En un momento de crisis como el actual, los temidos recortes en sanidad amenazan con frenar las prestaciones actuales en cáncer de mama. Las pacientes toman la palabra en el Día Mundial contra el Cáncer de Mama que se celebra el 19 de octubre.
“Por fortuna, cada vez nos curamos más del cáncer de mama y por lo tanto vivimos más tiempo: unos años en los que se hace necesario seguir contando con servicios sanitarios, a los cuales no estamos dispuestas a renunciar. Por eso, exigimos a las autoridades que evalúen las fórmulas para mantener esas prestaciones propias de un sistema universal y gratuito como el que tenemos”. Así se expresaba María Antonia Gimón, presidenta de la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA), durante el Encuentro Políticas de género en el ámbito de la salud. Compartir responsabilidades ante los retos del Sistema Nacional de Salud, celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander este verano. Un foro en el que se han dado cita un centenar de especialistas, pero sobre todo mujeres con cáncer de mama pertenecientes a las asociaciones integradas en FECMA y que ha estado dirigido por el doctor José Manuel López Vega, miembro de la Junta Directiva del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM).
Un pacto por la Sanidad
La presidenta de la Federación ha señalado que no corresponde a los pacientes proponer las medidas para hacerlo, pero lo que sí es nuestro deber “es pedir que exista un Pacto por la Sanidad -al que no entendemos por qué no se ha llegado- porque creemos que llegar a un acuerdo es fundamental para continuar disfrutando de una Sanidad de primer nivel. Es preciso mantener los estándares de calidad actuales y los resultados clínicos para lo cual probablemente se requiera una mayor financiación pero, insisto, no es nuestro papel decir cómo conseguirla”.
Durante el encuentro se ha recalcado la necesidad de que los programas de detección precoz sean evaluados correctamente y se lleven a cabo en las mejores condiciones de calidad. Y es que el hecho de que algunos cánceres se consideren ya enfermedades crónicas, da lugar a
nuevas situaciones a las que el Sistema tiene que hacer frente, como son la atención a los “largos supervivientes” y las secuelas secundarias a los tratamientos. Nuestra reivindicación es mantener el sistema de prestaciones y hacerlo en un clima de equidad. No podemos permitir que la descentralización del sistema sanitario por la transferencia de competencias a las Comunidades Autónomas quiebre esa igualdad”.
En este sentido, el doctor López Vega, señalaba que, en respuesta al título de las sesiones, la responsabilidad no es única, sino compartida: “la Administración, los médicos y los pacientes tienen una responsabilidad que no pueden delegar: cada uno en su parcela, pero con un objetivo común, que no es otro que mantener el Sistema. En el caso del cáncer de mama, además de curar, nos tenemos que preocupar de la calidad de los servicios que se prestan a quienes ya se han curado”.
Detectarlo a tiempo: fundamental
En España cada año se detectan cerca de 16.000 nuevos casos de cáncer de mama. Afortunadamente, en los últimos años, la mortalidad por cáncer de mama desciende un 1,4% anualmente, dato que avala la puesta en marcha de campañas de concienciación y programas de cribado de cáncer de mama.
Coincidiendo con la celebración en todo el mundo del Día del Cáncer de Mama, la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y el resto de organizaciones de pacientes han querido recordar que éste es un tumor que puede detectarse a tiempo, y «Hazte una mamografía» es el eslogan elegido por esta asociación. Mientras que la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA) subraya a su vez que «un diagnóstico precoz es hoy el mejor camino para conseguir una disminución significativa de las peores consecuencias de una enfermedad tan agresiva».
Factores de riesgo
- Factores genéticos: es más frecuente en el caso de antecedentes familiares de cáncer de mama.
- La edad: se presenta con mayor incidencia después de los 45 años y posteriormente a la menopausia.
- Antecedentes gestacionales: es más frecuente en mujeres que tuvieron su primer hijo después de los 30 años o que nunca engendraron.
- Antecedentes de salud: las que han padecido cáncer en un seno son más propensas a desarrollarlo de nuevo.
