Cada otoño, entre el 20 y el 30 por ciento de la población mundial contrae el virus de la gripe. Y también en esta época, con la bajada de las temperaturas, aumenta el número de personas que padecen resfriados. La prevención en el caso de la primera (sobre todo a través de la vacuna) y el alivio de los síntomas cuando se trata de un resfriado siguen siendo las medidas más efectivas para solucionar estos “gajes del invierno”.
Llegada esta época del año, los estornudos, los ojos llorosos, las narices enrojecidas y los pañuelos de papel pasan a formar parte del “decorado” habitual de cualquier lugar público. Y es que es que la entrada de la nueva estación supone lo que se podría denominar la “puesta de largo” de los virus implicados en las dos principales dolencias relacionadas con este momento del año: la gripe y el resfriado.
No es lo mismo…
La gripe es una enfermedad respiratoria causada por un virus (el de la Influenza) que se transmite fácilmente por el aire, por las gotitas de saliva y las secreciones nasales que se expulsan al toser, al hablar o al estornudar. Su periodo de incubación es de 24 a 72 horas. También puede contagiarse tocando objetos contaminados con las manos y llevándoselas luego a la nariz o a los ojos. Se estima que cada afectado contagia a su vez a una o dos personas.
Los resfriados (también conocidos como catarro común, costipado o rinofaringitis aguda) están producidos también por la acción de virus, siendo los más frecuentes rinovirus, adenovirus y coronavirus. La forma de contagio es similar a la de la gripe. Tal y como explica la doctora Paloma Casado, Vicepresidenta 1ª de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), “aunque ambas son infecciones virales del aparato
respiratorio y muchos de los síntomas que se producen en los dos cuadros son parecidos (malestar general con dolores musculares, congestión nasal y rinorrea, dolor de garganta, tos), en general los síntomas de la gripe son mucho más intensos: suele haber fiebre elevada (más de 38ºC), acompañada de escalofríos y difícil de bajar; cefalea intensa, sobre todo en la zona retroorbitaria (por detrás de los ojos); una tos seca muy persistente, que produce sensación de dificultad respiratoria; y debilidad general. Además, la sintomatología de la gripe se prolonga más días (es raro que un resfriado se alargue más de 4 o 5 días) y el periodo de recuperación también es más largo”.
Entre enero y marzo, mayor pico de incidencia
Aunque con la llegada del otoño y la bajada de las temperaturas suelen ser más frecuentes los resfriados y aparecen los primeros casos de gripe, el Grupo de Estudio de la Gripe (GEG) recuerda que el pico máximo de incidencia de los cuadros gripales se alcanza a mediados y finales del invierno, esto es, entre los meses de enero y marzo, afectando al 10-15 por ciento de la población. “Por eso, y como medida preventiva, noviembre resulta un mes idóneo para vacunarse frente a un virus que cada año produce el 10-12 por ciento de las bajas laborales”, señala el doctor Ramón Cisterna, jefe del Servicio de Microbiología Clínica y Control de la Infección del Hospital de Basurto, en Bilbao.
Asimismo, hay que tener en cuenta que los brotes epidémicos varían de año en año, tanto en su virulencia como en su duración.
Malestar: aprende a manejarlo
“Por lo general, los resfriados son cuadros banales, aunque producen un gran malestar debido a su sintomatología. Además, teniendo en cuenta que su origen es vírico en el 99 por ciento de los casos, no existen actualmente tratamientos curativos, sino sintomáticos”, explica la doctora Casado. Respecto a los fármacos empleados, en principio, vale cualquier analgésico o antiinflamatorio. “La elección dependerá de otras características personales del paciente: alergias, problemas gástricos, medicación para otras enfermedades, etc. En este sentido, siempre hay que recordar la importancia de una buena hidratación”, comenta la experta. Para ello, es muy importante aumentar la ingesta de líquidos (agua, zumos, infusiones, caldos).
A día de hoy, no existe una vacuna eficaz contra el resfriado común, mientras que en el caso de la gripe, al estar producida por un solo virus, sí que existe una vacunación específica que puede evitar la aparición de la enfermedad.
Remedios naturales: alivio sintomático
1. En el caso de estas afecciones características de los primeros fríos, el objetivo es conseguir el alivio de los síntomas: bajar la fiebre, calmar la tos, disminuir los dolores musculares y el dolor de cabeza, aliviar la congestión nasal… Una serie de remedios que pueden ayudar en este sentido: la miel, las infusiones de tomillo o de malva y los vahos de eucalipto.
