Covid-19: más normas en la piscina

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Según los expertos, el agua de las piscinas no parece ser un vector de transmisión del coronavirus, ya que aseguran que el principio activo de los desinfectantes habituales empleados en el tratamiento de piscinas, acaba tanto con los virus de la familia del COVID-19 como con otros patógenos incluso más resistentes. Eso sí, para un uso correcto tendremos que atender a nuevas normas de obligado cumplimiento para todos.

Por mucho que el mundo se haya parado y poco a poco pueda ir volviendo a la normalidad dentro de las distintas fases de la desescalada, las estaciones siguen su curso sin importarle que estemos o no en tiempos de pandemia. Al verano y la inminente llegada del calor le siguen muchas incógnitas. ¿Nos podremos bañar este verano en las piscinas de recreo? ¿Los tratamientos habituales acaban con el coronavirus? Respecto a la primera pregunta, mientras que el plan de desescalada establecido por el Gobierno contempla los baños en la playa a partir de la tercera fase, aunque con medidas de distanciamiento, la apertura de las piscinas, en palabras de Fernando Simón, director del Centro de Alertas Sanitarias, “es algo que tendremos que ir valorando día a día, con prudencia, y dependiendo de la evolución de cada territorio”. Por último, respecto a si los tratamientos acaban o no con el virus, por el momento, parece que hay buenas noticias.

La respuesta, en el ácido hipocloroso

La práctica totalidad de las piscinas en España, tanto residenciales como deportivas y/o de ocio, utilizan cloro o electrólisis de sal para el tratamiento de sus aguas y, en ambos casos, el principio activo encargado de la desinfección es el ácido hipocloroso, capaz de eliminar no solo virus de la familia del COVID-19, sino otros virus y bacterias más resistentes. Así lo asegura una de las compañías líderes a nivel mundial en el sector de equipamiento de piscinas y wellness. En un White Paper que recoge las principales conclusiones de diversos estudios científicos, la compañía explica que el SARS-CoV-2, que todos conocemos como COVID-19, es uno de los siete coronavirus que pueden infectar a las personas, como el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio). Toda esta familia tiene propiedades físicas y bioquímicas similares, así como rutas y de transmisión comparables, por lo que todo indica que la efectividad del ácido hipocloroso ante este nuevo virus será idéntica que con el resto de su misma familia.

No existe ninguna evidencia científica por el momento que determine que la COVID-19 se pueda transmitir a través del agua de las piscinas, del agua del mar o incluso a través de la arena de la playa.

El mismo tratamiento de siempre

David Tapias, director de I+D de la compañía, explica que “aunque nos enfrentamos a un virus nuevo, los estudios indican que el agua de las piscinas será un entorno seguro siempre y cuando se aplique el tratamiento de desinfección adecuado que además es el mismo que se ha recomendado siempre”. Esto quiere decir que, si se cumplen los parámetros adecuados, el virus se elimina y, con ello, el riesgo de contagio.

Así, para garantizar un correcto mantenimiento de la piscina, es necesario:

  1. Mantener el pH entre 7,2-7,6 y el cloro libre entre 0,5-1 mg/l.
  2. Medir regularmente estos parámetros y ajustar si hace falta.
  3. Disponer de un buen sistema hidráulico y de filtración.
  4. Respetar sus niveles de ocupación máxima.
  5. Automatizar la piscina para una mayor tranquilidad.
  6. Limpiar y desinfectar las zonas exteriores a la piscina (su playa, la ducha, la escalera).
  7. Además, al igual que se hace de manera cotidiana, se debe tener una adecuada higiene personal y se recomienda que los bañistas se duchen siempre antes y después de utilizar la piscina, así como lavar las toallas y trajes de baño para eliminar todas las bacterias o virus.

Medidas entre deportistas

Las normas que rigen el uso de piscinas por parte de los deportistas sí están claras, y han sido definidas por la Real Federación Española de Natación (RFEN).

