
Los cuidados
- Cepillos y esmalte: elige bien la dureza
A cada tipo de boca le corresponde un tipo de cepillo. En lo que se refiere a dureza, los «suaves» son los menos agresivos con las encías y el esmalte de los dientes, a cambio de una vida útil menor. Los «duros» ofrecen una mayor capacidad erosionadora, por lo que eliminan mejor la suciedad y duran más, pero someten al esmalte de los dientes a un desgaste mayor. El número y la calidad de las fibras constituye otro de los criterios fundamentales para conocer la eficacia de los cepillos dentales. Cuantos más filamentos incorpore el cabezal, mayor será la superficie limpiadora y más efectivo resultará el cepillado. La longitud de las fibras influye en el desgaste del cepillo y en su eficacia de limpiado. Si el cepillo ofrece mechones a diferentes alturas, se adapta mejor a la forma del diente, y llega mejor a zonas curvas y espacios interdentales. Asimismo, durante la fabricación de los cepillos las cerdas deben ser redondeadas y pulidas para que no queden aristas vivas en los extremos que podrían provocar heridas.
- El dentífrico ideal
1. Suele contener agentes abrasivos (sílice, carbonato de calcio, fosfatos de acción antisarro) presentes en las pastas blanqueadoras, que ayudan a deshacer las manchas y placas. Son los que hacen que el cepillado pula los dientes. Se suelen emplear cantidades pequeñas para evitar el desgaste del esmalte, por eso se recomienda utilizar estos dentífricos alternando su uso con otros convencionales.
2. El pH de la saliva en una boca sana se sitúa alrededor del 7, por lo que un dentífrico será mejor si se encuentra entre 6,9 y el 8.
3. El flúor previene la caries dental, aumenta la resistencia del esmalte al ataque bacteriano e impide que el ácido orgánico (ácido láctico) disuelva el esmalte. Un estudio realizado por investigadores del Cochrane Oral Health Group, con sede en la Facultad de Odontología de la Universidad de Manchester (Reino Unido), ha demostrado que los productos con más de 1.000 partes de flúor por millón reducen el riesgo de caries en un 24%, por lo que recomiendan el uso de dentífricos fluorados sólo en niños mayores de seis años, cuando los dientes ya están formados por completo. Por tanto, es muy positivo que los dentífricos lo incluyan en su formulación. La concentración máxima que autoriza la legislación Europea es del 0,15%. Por tanto, conviene que se acerquen a este parámetro sin superarlo. La actual concentración de fluoruro en estos productos va desde 100 a 1.400 ppm según la marca, apuntan los autores del trabajo. También han advertido que utilizar pasta dental con flúor para cepillar los dientes de un niño de 12 meses puede estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar fluorosis leve (decoloración o aparición de manchas en los dientes), peligro que persiste hasta los seis años, edad en que los dientes terminan por lo general su desarrollo.
4. Con agentes antiplaca: el lauril sulfato de sodio es un tensioactivo aniónico con gran capacidad para desnaturalizar las proteínas y por tanto con una eficaz acción anti-placa.
5. Uno de los aspectos más visibles a la hora de valorar la eficacia de un dentífrico es su capacidad para formar espuma durante el cepillado y la consistencia, que no sea ni demasiado líquida ni demasiado espesa.
- Dentífricos blanqueantes: un capítulo aparte
Aunque el color de los dientes viene determinado fundamentalmente por la genética, no hay duda de que cuidar la boca con esmero mejorará visiblemente el aspecto de nuestra dentadura. El tabaco, el café en exceso, una deficiente higiene bucal y otras circunstancias manchan los dientes y hacen necesaria la utilización de dentríficos blanqueadores para blanquearlos. Sin embargo hay que saber que estos productos no consiguen este efecto por sí solos, mientras que además, las pastas abrasivas utilizadas con este fin y de forma continuada pueden dañar el diente y la encía. En este sentido, el Consejo General de Dentistas de España y el Consejo Europeo de Dentistas nos recuerda que los productos con concentraciones inferiores al 0,1% de H2O2 sí son inocuos para la salud por lo que su libre distribución no presenta riesgos para la salud, si bien su eficacia como blanqueantes no es muy eficaz.