- Antecedentes de desarrollo sexual: aquellas mujeres que presentaron menstruación temprana o menopausia tardía tienen más probabilidades que otras.
- El estilo de vida y factores ambientales: existen muchas sustancias cancerígenas que favorecen su desarrollo, entre ellas las que contiene el tabaco.
- El dolor de las mamas y la presencia de bultos o tumores no siempre son signos de cáncer, y en la mayoría de los casos las afecciones que se presentan son benignas, sobre todo durante la adolescencia. Estos bultitos en las mamas suelen estar estimulados por hormonas como la progesterona y los estrógenos.
Mamografía: ventajas y desventajas
La mamografía es la técnica de detección precoz más utilizada del mundo. Consiste en una radiografía capaz de detectar lesiones en estadios muy incipientes de la enfermedad, hasta dos años antes de que sean palpables y cuando aún no han invadido en profundidad ni se han diseminado a los ganglios ni a otros órganos. Esta antelación permite aplicar tratamientos menos agresivos, que implican menos secuelas físicas y psicológicas en la mujer. Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), una mamografía de buena calidad es siempre el método más efectivo para detectar la neoplasia de forma precoz.
Sin embargo, como cualquier prueba diagnóstica, las mamografías también tienen limitaciones. Ejemplo de ello es que no es capaz de detectar algunos tumores. Otras desventajas son el riesgo de exposición a la radiación, aunque la Asociación Española contra el Cáncer considera que la dosis de radiación empleada en la mamografía es mínima y resulta inofensiva, y el exceso de falsos positivos.
En definitiva, las mamografías no están exentas de controversia, y muchas veces en las mujeres más jóvenes, la densidad y cantidad de tejido mamario dificulta su valoración. Las últimas recomendaciones para los programas de detección del tumor maligno de mama en EE.UU., publicadas en 2009, desaconsejan el uso rutinario de las mamografías en mujeres de 40 a 50 años y señalan que las mayores de 50 deberían someterse a estas pruebas cada dos años y no de manera anual. En España, en mujeres entre 40 y 45 años, la mamografía solo se aconseja si hay factores de riesgo elevado, como el genético.
En este aspecto, un ensayo sueco a gran escala realizado por científicos de la Universidad de Queen Mary, en Londres, y publicado en la revista Radiology, ha demostrado que las mamografías reducen el número de muertes por tumor maligno de mama incluso más de lo que creían los expertos. El trabajo contradice otra importante investigación de 2009, publicada en la revista «Annals of Internal Medicine», en la que se aseguraba que la mamografía era un ejemplo de que un mayor número de pruebas, exámenes y tratamientos no son siempre beneficiosos y, en muchos casos, pueden dañar a las pacientes.
Prevenir con la alimentación
Diversos factores evitables, como los residuos tóxicos ambientales, y ciertos hábitos de vida (alcohol, tabaco) y de alimentación se han descrito como iniciadores o promotores del proceso cancerígeno. De todos ellos, los factores nutricionales se consideran fundamentales. En relación a la dieta y el cáncer de mama, el alcohol y las grasas (no tanto la cantidad como la calidad de la grasa) figuran entre los componentes alimentarios más relevantes.
Precisamente para investigar las relacion
es entre la dieta, el estado nutricional, el estilo de vida y los factores ambientales y la incidencia de cáncer y otras enfermedades crónicas, se diseñó en el ámbito europeo el Estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), llegando a la conclusión de que el sobrepeso y el escaso ejercicio físico aumentan la actividad del cáncer de mama después de la menopausia.
Además, numerosos estudios experimentales y epidemiológicos han puesto de manifiesto la relación entre los lípidos de la dieta y el cáncer de mama, aunque en relación al consumo de grasa y el riesgo de sufrir cáncer de mama, es más importante el tipo de grasa que la cantidad total ingerida. El Grupo multidisciplinario para el estudio del cáncer de mama de la Universidad de Barcelona ha publicado una revisión centrada en los estudios experimentales llevados a cabo en relación a la influencia de la grasa en esta enfermedad curable. En este aspecto, ha quedado demostrado que el tipo y la cantidad de grasa ingerida, así como el momento de su administración, juegan un papel importante en la promoción de la carcinogénesis mamaria, e incluso, en su iniciación y en la limitación de su crecimiento.