  1. Antes del inicio de la actividad, cada deportista y técnico deberá someterse a un control de temperatura, de manera que “cualquier alteración de la temperatura por encima de 37,0ºC desaconseja la actividad deportiva y se pondrá en conocimiento de los servicios médicos para su valoración”.
  2. Otros síntomas a tener en cuenta serán la tos, la fatiga, el cansancio, las molestias digestivas, la diarrea, la sensación de falta de aire o las alteraciones del gusto y del olfato.
  3. Los deportistas deben procurar mantener durante la actividad una distancia mínima de seguridad de 2 metros, quedando prohibidos los saludos, choques de manos o cualquier contacto entre personas.
  4. No se podrá circular por la instalación descalzo, siendo obligatorio el uso de calzas de plástico y/o procediendo a la desinfección de chanclas o zapatillas al final de la jornada.
  5. Además, recomienda acceder a la lámina del agua de la piscina sin utilizar las escaleras tubulares de acceso al vaso, siendo recomendable también la desinfección de este material tres o cuatro veces al día.
  6. Cada calle será designada a un deportista en cada periodo de entrenamiento, a excepción de los nadadores que vivan juntos, que podrán entrenar en la misma calle.
  7. En el caso de las clases de enseñanza o iniciación, la RFEN remarca que “los monitores o profesores deben impartir las clases desde el borde de la piscina evitando el contacto directo con los alumnos”. Los participantes deben guardar una distancia entre sí de 2 metros. Esta distancia de seguridad no debe ser inferior a 1,5 metros en el caso de los entrenamientos de waterpolo, natación artística o saltos.
  8. Cuando se utilicen, los balones deberán ser desinfectados antes y después del entrenamiento en un recipiente.
  9. En cuanto al posible entrenamiento en el mar, la RFEN afirma que el agua de mar es una solución hipertónica, lo que hace difícil la presencia del virus, aunque éste se ha detectado en heces, lo que sugiere la posibilidad de transmisión fecal oral en mar, lagos, pantanos, ríos o embalses que pudieran estar contaminados.
  10. Por su parte, la Real Federación Española de Natación (RFEN) recuerda que “parece ser que el agua de la piscina no actúa como vector de transmisión de la COVID-19, aunque durante los entrenamientos se esté en contacto con fluidos corporales (saliva) o en contacto directo de ojos, nariz y boca”.

¿Y el aire acondicionado?

En el apogeo de la pandemia y por miedo a una posible transmisión aérea, muchas residencias de mayores y servicios de urgencia interrumpieron el uso de los aparatos de aire acondicionado por miedo al contagio. Ahora, con la llegada del calor, el miedo a conectarlos vuelve, aunque los expertos aseguran que estos aparatos de refrigeración no suponen un “mayor peligro” para el contagio. Más bien al contrario, aseguran que la climatización facilita los sistemas de purificación del aire basados en diferentes tecnologías como ozono, ultravioleta, hidroxilo, entre otras. “Este tipo de informaciones pueden hacer mucho daño sobre nuestro sector que ya se ha visto castigado duramente por esta crisis, al reducir drásticamente nuestra actividad a servicios de urgencia”, afirma Raúl de La Peña, presidente de la Asociación Provincial de Instaladores de Calefacción, Climatización, Fontanería, Gas y Afines de Sevilla, integrada en la Federación de Empresarios del Metal (FEDEME).

Por su parte, aunque la Organización Mundial de la Salud no cree que haya suficientes pruebas para demostrar que el virus se transmite por el aire, este tipo de propagación, según la OMS, sería posible en centros de salud cuando se realizan ciertos tipos de procedimientos como desconectar a alguien de un respirador. En cualquier caso, desde la asociación de instaladores aconsejan que, ante cualquier duda, las clínicas, residencias u otros establecimientos, recurran a instaladores autorizados para ser asesorados.

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