Los dentífricos blanqueantes son eficaces contra las manchas adheridas a la placa, pero poco pueden hacer para cambiar la tonalidad natural del diente. Al igual que no todas las pieles tienen el mismo tono, los dientes de cada persona son de un color distinto, que tiende a oscurecerse con el paso de los años y que varía del amarillo al gris, pasando por el gris perla y el marfil. El origen de esta coloración se encuentra en la propia genética y puede alterarse por haber sufrido casos virulentos de sarampión o tos ferina, haber ingerido medicamentos que oscurecieron la dentadura de buena parte de una generación (como los antibióticos con tetraciclina administrados a niños durante los años setenta) o consumir de manera reiterada café, té, vino tinto o tabaco, que son causantes, entre otras sustancias, de la aceleración del proceso natural de oscurecimiento.
Los dentífricos blanqueantes aclaran los dientes porque eliminan más eficazmente que los dentífricos clásicos los depósitos y las manchas que se encuentran en la superficie de los dientes gracias a agentes abrasivos como el carbonato de calcio, el fosfato de dicalcio, el óxido de aluminio o la sílice hidratada. Es importante saber que estas pastas de dientes sólo son efectivas, en todo caso, contra las manchas adheridas en la superficie del esmalte y a una parte de la dentina, esto es, las provocadas por ese último grupo de sustancias dañinas para los dientes.
Contra los otros tipos de suciedad, la que afecta a las capas internas de la dentina y de la pulpa, estas pastas no tienen ninguna efectividad por lo que se debe recurrir a complicados y agresivos tratamientos sólo aplicables por especialistas. Hay técnicas eficaces para blanquear la dentadura, como el láser, la luz de plasma, la luz halógena o la aplicación de calor, pero es un dentista quien debería prescribirlas. Su resultado es bueno pero no definitivo: el color tiende a revertir con el tiempo y precisan tratamientos de mantenimiento.
- Un cepillado correcto
Los dentistas recomiendan cepillarse los dientes después de cada comida, sin dejar que transcurran más de quince minutos entre el final de la comida y el cepillado. Para hacerlo, conviene seguir estos pasos:
1. Cepillar las piezas en grupos de dos o tres. Hacerlo poco a poco y siguiendo un orden: empezando por las superficies externas, luego internas y por último las masticatorias.
2.
Lávate siempre los dientes suavemente, de arriba abajo, con movimientos verticales. Un cepillado demasiado vigoroso puede dañar el esmalte dental y las encías y puede provocar hipersensibilidad dental.
3. A partir de los doce años se puede utilizar seda dental para mejorar el cuidado y la limpieza bucal.
4. El cepillado más importante es el de la noche: durante el sueño la producción de saliva disminuye y los movimientos linguales se hacen más esporádicos, lo que favorece la aparición de la placa bacteriana
5. Usar dentífricos con flúor. Refuerzan la estructura del esmalte y reducen entre un 20% y un 40% la posibilidad de que se formen caries.
6. Nunca utilices el mismo cepillo más de tres meses.
- Higiene en cuatro pasos
El 81% de los odontólogos opinan que una correcta higiene bucal contribuye positivamente en la prevención de posibles enfermedades. El 93% de los profesionales recomiendan 4 pasos fundamentales en el cuidado higiénico de la boca.
1) Correcto uso del cepillo dental, reemplazándolo cada 3 meses.
2) Empleo de un dentífrico adaptado a cada necesidad.
3) Empleo de colutorios y seda dental.
4) Visita preventiva al dentista.
Aplicación de flúor tópico: ¿cuándo?