2. Los numerosos estudios realizados con una planta, la equinácea, han demostrado su papel en el refuerzo de las defensas del organismo. Concretamente, se ha constatado que su consumo reduce en un 58 por ciento las posibilidades de contraer infecciones respiratorias. Los expertos recomiendan empezar a consumirla en el momento en el que se produce el cambio de estación.
3. La aromaterapia es otra opción al alza, especialmente para sanear y purificar el aire de aquellos ambientes en los que se tiene que pasar muchas horas al día. Se ha demostrado que algunos aceites esenciales poseen fuertes propiedades antiinfecciosas y antivirales. Es el caso de la ajedrea, la albahaca, la citronela, el clavo, la melisa, la mandarina, el tomillo, el romero, la savia y la verbena. Los difusores son una buena opción para acceder a estos beneficios. Otra alternativa es recurrir a productos formulados a base de hasta 41 aceites esenciales.
4. Así mismo, y sobre todo en el caso de los niños, los medicamentos homepáticos compuestos han demostrado su eficacia sobre el sistema inmune, actuando frente a diversos tipos de virus del resfriado y la gripe, combinando varios principios activos como el vencetósigo, que fortalece la respuesta inmune natural, y el azufre, muy utilizado en homeopatía para el tratamiento de síntomas asociados a la gripe, como la inflamación aguda.
Gestos simples que refuerzan la inmunidad
-Lavarse las manos con frecuencia, meticulosamente y con agua y jabón. Mantener las manos limpias puede prevenir el contagio en todos los ámbitos: el hogar, la escuela, el trabajo, las guarderías, los restaurantes…. Los expertos recomiendan, en el caso de los hogares, lavarse las manos antes de preparar los alimentos, de comer; después de toser o estornudar o después de estar en contacto con una persona afectada.
La mejor opción es recurrir a los pañuelos de papel y desecharlos tras cada uso, lavándose las manos después.
Ventilar frecuentemente todos los habitáculos, habitaciones y estancias en las que se pasa la mayor parte del tiempo. También es importante limpiar a menudo los muebles y los pomos de las puertas.
Evitar el contacto cercano con las personas afectadas (una buena idea es recurrir al uso de guantes y mascarillas).
Desde el punto de vista de la alimentación, es muy importante aumentar la ingesta de frutas y verduras, sobre todo aquellas que son ricas en vitamina C (cítricos, sobre todo) y también de otros alimentos de reconocido poder antibiótico natural como la cebolla (indicada para las afecciones respiratorias); las fresas, las setas y los champiñones (con gran capacidad antiviral) y el limón (desinfectante).
Evitar el tabaco. Está demostrado que la exposición, tanto pasiva como activa, al humo del tabaco, además de reducir la inmunidad, ejerce un efecto irritante sobre las mucosas respiratorias que las hace más vulnerables y, también, alarga y complica los procesos infecciosos, catarrales y gripales.
Asegurarse una correcta hidratación. Es necesario beber como mínimo dos litros de agua diarios para mantener el adecuado grado de humedad en el organismo. La presencia de un ambiente reseco en las mucosas respiratorias es la mejor manera de proporcionar un lugar ideal para la colonización y el d
esarrollo de los microorganismos.
Seguir unos hábitos lo más sanos posible. Los expertos recomiendan el descanso adecuado por la noche y el ejercicio físico diario entre las medidas básicas para tener una buena salud en general y un buen sistema inmunitario contra las infecciones en particular
Gripe 2011-2012: ¿qué podemos esperar?
Es importante saber que, a diferencia de lo que ocurre con otro tipo de vacunación, la vacuna de la gripe cambia de un año a otro, y que su composición se ajusta a las recomendaciones internacionales, que son las que analizan y determinan cuáles serán los virus más virulentos y estos, a su vez, son los que emplean los fabricantes a nivel mundial para elaborar la vacuna cada año.
Hace unas semanas, los expertos de la Food and Drug Administration (FDA) norteamericana hicieron pública la fórmula de la vacuna para el invierno 2011-2012, diseñada con el objetivo de proteger frente a las tres cepas del virus que los científicos creen que serán las más prevalentes en la próxima temporada: el virus de la influenza pandémica (H1N1); el virus A (H3N2) y el virus B/Brisbane.
