DROGAS y PSIQUIATRÍA. Dos caminos unidos

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A pesar de tener vínculos más que demostrados, la percepción social del riesgo de desarrollar una enfermedad psiquiátrica que conlleva el consumo de drogas sigue siendo muy baja. Una conducta que abre el campo al consumo y nos pone en el camino de la dependencia

Además de causar dependencia psicológica y física, neuropatías, enfermedades infecciosas, cirrosis, enfermedades respiratorias o cardiologías, el consumo de drogas favorece la aparición de trastornos psiquiátricos. Según los expertos, entre ellos destacan los trastornos afectivos como la depresión y el trastorno bipolar, las psicosis y los trastornos relacionados con la esquizofrenia.

Los especialistas coinciden en que la sensación de riesgo existente respecto al consumo de tóxicos sigue siendo muy baja, factor que unido la aceptación social de otras drogas legales como el alcohol, el tabaco o los fármacos hipnosedantes, actúa como una puerta de entrada al consumo de tóxicos.

Mucho más peligroso de lo que se piensa
Para el doctor Javier García Campayo, del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Miguel Servet y Profesor Asociado de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, “la percepción social del riesgo de consumir drogas es muy baja. No hay suficiente conciencia de la capacidad que tiene el consumo de drogas para producir enfermedades psiquiátricas y físicas En el caso del alcohol, su consumo se da en situaciones sociales y de celebración y se encuentra completamente aceptado. Sin embargo, el consumo de tóxicos favorece la aparición de las psicosis: por esta razón, los trastornos relacionados con la esquizofrenia en España se han incrementado de forma importante y aparecen varios años antes de media por el abuso de sustancias”.

Datos que hablan por sí solos
•    El 83% de los consumidores de tóxicos presenta un trastorno antisocial de la personalidad, un 60% trastorno bipolar y el 47% esquizofrenia.
•    El 55% de los pacientes vistos en salud mental o en centros de deshabituación presentan patología dual (aparición simultánea de patología psiquiátrica y adictiva).
•    El 20% de la población general ha presentado en algún momento a lo largo de su vida el consumo de alguna sustancia más algún trastorno psiquiátrico.

Patología dual
De la misma manera que el consumo de drogas supone un factor desencadenante de algunas enfermedades mentales, en un alto porcentaje de casos la patología psiquiátrica y adictiva  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosaparecen de forma simultánea. De hecho, dos de cada tres personas con adicción a sustancias estupefacientes sufren, además, alguna enfermedad psiquiátrica.

En este sentido el doctor García Campayo explica que “la patología dual es la asociación de un trastorno psiquiátrico y de una toxicomanía y puede ser una causa de otra o ser independientes. La depresión o la psicosis asociadas son las enfermedades más frecuentes”.

El diagnóstico de la patología dual resulta complejo, ya que ambas sintomatologías interactúan entre ellas y a veces producen cuadros clínicos complejos difíciles de diagnosticar. Por lo general, en todos los casos es necesario combinar el tratamiento psiquiátrico con el tratamiento de la toxicomanía.

Adictos a los hipnosedantes
A pesar de que consumo de drogas más visible socialmente es el de sustancias como el hachís o la cocaína, los expertos alertan sobre el alto consumo de las “drogas legales”, entre las que destacan el alcohol y los hipnosedantes. Éstas son, de hecho, las adicciones más frecuentes observadas en los centros de salud.

Se calcula que aproximadamente un millón de españoles (2,5 % de la población general) son consumidores diarios de  fármacos ansiolíticos o tranquilizantes y entre un 10 y un 20% lo hace de forma esporádica. Su consumo, al contrario de lo que puede pensarse, también tiene riesgos potenciales para la salud.

Según Arbesú Prieto, “la toma con asiduidad de estos fármacos da lugar a fenómenos de tolerancia y dependencia tanto psicológica como física.  En el primer caso la adaptación del organismo al efecto de la droga genera una necesidad creciente de dosis para conseguir el efecto. La dependencia psicológica provoca un deterioro del control sobre el consumo de la sustancia toxica y la dependencia física provoca la aparición de síntomas de abstinencia al suspender el consumo de la sustancia, como son el deseo intenso de consumo, malestar general, agitación, taquicardia y dolores musculares”.

