DEPRESIÓN E INSOMNIO Más en la gran ciudad

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¿Sabías que el insomnio triplica el riesgo de depresión y la falta de concentración, sobre todo en los jóvenes? ¿Y que vivir en una gran ciudad aumenta las posibilidades de sufrir ansiedad y depresión? Tu estado anímico mejorará si duermes bien y aprendes a dominar situaciones estresantes

“Cada año, una de cada diez personas que son atendidas en la consulta del médico de familia sufre depresión, datos que demuestran que esta enfermedad constituye un problema de salud muy frecuente en nuestro país”. Así lo ha afirmado el doctor Diego J. Palao, presidente de la Sociedad Catalana de Psiquiatría y Salud Mental, quien ha alertado de la estrecha relación que existe entre esta enfermedad y la muerte por suicidio, “segunda causa de mortalidad externa en jóvenes, por encima de los accidentes de tráfico”. Si en los últimos años todos los sectores de la sociedad han visto cómo se ha incrementado el número de afectados, “principalmente son los jóvenes los que más vienen sufriendo el incremento de la depresión con todas sus consecuencias”, afirma. Son muchos los factores que están contribuyendo a estas cifras alarmantes: la falta de expectativas de futuro ante el 56% de paro que afecta a los jóvenes; problemas familiares por estar más de un miembro en paro; aumento de divorcios y separaciones; situaciones crecientes de acoso y presión en el entorno escolar; exposición a redes sociales, internet y uso de móvil; así como una mayor exposición a las drogas.

Conscientes de los peligros y consecuencias que tiene la depresión durante la adolescencia, la Fundación ANAED está llevando a cabo una campaña para concienciar a nuestros jóvenes de la importancia de prevenir y alertar sobre los síntomas de la depresión, y también para informar sobre las posibilidades reales que hay de salir de ella. “Hay muchos más datos y sobre todo mucha esperanza que se puede transmitir a las familias, ya que las terapias han mejorado enormemente en los últimos años y la depresión tiene salidas médicas y psicológicas. Con esta campaña, ANAED quiere sembrar la esperanza entre las familias”, afirma José Ramón Pagés, coordinador nacional de la campaña.

Adolescencia: ¡mucho cuidado!
Según explican desde ANAED, coloquialmente usamos la palabra depresión para referirnos a un estado de ánimo más bajo de lo habitual. Pero es mucho más que eso. Es un trastorno psicológico afectivo que supone cambios importantes en la manera de pensar, sentir y comportarse y que varía desde bajadas transitorias del estado de ánimo, características del curso vital, hasta el síndrome clínico, con signos y síntomas asociados, distintos a la normalidad. En líneas generales, se trata de un trastorno emocional que se caracteriza por un estado de ánimo deprimido y anhedonia o pérdida de interés por las actividades cotidianas de la vida. Pueden aparecer síntomas afectivos (sentimiento de culpabilidad, tristeza,vergüenza, cólera, ansiedad); síntomas motivacionales (pérdida de motivación, dependencia, tendencia a la evitación); síntomas cognitivos (indecisión, percepción catastrófica de los problemas, autocrítica excesiva, pensamiento absolutista,problemas de memoria, dificultad de concentración, déficit de aprendizaje); síntomas conductuales (pasividad, evitación, inercia); y/o síntomas fisiológicos (alteraciones de sueño, alteraciones del apetito, alteraciones sexuales). En el caso de los niños y adolescentes, la depresión puede presentarse más que por estos síntomas por un estado de ánimo inestable e irritable, presentando además cambios de humor.