El flúor es una sustancia que aplica el odontólogo a las piezas dentarias, para evitar futuras lesiones de caries dental. Ha sido comprobado que hace más resistente al esmalte de los dientes, evitando que sea dañado por la acción de las bacterias y los ácidos que se forman luego de haber comido y no haberse cepillado. Se recomienda aplicar flúor en el consultorio, desde que el niño cumple 1 – 2 años de edad y desde entonces hacerlo cada 4 – 6 meses, dependiendo del riesgo de caries de cada niño.
Se aplica durante 2 – 4 minutos y luego el niño no podrá comer ningún alimento ni tomar agua durante 30 minutos, para que su acción sea más intensa.
La aplicación de Flúor es complementaria a la colocación de sellantes de fosas y fisuras pues mientras el Flúor actúa protegiendo las superficies dentarias lisas, los sellantes se introducen en las hendiduras llamadas Fosas y Fisuras, para evitar que los restos de alimentos y las bacterias penetren en ellas, cariando el esmalte.
No hay que olvidar que la zona en la que viven las familias es determinante a la hora de saber si el agua de la zona está o no fluorada. Si lo está, debe conocerse su grado de fluorización; si no lo está, deben los padres consultar al pediatra y llevar al niño al odontólogo para determinar si, según la edad y estado oral, es necesario el empleo de flúor tópico.
Tratamientos de blanqueamiento dental
El que avisa no es traidor
El Consejo General de Dentistas de España y el Consejo Europeo de Dentistas han alertado en varias ocasiones sobre el riesgo que para la salud conlleva el uso actual de los tratamientos de blanqueamiento dental sin la supervisión del dentista. Ambas instituciones recuerdan que los tratamientos para blanquear la dentadura, y que actualmente se venden libremente en cualquier tipo de comercio o en centros de estética, pueden contener concentraciones de agentes blanqueantes (entre el 0,1% y el 6% de Peróxido de Hidrógeno) que pueden suponer un riesgo para la salud de los pacientes si el tratamiento no se hace bajo las recomendaciones y sin el seguimiento de un dentista. En este sentido, los expertos advierten que estos efectos aumentan cuanto mayor es la concentración del agente blanqueante, así como cuanto más frecuente y prolongado en el tiempo sea el tratamiento.
A la hora de iniciar un tratamiento blanqueante, es necesario que el dentista realice una valoración del estado general de la salud bucodental del paciente, no sólo para decidir el tratamiento más adecuado en cada caso, sino para descartar otros problemas de salud bucodental y evitar así posibles complicaciones. De hecho, quemaduras, alteraciones en las mucosas o sensibilidad dental, son algunos de los efectos secundarios que pueden tener para la salud si el tratamiento no es supervisado por un odontólogo. Por ejemplo, el blanqueamiento no está recomendado en pacientes con gingivitis u otras enfermedades periodontales, ni antes ni inmediatamente después de haber realizado un tratamiento de restauración dental. Asimismo el consumo de tabaco o alcohol puede potenciar los posibles efectos tóxicos del Peróxido de Hidrógeno.
Alimentos amigos y enemigos de tus dientes
La prevención es la mejor fórmula para proteger nuestros dientes y encías de la acción nociva de la placa bacteriana, una película de microorganismos formada a partir de los alimentos que ingerimos y que se adhieren con firmeza a la superficie dental. Cepillar los dientes es fundamental para eliminar las bacterias e impedir que éstas se fijen en la superficie dental.
Ricos en fibra (cereales integrales, legumbres, frutos secos, frutas y verduras).
Requieren una mayor tarea de masticación y estimulan la producción de saliva, el neutralizador natural de la boca. Azúcar y alimentos dulces (golosinas, refrescos azucarados…).
Considerados durante mucho tiempo los principales causantes de la caries, aunque realmente no son los únicos responsables.