Dieta mediterránea, siempre bienvenida
Estudios epidemiológicos han demostrado que la incidencia de cáncer de mama en los países europeos de la zona mediterránea, donde el consumo de aceite de oliva es elevado, es inferior a la de la mayoría de los países del norte de Europa y América. Aunque en los estudios experimentales se detecta desde una ausencia de efecto promotor del ácido oleico monoinsaturado (abundante en el aceite de oliva) a un débil efecto protector del cáncer de mama, las investigaciones apuntan a otros componentes bioactivos del aceite de oliva con efectos quimiopreventivos (antioxidantes como vitamina E, escualeno, etc). La cantidad de estos compuestos es mayor en el aceite de oliva virgen extra.
Por otra parte, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga de la serie omega-3 (EPA o ácido eicopentaenoico y DHA o ácido docosahexaenoico) presentes en el pescado azul (sardina, anchoa o boquerón, caballa o verdel, chicharro, bonito, atún o salmón) y los sintetizados en el organismo a partir del ácido alfa-linolénico (nueces, aceite de canola, soja) serían inhibidores del crecimiento tumoral mamario. Por lo tanto, conviene comer más pescado azul (al menos dos veces por semana) y un puñado de nueces al día.
Sin embargo, conviene evitar los aceites vegetales como los de maíz u girasol, ya que el ácido linoleico (ácido graso poliinsaturado de la serie omega-6) que contiene son ácidos grasos promotores de la carcinogénesis, por lo que deben combinarse con el aceite de oliva. Las grasas saturadas de procedencia animal también son promotoras, según apuntan las investigaciones.
Recomendaciones oficiales
- El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, en sus objetivos de prevención de la enfermedad por medio de la nutrición, estima que una reducción del consumo de grasas de 160 g/día a 100 g/día y un aumento del consumo de fibra de 20 g/día a 30 g/día en la población americana podría reducir la mortalidad por cáncer entre un 10% y un 15%.
- Pequeños gestos como sustituir las carnes rojas grasas como entrecot (12 g grasa/100 g), cordero (15-20 g grasa/100 g), costilla de ternera (6,6 g grasa/100 g) o costillas o chuletas de cerdo (15-23 g grasa/100 g) por carnes blancas como la pechuga de pavo y de pollo (3 g de grasa/100 g).
- Sustituir la leche entera (3,6 g/100 g) por desnatada (0,2 g/100 g) o por bebida de avena (0,7 g/100 ml).
- Sustituir el queso curado (30-40 g/100 g) por yogures desnatados (0,3 g/100 g) y quesos frescos (15 g/100 g).
- Sustituir los embutidos (35-50 g/100 g) por jamón serrano magro (8,4 g/100 g) da grandes resultados en la reducción de la grasa saturada de la dieta diaria.
Por su parte, el Código Europeo contra el Cáncer contiene 11 recomendaciones. El seguimiento de las mismas puede reducir, en muchos casos, la incidencia y la mortalidad causada por esta enfermedad. Entre los consejos dietéticos y de estilo de vida se incluyen: evitar el tabaco y el alcohol, evitar la obesidad, hacer ejercicio físico a diario y aumentar el consumo diario y la variedad de hortalizas y frutas, además de limitar el consumo de alimentos que contengan grasas de origen animal. Tres consejos que además de servir para prevenir el desarrollo de cáncer en general son acciones protectoras frente al cáncer de mama. Igualmente recomienda a las mujeres que a partir de los 50 años de edad se sometan a pruebas de detección precoz del cáncer de mama. Ello debe hacerse dentro de programas que tengan procedimientos de control de calidad de acuerdo con las “Guías Europeas para la Garantía de Calidad en el Cribado a través de Mamografías”.
Botellas de plástico, comida enlatada y detergentes… ¡cuidado!