Distinto sexo, distintas manifestaciones
En las estadísticas se refleja que las mujeres padecen depresión en mayor medida que los hombres, aunque, según ANAED, hay que tener en cuenta que son menos reticentes a buscar ayuda. De cualquier manera, los cambios hormonales parecen tener un efecto importante en el estado anímico de las mujeres. Otro dato a tener en cuenta, es que en los hombres puede manifestarse más con irritabilidad, ira o desaliento que con sentimientos de desesperanza o desamparo, que suelen darse en mayor medida en la mujer. Por lo tanto, puede ser difícil de reconocer. De cualquier manera, incluso en el caso en que el hombre se de cuenta de que está deprimido, comparado con la mujer, tiene más resistencia a buscar ayuda.

Deprimirse por edad
1. La depresión en la niñez: según José Ramón Pagés, no es fácil percatarse cuando un niño está deprimido. De hecho, es la etapa de la vida donde es más difícilmente identificable la depresión, dado que los comportamientos normales van variando dependiendo de la etapa de la niñez en la que nos encontremos, es complicado establecer si un niño está pasando por una fase de su desarrollo o si está realmente deprimido. Puede haber un cambio en el comportamiento, ponerse de mal humor sin razón aparente o tener problemas de comportamiento en el colegio. El niño deprimido puede simular también una enfermedad, rehusar a ir a la escuela, mostrar ansiedad de separación con sus padres, etc. En este sentido, varios expertos en salud mental de Reino Unido han descrito en la revista PLoS One un nuevo y fiable método de cribado de la enfermedad mental que permite detectar en los colegios a aquellos niños que tienen un alto riesgo de desarrollar este tipo de trastornos, que podría ayudar a las autoridades sanitarias a ofrecerles un tratamiento precoz que evite un deterioro mayor. En concreto, la prueba se vale de un programa informático diseñado para ver cómo los adolescentes procesan la información emocional, para lo que se hacen preguntas para saber si ciertas palabras, tales como “alegre” o “fracaso” o “rango”, les provocan sentimientos positivos, negativos o neutros.
2. La depresión en el adolescente: cuando el trastorno afecta a los adolescentes, se presenta en forma de tristeza, desánimo, pérdida de la autoestima y/o pérdida de interés en actividades habituales. A veces la depresión puede ser una respuesta a situaciones estresantes comunes en los adolescentes, como los conflictos paternos filiales, el estrés que produce el propio proceso de maduración, los cambios hormonales. Los adolescentes con más predisposición a sufrir depresión son los que tienen baja autoestima y son muy autocríticos. Otras situaciones que pueden desembocar en depresión juvenil pueden ser agresiones o acoso en la escuela, abuso o maltrato infantil, déficit en destrezas sociales, dificultades de aprendizaje, enfermedades crónicas o algún acontecimiento estresante de la vida, divorcio/muerte padres.
3. La depresión en la tercera edad: el mayor problema es que los síntomas depresivos en los ancianos pueden pasarse por alto fácilmente. Suele ser un error común creer que el hecho de que los ancianos se depriman es algo normal, la depresión no es un aspecto normal de la vejez. De hecho, uno de los mayores problemas es que se considere “normal” la falta de interés en actividades placenteras y la prolongación indefinida de los duelos. La depresión en los ancianos, causa un sufrimiento innecesario para el anciano y para su familia si no se trata, pero con un tratamiento adecuado es totalmente remediable.

El estrés, víctima y verdugo
Uno de los factores que pueden desencadenar hoy en día una depresión es el estrés. Y un dato interesante al respecto: vivir en una urbe aumenta en un 21% la probabilidad de sufrir un trastorno de ansiedad y depresión. Precisamente el estrés parece ser el gran responsable de que la salud mental de las personas que residen en una ciudad sea, en general, algo peor que la de las personas que habitan en zonas rurales. Así lo ha constatado un estudio liderado por Jens Pruessner, investigador en el Instituto Universitario de Salud Mental Douglas de Montreal (Canadá), que ha demostrado que también incrementa el riesgo de padecer depresión o incluso esquizofrenia. En este estudio se comparó la actividad cerebral de personas que habitaban en áreas rurales con la de personas que vivían en zonas urbanas. Gracias a la técnica de resonancia magnética funcional, vieron que la amígdala, una parte del cerebro implicada en la regulación del estrés, se activaba más en los habitantes de la ciudad. Es decir, el cerebro de las personas que viven en la urbe reacciona más ante situaciones de estrés. Y es precisamente el estrés el factor que puede ser detonante para que afloren problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión.