Derivados lácteos
Son muy beneficiosos, al contribuir con el aporte de calcio, fósforo y vitamina D, nutrientes todos ellos implicados en la remineralización de huesos y dientes. Ricos en hidratos de carbono complejos (almidón).
Causan un gran deterioro, ya que se adhieren a los dientes y los ácidos que forman permanecen mayor tiempo en contacto con el esmalte en lugar de ser eliminados por la saliva. Son fácilmente degradados en la boca por acción de una sustancia que contiene la saliva (alfa amilasa) y por bacterias en compuestos más sencillos que aumentan la acidez de la cavidad bucal, lo que destruye la integridad del esmalte y puede afectar al resto de componentes del diente.
El magnesio (frutos secos).
Su consumo es bueno al ser un mineral que también forma parte de la estructura dental. Los zumos ácidos (de naranja, pomelo y otros).
Contribuyen al deterioro dental, debido a sus niveles de acidez y alto contenido en azúcares simples.
Dientes y obesidad
Se estima que entre el 5% y el 10% de los menores de dos a cinco años tienen caries. De forma paralela, la obesidad infantil también ha crecido en los últimos 30 años, hasta triplicar las cifras de prevalencia y alcanzar al 20% de la población infantil. Un trabajo desarrollado por investigadores de la Universidad de Buffalo, en Estados Unidos. Ha demostrado que el deterioro de los dientes de leche y el consecuente desarrollo de caries podría estar relacionado con la obesidad. Tras analizar diferentes marcadores, como el peso o la altura, los investigadores comprobaron que casi el 28% de los menores estudiados tenían un índice de masa corporal (IMC) superior al percentil 85, que indica sobrepeso u obesidad.
En el estudio participaron 65 niños de dos a cinco años a quienes se había intervenido de caries. Los científicos sometieron además a sus padres a diversas encuestas para conocer los hábitos alimentarios de los pequeños y concluyeron que el porcentaje de menores con caries fue un 5% mayor entre quienes no seguían una dieta adecuada y registraban un elevado consumo de bebidas azucaradas. Alrededor del 71% de los niños superaba las 1.200 calorías recomendadas por día para este grupo de edad.
«Lo fundamental de estos hallazgos es que una mala nutrición puede relacionar la caries con la obesidad», reconoció Kathleen Bethin, autora del estudio y que mantiene que el dentista es el «lugar ideal para
educar a las familias sobre la nutrición y los riesgos de la obesidad y la caries». El estudio no halló diferencias en el total de calorías consumidas por los niños con sobrepeso y peso saludable, por lo que «el problema no es comer en exceso, sino seleccionar el alimento adecuado», señaló Bethin.
Plan de Salud Bucodental Infantil
En España, la salud bucodental infantil tiene una cobertura mejorable y sobre todo, tiene una oferta desigual entre territorios a pesar de los avances y esfuerzos realizados por los diferentes servicios de salud de las Comunidades Autónomas. Algunas Comunidades han desarrollado programas específicos orientados a mejorar la situación y mediante la aplicación de los mismos, se está consiguiendo incrementar la cobertura de los servicios de salud bucodental en la población infantil, lo cual se está traduciendo en mejoras notables de los indicadores de salud dental. De hecho, la incorporación de estos servicios de atención a la salud bucodental a la población infantil, ha demostrado un importante aumento del número de niños libres de caries, uno de los objetivos esenciales de programas en salud de este tipo. Así, la meta del programa es favorecer el acceso a los servicios de salud bucodental a los niños de 7 a 15 años. Su puesta en marcha tiene carácter progresivo a lo largo de los años 2008-2012. El Plan de Salud Bucodental incluirá una revisión anual para cada niño o niña a partir de los 7 años.