Vacuna: cuándo, cómo y para quién
Los expertos son unánimes: la mejor prevención frente a la gripe es la vacunación.
“Entre los adultos sanos, la vacuna ha demostrado ser muy efectiva (en un 70-90 por ciento) en el descenso de la morbilidad. Además, al vacunarnos, no solo nos protegemos nosotros frente al virus, sino que rompemos la barrera de transmisión del mismo y protegemos a las personas que nos rodean. De no vacunarse, cualquiera puede convertirse en potencial transmisor del virus sin ni siquiera ser consciente del contagio”, explica el doctor Ramón Cisterna.
Los grupos de población para los que está recomendada la vacuna frente a la gripe están muy definidos: enfermos crónicos, mayores de 60 años, todas las personas que residen en centros o instituciones (geriátricos, centros de asistencia a enfermos crónicos, disminuidos psíquicos, prisiones…), embarazadas y niños.
Mientras que en los mayores se estima que la vacunación previene entre un 70 y un 90 por ciento la infección, en el caso de los adultos y los que tienen menos de 65 años, pero padecen alguna enfermedad de riesgo, más que prevenir los casos de gripe (un 50-70 por ciento de eficacia), disminuye notablemente las complicaciones y la mortalidad asociada, de manera que evita la mitad de las hospitalizaciones a causa del virus y el 80 por ciento de la mortalidad por complicaciones asociadas al mismo.
Antigripales: ¿qué hay de nuevo?
La gran novedad respecto al tratamiento antigripal es la vacuna que se administra por vía intradérmica, y que, frente a las vacunas clásicas, ofrece todas las ventajas derivadas de su forma de administración: un sistema precargado de microinyección, listo para usar, con una aguja de 1,5 mm (mucho más corta que la de las vacunas tradicionales), lo que hace que la vacunación sea más simple y precisa. Según los estudios realizados sobre esta vacuna, disponible en España desde el invierno pasado, esta novedad de administración implica una mayor respuesta inmunológica, sobre todo en las personas mayores, cuyo sistema inmune se encuentra más debilitado, debido al hecho de que en la dermis (lugar en el que se aplica) se concentra un alto número de células inmunes y vasos capilares linfáticos.
También hay comercializados dos fármacos antivirales formulados para combatir la infección por el virus H1N1, oseltamivir y zanamivir. La pauta de los especialistas es administrarlos solamente en aquellos pacientes que se encuentran dentro de los grupos de riesgo. En estos casos, es muy importante que el tratamiento se inicie cuanto antes; los estudios realizados al respecto han demostrado que aquellos pacientes que reciben esta medicación en las primeras 48 horas posteriores a padecer los síntomas tienen un mejor pronóstico y, sobre todo, un riesgo menor de desarrollar neumonía y otras complicaciones de la gripe.
Una asignatura pendiente
Pese a las muchas y continuas campañas que se realizan al respecto, en España el porcentaje de vacunación frente a la gripe común es todavía bajo, situándose en el 18-25 por ciento de la población total. En el caso concreto de las personas mayores, esta cifra no llega al 69 por ciento y en los enfermos respiratorios ronda el 40 por ciento. Según los expertos, estos porcentajes son preocupantes, sobre todo si se tiene en cuenta que tanto la OMS como la Comisión Europea han solicitado a los países que se aseguren de que el 75 por ciento de la población de riesgo, incluyendo a las personas mayores y a aquellas con enfermedades de base, se vacune cada año frente a la gripe estacional.
Antibióticos: por qué no son una opción
Tanto en el caso de la gripe como del resfriado, al tratarse de infecciones de carácter vírico, el uso de antibióticos resulta totalmente ineficaz, ya que la función de estos fármacos no es combatir los virus, sino otro tipo de microorganismos, como las bacterias. De hecho, son continuas las recomendaciones de médicos y farmacéuticos en este sentido, máxime teniendo en cuenta que, según datos de la Comisión Europea, España es el país europeo con un consumo más alto de antibióticos y también que se encuentra entre los de mayores resistencias a estos fármacos. Según los datos del estudio Happy Audit, coordinado por la semFYC, de los alrededor de 56 millones de antibióticos que se venden anualmente en España, la mayoría de ellos se prescriben para combatir las enfermedades respiratorias y, además, se registra un elevado índice de automedicación. Los expertos insisten en la necesidad de que la población se conciencie de que el uso inadecuado de este tipo de fármacos puede generar la aparición de resistencias.