Además, vivir en una ciudad también podría aumentar el riesgo de sufrir depresión posparto. Según un estudio del Instituto Universitario de Investigación sobre la Mujer en Toronto (Canadá), realizado con 6.126 mujeres que acababan de ser madres, el 9% de las mujeres que residían en ciudades de 500.000 habitantes o más sufrían depresión posparto. En cambio, este porcentaje bajaba al 6% en las mujeres que habitaban en pueblos de menos de 1.000 habitantes.

Dormir bien ¡qué importante!
Además del estrés, un estudio de la Mental Health Foundation, en Reino Unido, revela que las personas que duermen mal porque padecen insomnio tienen tres veces más riesgo de sentirse deprimidos o de sufrir problemas de concentración, al tiempo que también son cuatro veces más propensos a tener problemas a la hora de relacionarse. Los datos indican que los españoles dormimos una media de tres horas menos que hace 50 años. Según Russell Foster, un neurocientífico y experto en el sueño, existe una relación directa entre las horas de sueño y el bienestar mental y emocional, de manera que la falta de sueño ocasiona falta de memoria y concentración; aumento de la impulsividad; falta de creatividad; aumento de peso, ya que al dormir poco el cuerpo pide al cerebro más hidratos de carbono, en especial azúcares; y estrés, con la consiguiente bajada de defensas.

¡Desenmascáralo!
Pero es que además, según indica el doctor Carlos Roncero, vicesecretario de la ronceroSociedad de Patología Dual (SEPD), las alteraciones del sueño pueden ser señal de alarma de un problema mayor: un problema mental enmascarado o un abuso de sustancias. “Hay trastornos mentales clásicos que presentan el insomnio como síntoma. Por ejemplo, en el trastorno bipolar, los pacientes en fase maníaca son incapaces de concebir el sueño. También presentan dificultades los pacientes con psicosis, trastorno bipolar o depresión. En el caso de comportamientos adictivos, los trastornos del sueño se asocian tanto al consumo de droga, uso o abuso, como a los períodos de abstinencia”, destaca el doctor Roncero.

Quiere decir que el sueño es un indicador tan importante que su falta puede favorecer o revelar la aparición de problemas de salud mental que, a su vez, llevan a estos pacientes a dormir peor. Roncero asegura que “cuando hay un problema de sueño además de buscar problemas de consumo, hay que descartar la existencia de trastornos mentales porque el insomnio es un síntoma de alarma típico en algunas enfermedades mentales. Por ejemplo, entre el 60% y el 70% de los pacientes con patología dual sufre trastornos del sueño”. Es decir, aclara el psiquiatra, detrás de toda alteración del sueño debemos investigar si hay un trastorno mental y si además hay consumo de sustancias o viceversa, ya que entre la patología dual y las alteraciones del sueño existe una relación bidireccional. “Las personas que tienen problemas de sueño tienen más posibilidades de consumir droga y las personas que consumen drogas tienen mayor riesgo de tener problemas de sueño. Y lo mismo ocurre con la existencia de otro trastorno mental”, aclara el doctor Roncero. Por si fuera poco, el insomnio puede predecir pensamientos suicidas en personas depresivas.