Con el Plan de Salud Bucodental tienes acceso a actividades asistenciales: aplicación de flúor tópico (de acuerdo con la política de fluoración de cada Comunidad Autónoma y de las necesidades individuales de cada niño), y una revisión anual del estado de salud de la cavidad bucal, con exploración radiográfica y tratamiento si el niño así lo precisase (sellados de fisuras, obturaciones en piezas dentarias permanentes, tratamientos pulpares o endodoncias, exodoncias o extracción de piezas dentales temporarias, tartrectomías o limpieza bucal y tratamientos de incisivos y caninos permanentes en caso de enfermedad, malformaciones o traumatismos).
Con la ayuda de tu farmacia
Consciente de la importancia de inculcar los hábitos de higiene bucodental en la población, por los beneficios que de él se derivan, el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) ha vuelto a organizar por tercer año consecutivo el Mes de la Salud Dental, con el patrocinio de Procter & Gamble Health Care. Esta campaña tiene entre sus objetivos y finalidades la organización de actividades que contribuyan a la educación, asesoramiento, fomento de hábitos saludables y prevención de enfermedades en la población, y a ella se han lanzado los Colegios Oficiales de Farmacéuticos y las oficinas de farmacia que voluntariamente participan en ella.
Con esta campaña además, los farmacéuticos colaboran en el seguimiento de los tratamientos farmacológicos específicos, ayudando a incrementar la eficacia de los mismos y disminuyendo la probabilidad de aparición de reacciones adversas, con lo que se pueden alcanzar importantes beneficios económicos y sociosanitarios.
Recomendaciones SEFAC
Sociedad Española de Farmacia Comunitaria
1. Utiliza pastas fluoradas, seda dental y colutorios (antisépticos o fluorados). Su uso complementario constituye el patrón básico del cuidado dental.
2. Cepíllate los dientes después de cada comida. El objetivo del cepillado es eliminar la placa bacteriana, una película transparente formada por restos alimentarios, saliva y células descamadas del interior de la boca en la que se encuentran unos gérmenes que al degradar los azúcares de los alimentos producen unas sustancias que erosionan la superficie de los dientes.
3. Utiliza microcepillos o seda dental para eliminar la placa bacteriana depositada en la superficie de contacto entre diente y diente. Deberá deslizarlos entre los dientes y con un movimiento de sierra que eliminará la placa acumulada.
4. Recuerda que el proceso de cepillado dental debe durar un mínimo de tres minutos para garantizar la eliminación completa de la placa bacteriana.
5. Cepíllate los dientes correctamente. Para ello debes realizar el cepillado sobre la parte externa de los dientes (con un movimiento desde la base de las encías hacia arriba o hacia abajo según corresponda), luego sobre la parte interna (se debe cepillar desde el límite de las encías hacia el final del diente), y finalmente sobre la superficie masticadora de los dientes (con movimientos circulares conseguirá que las fibras del cepillo penetren en las irregularidades de los molares y pre-molares).
6. Realiza también una correcta limpieza lingual: utilizando los limpiadores linguales o bien el cepillo de dientes, realizando un movimiento desde la base de la lengua hacia fuera.
7. Reduce la ingesta de azúcares y trata de llevar una alimentación equilibrada. De esta forma prevendrás la caries dental y la pérdida prematura de dientes. Además, el consumo de frutas y verduras favorecerá la protección contra el riesgo de cáncer de la cavidad bucal.
8. Deja el tabaco y reduce el consumo de alcohol, pues ambos son factores de riesgo de padecer cánceres de la cavidad bucal, enfermedades de las encías y pérdida de dientes.
9. Es conveniente que acudas al menos una vez al año a realizarte una revisión odontológica. En niños a partir de 3 años estas revisiones se recomiendan cada seis meses, ya que a estas edades la higiene bucodental suele ser deficiente.
10. La persistencia de cualquier síntoma como sangrado, cambio de color, inflamación y/o retracción de las encías, halitosis, etc. hace necesaria la valoración por parte del odontólogo de una posible patología, con objeto de instaurar el tratamiento adecuado lo antes posible para evitar complicaciones mayores.