Un informe reciente publicado en la revista Environmental Health Perspectives ha revelado que la exposición a ciertas sustancias químicas comunes en los períodos críticos del desarrollo de las glándulas mamarias podría afectar a su crecimiento, la capacidad de dar el pecho y el riesgo de cáncer de mama. Algunas de esas sustancias químicas se localizan en productos habituales en el hogar, como ciertos tipos de botellas de plástico, comida enlatada y detergentes para la ropa. En la actualidad, los protocolos de evaluación no atienden la observación de tejidos mamarios y se podrían obviar muchos elementos implicados en la génesis de la enfermedad.
Los expertos creen que las alteraciones tempranas debidas a la exposición química podrían aumentar el riesgo de efectos nocivos posteriores. Los responsables del estudio han enviado una solicitud a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), a la que demandan que se añada la evaluación de este tejido en las pautas para el examen de las sustancias químicas en cuanto a su seguridad, efectos sobre la salud humana y efectos ambientales. Otro de los hallazgos del informe ha sido que los senos pueden ser más sensibles a la exposición química que otros tejidos y que, en algunos casos, el tejido mamario masculino podría tener una mayor sensibilidad.
Preservar la fertilidad: una motivación
Una de cada ocho mujeres será diagnosticada de cáncer de mama a lo largo de su vida y de éstas, un 25% serán diagnosticadas en la etapa premenopáusica y un15% lo serán en edad fértil. Ello cobra una importancia especial, ya que el cáncer se encuentra a la cabeza de las patologías que pueden hacer peligrar la fertilidad en un futuro, tanto en hombres como en mujeres. En este contexto, las técnicas de preservación de la fertilidad han tenido mucho auge, y del total de mujeres que se interesan en estos programas, el 90% recurre finalmente a ellas. Así lo han destacado los expertos reunidos en Valencia con motivo del XXVIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), en el centro de cuyos debates ha estado precisamente el relativo a las técnicas disponibles en la actualidad para preservar la fertilidad en los casos en que ésta se ve amenazada.
“Cada vez hay más pacientes no oncológicos que necesitan recurrir a técnicas de preservación de la fertilidad. Entre las patologías que, a consecuencia de su tratamiento, pueden precisar de estas técnicas están también las enfermedades autoinmunes, como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide o el lupus, y también algunos casos graves de endometriosis”, ha explicado la doctora María Sánchez, responsable del Programa Valenciano de Preservación de la Fertilidad.
Sin embargo, pese a lo que pudiera parecer, el hecho de que una paciente tenga, además de su pato
logía, que enfrentarse con la decisión de tomar medidas para poder tener descendencia en un futuro, sirve de motivación a la mayoría de las mujeres. Tal y como cuenta la doctora Sánchez, “el doble shock que supone para una mujer que le comuniquen que sufre una patología, como puede ser un cáncer y que, además, como consecuencia del tratamiento pueda hacer que quede infértil pasa, una vez conocidas las opciones para preservar la fertilidad, a ayudarles a motivarse: la paciente ve que tiene muchísimas posibilidades de superar su enfermedad y el hecho de conocer las posibilidades para mantener su fertilidad para un futuro le motiva a seguir adelante cada día”.
Varias técnicas, un objetivo
Entre las técnicas con las que cuentan los especialistas para solucionar esa posible amenaza a la fertilidad hay tanto técnicas quirúrgicas, como médicas y criobiológicas. Así, encontrarmos, por un lado cirugías específicas que se vienen utilizando desde hace tiempo como la trasposición de ovarios, es decir, alejar el ovario del campo de irradiación en las patologías que precisan tratamiento radioterápico. Si la cirugía se plantea en casos de cáncer de cuello de útero lo que se realiza es una traquelectomía que consiste en quitar el cuello del útero, manteniendo el cuerpo para poder conseguir un embarazo en el futuro. Entre las técnicas en las que participa la criobiología cobra mucha importancia la criopreservación de tejido ovárico, que permite recuperar la función ovárica de la mujer durante unos 5 años.