Prevenir desde Atención Primaria
A pesar de que los pacientes drogodependientes suelen mostrarse reacios a solicitar ayuda médica y, por tanto, su abordaje es complicado e insuficiente, el médico de Atención Primaria constituye el primer eslabón asistencial en la prevención, la detección precoz de las dependencias, la evaluación y la valoración de derivación a otras instancias socio-sanitarias.

Para el doctor José Ángel Arbesú Prieto, Coordinador de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), “el primer papel que debe desempeñar el médico de AP es prevenir las adicciones, implementando iniciativas que modifiquen y mejoren la calidad de vida de los individuos, fomentando el autocontrol individual y la resistencia colectiva ante la oferta de drogas. La prevención debe dirigirse fundamentalmente a adolescentes y jóvenes indagando acerca de sus conductas de salud y prácticas de riesgo”.

En la mayoría de los casos, es necesario derivar al paciente a unidades especializadas. “En general, el manejo debe ser interdisciplinar en coordinación con unidades de salud mental o específicas para la atención al drogodependiente”, añade el experto. En este sentido, según afirma el doctor José Ángel Arbesú Prieto, “la derivación a servicios de Psiquiatría está indicada en pacientes que padecen Patología Dual”.

Conducta suicida
Según explica Imanol Querejeta, médico psiquiatra, desde mediados de los 60, las autoridades sanitarias han ido prestando cada vez más atención a este fenómeno alarmadas por el continuo aumento de las tasas de mortalidad por suicidio, así como el de las tentativas de suicidio. La gran mayoría de los estudios coinciden en que las tasas de mortalidad por suicido y las de conductas suicidas incompletas en España son más bajas que las de otros países europeos, aunque con una tendencia creciente en el período 1995 – 2006. Estas cifras suponen 3.500 muertes por suicidio y unas 35.000 tentativas de suicidio en un año. Según este experto, el envenenamiento con psicofármacos es el método principal de las conductas suicidas incompletas. Asociado con el consumo de bebidas alcohólicas es el que se intenta con mayor frecuencia. Los varones de edad media registran los mayores índices de suicidio consumado. Las conductas suicidas incompletas, por el contrario, son más frecuentes en mujeres jóvenes. Según Querejeta, “la existencia de episodios previos hace que el riesgo de repetición sea entre 1,5 y 3 veces mayor en los 12 meses que siguen a una tentativa de suicidio”.

Cocaína: “We are the champions”
Actualmente, la cocaína es la droga ilegal más consumida en España y en Europa, tras el cannabis, y constituye la primera causa de mortalidad en relación con drogas. España es, junto al Reino Unido, el país de la Unión Europea con más alto consumo de cocaína. Se calcula que entre un 4% y un 6% de los adolescentes españoles de entre 15 y 16 años consume cocaína de forma habitual, mientras que entre la población en general el consumo llegar al 8% (la media europea se sitúa en torno al 1,2%). El 75% de los consumidores son hombres.

Aún así, globalmente y respecto a las anfetaminas y al éxtasis, aunque el consumo de c
ocaína es más elevado, en determinadas zonas geográficas las anfetaminas y el éxtasis ya son la segunda sustancia ilícita más consumida. En este sentido, cabe destacar que, en los últimos años, se ha observado una estabilización en el consumo de cocaína que hasta el año 2005 siempre había tendido al alza.

Los infartos que provoca
En general, el consumo de drogas se asocia con toxicidad a diversos niveles: neurológico, cardiovascular, gastrointestinal, músculo-esquelético, obstétrico y neonatal. Concretamente, el consumo de cocaína se asocia a patología cardiovascular tanto aguda como crónica, pudiendo desencadenar en infarto agudo de miocardio o isquemia miocárdica, pero también al desarrollo de arteriosclerosis acelerada, hipertensión, miocarditis, miocardiopatía, arritmias, disección aórtica y endocarditis.

Según la doctora Raquel Marzoa, miembro de la SEC y cardiólogo del Hospital Universitario Juan Canalejo de A Coruña, autora de la revisión del estudio “Cocaína y enfermedad cardiovascular”, “el consumo de cocaína incrementa el riesgo de isquemia miocárdica e infarto, entre otras patologías cardiovasculares, y provoca el 3% de los casos de muerte súbita en España. El riesgo es hasta 24 veces superior en los primeros 60 minutos tras el consumo, aunque la afección cardiovascular puede aparecer hasta días tras del consumo, ya que el riesgo se incrementa incluso hasta cuatro días después”.