Automedicación irresponsable
Según el doctor Roncero, el insomnio se ha revelado como una de las principales causas de automedicación y mal uso de los fármacos hipnosedantes entre la población. “Los problemas de sueño o la simple dificultad para concebirlo, que puede deberse a circunstancias personales, económicas o laborales, hace que se empiecen a tomar fármacos de manera no controlada y se genere, en pacientes predispuestos, una adicción, concluye el doctor. Este es un tema que preocupa mucho a los expertos, ya que el 30% de la población padece trastorno del sueño y en los últimos años se ha duplicado el número de personas que consumen somníferos, tranquilizantes o sedantes. Tal y como cuenta el vicesecretario de la SEPD, “en población general los principales medicamentos que se usan son las benzodiacepinas, fármacos que deben usarse siempre con mucha precaución, mucho más en pacientes con patología dual por el riesgo a desarrollar una nueva adicción a estos fármacos o porque alguno de ellos ya la presente. Cuando esto sucede, se cambian los protocolos farmacológicos y se emplean otros medicamentos como los antidepresivos con perfil sedativo, los antipsicóticos sedativos a dosis bajas y en ocasiones antiepilépticos en regímenes adaptados a las circunstancias del paciente”.

Contra la ansiedad, tu farmacéutico te ayuda
Tal y como asegura Teresa Ortega, profesora de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidenta de INFITO, muchas plantas medicinales tienen “propiedades sedantes, ansiolíticas y mejoradoras del sueño y presentan como ventaja que su utilización no provoca los efectos secundarios de los fármacos ansiolíticos de origen sintético”. En la farmacia, destaca, “podemos encontrar preparados de plantas medicinales que consiguen reducir la ansiedad y la fatiga física sin provocar somnolencia, como la rhodiola, que es especialmente útil en situaciones que requieren mantener la concentración, como en periodos de exámenes, en competiciones deportivas o cuando hay un intenso trabajo”. Otras plantas, en cambio, “además de reducir la ansiedad pueden emplearse para ayudar a conciliar el sueño, como la valeriana, la melisa, la pasiflora y la amapola de California”, explica. Para garantizar su calidad y seguridad recomienda “adquirirlas en la farmacia donde se dispensan con todos los controles y además donde seremos aconsejados por un farmacéutico, profesional ampliamente formado en fitoterapia”.

También existen aceites esenciales como el de ylang ylang, incienso, rosa de damasco y hierbaluisa. Además Pranarôm ha realizado algunas mezclas con algunos aceites, Oleocaps 7 y Aromanoctis, que ayudan a frenar el estrés y a conciliar el sueño.

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¿De qué manera influye el estilo de vida actual en el aumento de la depresión entre los jóvenes? Que síntomas nos pueden alertar de la presencia de una depresión.
Indudablemente son muchos los factores que ahora mismo están influyendo para que un joven pueda caer en una depresión. Independientemente de los factores puramente genéticos (herencia, tendencia a generar alguna patología de salud mental que luego lleve a la depresión, tales como desequilibrios hormonales, trastorno límite de la personalidad, trastorno bipolar, esquizofrenia, etc. ), pero hay otros muchos factores que influyen en que un joven pueda llegar a padecer una depresión dependiendo de factores externos, tales como:
conflictos paterno filiales; cambios hormonales típicos de la adolescencia; agresión o acoso en la escuela; abuso o maltrato infantil; déficit en destrezas sociales; dificultades de aprendizaje; enfermedades crónicas; crianza o cuidados deficientes; acontecimientos estresantes de la vida como divorcios de los padres, muertes de seres queridos, etc. Y también hay factores como son la falta de valores, el uso excesivo de las redes sociales, la dependencia de las mismas con el móvil (ludopatías o dependencia al móvil, play, juegos de ordenador, etc.). Y no olvidemos que la crisis también se está encargando de hacer un flaco favor a nuestros jóvenes. Que el paro juvenil supere el 50 % es una barbaridad que hace que el desaliento y la desesperación se expanda peligrosamente.