Niños: alerta máxima
Durante los primeros meses de vida, el sistema inmune de los bebés aún no está desarrollado al cien por cien, de ahí que sean más vulnerables a contagios e infecciones como gripes y resfriados. De hecho, según datos del Grupo de Estudio de la Gripe, se estima que la gripe afecta al 35 por ciento de los preescolares, al 30 por ciento de los escolares y hasta un 50 por ciento de los niños que acuden a guardería. Y además, tal y como afirma el doctor Ramón Cisterna, “los niños son la principal fuente de transmisión del virus de la gripe, tanto en el domicilio como en la comunidad. De ahí la necesidad de sensibilizar a los padres sobre la importancia de la inmunización en menores, ya que constituye la medida más beneficiosa que se puede adoptar tanto para proteger a los más pequeños y evitar las hospitalizaciones, como para que no diseminen el virus”.
Es por esto que los expertos recomiendan la promoción de la vacunación infantil, especialmente entre los 6 y los 24 meses, que es la etapa en la que la gripe adquiere su mayor incidencia.
En este sentido, uno de los temas debatidos durante el Curso de Verano “Vacunas para el siglo XXI”, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, fue la necesidad de que los adultos tengan al día su calendario vacunal. Los expertos que participaron en este encuentro señalaron que en España hay un 10 por ciento de la población mayor de 40 años que no conoce su estado inmunitario frente a un buen número de enfermedades comunes. “Si un adulto contrae una enfermedad, cuanto más tiempo esté en contacto con niños que no han podido ser vacunados por edad u otros motivos, más posibilidades tienen los pequeños de ser candidatos a tener las enfermedades. Un ejemplo de ello es la gripe. Es por ello muy importante que los profesionales sanitarios, trabajadores de guarderías y, en general, todas las perso
nas que estén trabajando, cuidando o en contacto con niños menores de 6 meses que no pueden ser inmunizados, tengan el calendario vacunal actualizado”, explicó el doctor José Ramón de Juanes, Jefe de Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario 12 de Octubre, durante su intervención en este encuentro.
Además, hay otra serie de medidas que pueden resultar efectivas para reforzar el sistema inmune de los más pequeños:
- Durante el invierno o los días de mucho frío hay que intentar no abrigarle excesivamente y procurar que no permanezca en lugares en los que la calefacción esté muy fuerte.
- Evitar exponerle al humo del tabaco. Está demostrado que los niños que viven en un ambiente en el que hay fumadores son más susceptibles a sufrir infecciones en las vías respiratorias
- Hidratar muy bien su piel. Es la principal barrera con la que cuenta el niño frente a los “ataques” medioambientales, por eso debe estar en perfectas condiciones. Utilizar cremas que contengan emolientes y humectantes.
- No exponerlo a cambios bruscos de temperatura ni a zonas en las que pueda haber corrientes de aire. Lo mejor es que sacarlo a pasear en las horas del día en las que los contrastes de temperatura son menos fuertes (a media mañana, por ejemplo).
- Si tiene hermanos y alguno de ellos sufre gripe, catarro u otra dolencia, reducir en lo posible el contacto directo con ellos.
- Lavarse las manos a menudo y, siempre, antes y después de cambiarle el pañal.
- Si los padres o cuidadores tienen algún síntoma de catarro o gripe, lo mejor es que se pongan una mascarilla cuando vayan a estar en contacto con el niño.
- Cuidar la higiene de sus mucosas (lo mejor para ello es el suero fisiológico), sobre todo en las estaciones más frías, en las que son más propensos a padecer mucosidades.
- Optar preferentemente por la lactancia materna. Los niños que toman el pecho reciben a través de la madre las defensas apropiadas de forma directa.
- Nunca medicarlo sin consultarlo con el pediatra. Es muy importante que sea éste quién determine la necesidad de medicarle o no, y, sobre todo, que recete el fármaco más adecuado y las dosis e intervalos en los que hay que administrárselos.
La “ultima hora” del virus
El Grupo de Estudio de la Gripe (GEG), una organización sin ánimo de lucro formada por expertos de diferentes especialidades médicas relacionadas con esta infección, ha puesto en marcha el “Gripómetro” (www.gripometro.es), una iniciativa cuyo objetivo es informar puntualmente a la población sobre las últimas noticias relacionadas con la incidencia, la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.