De hecho, es la droga ilegal más frecuentemente responsable de visitas hospitalarias, representando el 50% de las urgencias relacionadas con el consumo de drogas, y la que más mortalidad provoca. El riesgo a sufrir estas patologías es hasta 24 veces superior en los primeros 60 minutos tras el consumo. La afección cardiovascular puede aparecer hasta días después del consumo y el riesgo cardiovascular es independiente a la cantidad ingerida o a la vía de administración. El tabaco y el abuso de alcohol tienen un efecto multiplicativo sobre el riesgo cardiovascular.

Además, aproximadamente el 62% de las muertes relacionadas con cocaína están asociadas a problemas cardiovasculares, mientras que el 14% se deben a causas cerebrovasculares, como derrames o aneurismas. Un 20% de las personas que acuden a urgencias por un dolor torácico han consumido cocaína, aunque la mayoría no lo reconocen. De ellos, hasta un 6% presentan infarto de miocardio.

Culpable de…
La cocaína y sus derivados como el crack producen sobre el sistema cardiovascular un efecto derivado de la activación del sistema nervioso simpático, y las concentraciones de adrenalina pueden incrementarse hasta cinco veces por encima de los niveles normales, provocando diferentes grados de taquicardia, vasoconstricción (estrechamiento de un vaso sanguíneo) y elevación de la presión arterial, lo que fácilmente puede desencadenar en alguna de las patologías descritas anteriormente. El síntoma más común en el paciente que consume cocaína  y acude a un Servicio de Urgencias es el dolor torácico, aunque también son habituales otros síntomas como palpitaciones, nauseas, disnea o nerviosismo intenso.

El tabaco y el alcohol suman
Diversos estudios han demostrado que tanto el tabaquismo como el abuso del alcohol tienen un efecto multiplicativo sobre el riesgo cardiovascular. El consumo de tabaco es el factor de riesgo cardiovascular más frecuente que se desarrolla en edades tempranas y el que origina más episodios de cardiopatía isquémica en usuarios de cocaína. Según la doctora Marzoa, “se calcula que el 75% de los consumidores de cocaína consumen también alcohol, y más del 80% son también fumadores”.

Otro de los grupos de sustancias que se asocian con frecuencia al de cocaína son las anfetaminas, que también pueden ser responsables del origen de cardiomiopatías. Tanto la cocaína como las anfetaminas provocan un incremento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial que ya se inicia a los diez minutos de su consumo.

Síntomas y tratamiento
En cuanto al tratamiento, resulta fundamental el conocimiento y la identificación precoz de las complicaciones cardiovasculares derivadas del consumo de cocaína, ya que, en consecuencia, se podrá optar por un tratamiento adecuado.

En el caso de los pacientes que han sufrido infarto o isquemia inducida por el uso de cocaína la primera línea de tratamiento son las benzodiacepinas, que reducen la tensión, la frecuencia cardíaca y el componente ansioso que habitualmente acompaña el cuadro de dolor; los nitratos, para revertir la vasoconstricción que puede causar la droga en las arterias, y la aspirina, con el fin de prevenir fenómenos trombóticos. En el caso de arritmia, el empleo de antiarrítmicos debe realizarse con cautela, ya que el efecto proarrítmico y convulsivo de la cocaína puede verse potenciado.

Según manifiesta la doctora Marzoa, “en pacientes jóvenes que sufren un evento cardiovascular debe considerarse siempre la posibilidad del abuso de cocaína. Determinar si existió consumo de cocaína previo a un síndrome coronario agudo nos permite establecer la estrategia terapéutica adecuada. Por ejemplo, fármacos como los betabloqueantes  que son un pilar fundamental en el tratamiento del infarto de miocárdico (han demostrado aumentar la supervivencia), deben ser evitados en los  paciente con sospecha de infarto de miocardio y consumo  previo con cocaína (ya que puede aumentar el espasmo coronario, es decir, reducir todavía más el calibre de la arteria coronaria afectada)”.