¿En qué medida influyen el estrés y el insomnio en la aparición de estos trastornos, y viceversa?
Está muy extendido en nuestra sociedad el conocimiento de que dormir mal conduce a problemas de salud irreparables en algunos casos. Es “fundamental” y hay que escribirlo con mayúsculas el que las personas duerman adecuadamente. No sólo el número de horas apropiadas, sino que también es importante la calidad del sueño. Es decir, un sueño lleno de sobresaltos, estar siempre en “duermevela” notar que el cansancio cuando uno se levanta es cada vez mayor…..todos esos son inequívocos síntomas de que algo no va bien. Por otra parte el estrés es otro de los factores que a lo largo del tiempo nos llevan a desestabilizarnos de tal manera que terminamos en procesos depresivos que son dignos de tratamiento. En definitiva, hemos de ser conscientes de que hay cosas básicas que hemos perdido en muchos casos y que debemos recuperar a toda costa si queremos tener una salud mental adecuada. El equilibrio es muy importante. De nada sirve que nuestros cuerpos estén totalmente sanos físicamente si el cerebro y nuestro estado de ánimo no nos acompaña para ser felices.

¿Cuándo se puede sospechar de la posibilidad de un suicidio. Qué síntomas deben alarmarnos, en casa y en el cole?
Hay una leyenda popular que dice que el que dice que se va a suicidar al final no lo hace. Esto no es cierto. Muchas de las 3200 personas que se suicidan cada año en nuestro país lo dicen, lo intentan y lo reiteran cada vez que pueden. Por cada suicidio real se producen diez intentos en total. Al año son unos 35000 intentos aproximadamente. No se trata de alarmar a nadie, pero cuando alguien nos dice que se quiere quitar la vida o que no le merece la pena vivir es para tenerlo en cuenta porque es indudable que “algo no marcha bien”. Los síntomas no son comunes en todos los casos y no hay “listas de síntomas” pero si una persona no está normal, si no se encuentra bien anímicamente, si vemos que es infeliz….hay que hacerle caso. Y en esas cuestiones los amigos, la familia y los educadores pueden ayudar mucho.

¿Qué papel tiene la familia a la hora de prevenir y curar una depresión. Pautas de actuación para los padres?
La labor de la familia y del entorno de una persona con depresión es FUNDAMENTAL. En la Fundación ANAED hay algo que se repite constantemente y es que decimos que la mejor psicoterapeuta es la familia. El cuidado, la atención, el seguimiento que puede hacer la familia es fundamental. Por eso siempre insistimos a la familia en que participe en las terapias, que tengan reuniones con nuestros psicoterapeutas, que pregunten cuando tengan dudas sobre lo que pueden hacer. Una familia que quiera participar en la curación de su familiar o amigo está ayudando ya en un 50 por ciento a la recuperación del paciente. Sabemos que entender la depresión es muy difícil porque cada caso es un mundo, pero si una familia está dispuesta a ayudar aseguramos que posiblemente su familiar se recuperará mucho antes y con más facilidad.

¿En qué momento hay que ir a un especialista y en qué momento hay que tirar de la medicación? ¿Qué medidas hay para atajarla actualmente?
¿Cuándo debe ir una persona al dentista? ¿Cuándo debe ir al oftalmólogo? ¿Cuándo al cardiólogo? Son preguntas que sabemos solucionar de manera fácil ¿Por qué no contestamos de la misma manera sobre esto? Se lo voy a decir yo… y es porque en España cuando pensamos en psicólogos o psiquiatras seguimos pensando en que es para los “locos” y sin embargo en otros países más avanzados y modernos piensan que el que está loco es el que no tiene un psicólogo o un psiquiatra de cabecera. Es como pensar que nuestro hijo no tiene pediatra o que una mujer no tiene un ginecólogo. En cuanto a cuándo hay que tirar de la medicación le puedo decir que no hay ningún caso igual que otro, que precisamente debe ser un psiquiatra, es decir, una persona que durante muchos años ha estudiado las distintas enfermedades, que es médico, que es especialista y que seguirá estudiando el resto de su vida profesional el que debe aconsejar el momento adecuado para tomar una medicación o para dejarla.

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