Mario Alonso Puig siempre recuerda la frase de una profesora de Psicología que le marcó y a la que siempre se resistió: “a los siete años la personalidad de una persona está totalmente determinada”. Ahora, gracias a la neuroplasticidad sabemos que esto no es así, lo que nos permite escalar a una dimensión más alegre y positiva de la vida, que nos lleva a decir otra frase mucho más esperanzadora: “aún estás a tiempo”.
El viraje que Mario Alonso Puig, cirujano general y del aparato digestivo, dio hacia el mundo de la mente y la conexión cerebro-bienestar, no deja de sorprendernos: durante 25 años ejerció como médico especialista en cirugía general y del aparato digestivo en hospitales de Estados Unidos y España, hasta que descubrió su pasión por la investigación y la docencia en el campo del desarrollo personal y profesional, convirtiéndose en uno de los autores más leídos en España y países de habla hispana. Tiene nada menos que 12 libros superventas en su haber. El último, El camino del despertar (editorial Espasa), tal y como él mismo confiesa, es su libro más ambicioso, al ser “un mapa que nos lleva a entender cómo manejarse ante desafíos tan complejos como son los conflictos internos”. En esta charla nos sumerge en los laberintos de la mente y nos da las herramientas clave para que “tu cerebro cambie contigo”. En definitiva, nos revela que el cerebro es moldeable y nos explica cómo, si lo entrenamos, nos puede ayudar a crear una realidad llena de oportunidades. Y todo ello gracias a la neuroplasticidad.
Su libro Resetea tu mente, descubre de lo que eres capaz (Editorial Espasa) nos habla de la neuroplasticidad, de la capacidad de transformar nuestra mente al tiempo que nos transformamos a nosotros mismos. Pero de entrada ya eso es una labor titánica. ¿Qué es exactamente la neuroplasticidad y a qué se refiere cuando habla del “cociente agallas”?
La neuroplasticidad, es la capacidad que tiene el cerebro de formar nuevas neuronas a partir de células madre, y de formar nuevas conexiones entre las neuronas. La formación de nuevas neuronas depende de unas células pluripotenciales, situadas en las cavidades cerebrales, que son capaces de migrar a ciertos lugares del cerebro y producir ahí su transformación en neuronas. Este proceso se denomina neurogénesis. La formación de nuevos circuitos neuronales está basada fundamentalmente en la formación de espinas dendríticas que favorecen la conexión con otras neuronas.
Cuando hablo del “cociente agallas”, quiero poner en valor la fuerza que tiene el compromiso, la determinación, la perseverancia y la paciencia a la hora de transformar la “arquitectura” de nuestro cerebro. Se habla mucho del cociente intelectual como si fuera una medida inmutable del nivel de inteligencia de una persona. El “cociente agallas” lo que viene a decir, y explico en mi libro con ese mismo título, es que una persona puede expandir su inteligencia, su creatividad y su memoria, a base de entrenamiento, un entrenamiento que precisa como he comentado de compromiso, determinación, perseverancia y, paciencia.
Este proceso se bloquea cuando una persona vive asustada y deprimida. ¿Qué podemos hacer para creer en nosotros mismos y favorecer que podamos adaptarnos a los cambios?
La neuroplasticidad, se ve muy afectada por el estado emocional de las personas, ya que este estado emocional se asocia a la liberación de una serie de neurotransmisores y de hormonas, que pueden dificultar en gran medida, e incluso impedir la formación de nuevas neuronas a partir de células madre, y también la formación de nuevos circuitos. Para creer en uno mismo, lo que tiene que conseguirse es una mejora en la autoestima, y para eso, tenemos que ir cosechando evidencias de que somos fiables. Es difícil cosechar ese tipo de evidencias si no estamos dispuestos a intentar cosas nuevas, a aprender cosas que no sabemos y a descubrir cuál es la enseñanza que existe tras los errores.
El principio de dejarse llevar, de fluir, lo resume muy bien, el psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung, en esta frase: “Lo que aceptas, te transforma. Lo que niegas te somete”. ¿Pero cómo distinguir entre lo que debemos aceptar y lo que podemos cambiar?
Hay que distinguir fundamentalmente, la aceptación de la resignación. La aceptación tiene asociada una palabra que es superación, es decir, es una aceptación superadora, mientras que la resignación, es el convencimiento de que no se puede hacer absolutamente nada para cambiar una situación. La resignación normalmente se asocia a sentimientos de impotencia, miedo, ira, y desesperanza. Mientras que la aceptación, asume una realidad difícil, pero no se resigna a que el futuro sea igual que el presente, es decir, se acepta el presente tal como es y se empieza a trabajar para transformar eso en el futuro. Es a partir de la aceptación, que no de la resignación, cuando el cerebro, empieza a poner en marcha una serie de procesos que permiten que se piense con una mayor claridad y que se tenga más serenidad y, confianza.
En El Camino del Despertar (editorial Espasa), nos habla de las decisiones que pueden cambiar nuestras vidas, los motores del cambio que nos permiten empezar de nuevo. ¿Cuáles son?
Entre esas decisiones, está decidir ser el protagonista de lo que haces o una víctima de lo que te sucede. En cada momento cualquier persona puede elegir entre ser cercana o ser distante, entre ser valiente o ser cobarde, entre ser humilde o ser prepotente, entre ser agradecida o vivir en la queja, entre vivir con esperanza o vivir sin ella, entre vivir con alegría o vivir amargada. Nosotros podemos tomar muchas decisiones a lo largo del día, alguna de estas decisiones, nos llevan a experimentar alegría, serenidad y confianza, mientras que otras hacen justo lo contrario. Es lógico pensar que hay decisiones que nos permiten avanzar y otras que no.
“Un “yo” sólido, es un “yo” que ha sido capaz de trascender su ego. Las personas que más nos impactan, son personas abiertas y cercanas, no son personas prepotentes, no son personas que quieran dominar o someter”.
¿Y los frenos? ¿Qué actitudes tóxicas nos impiden vivir la vida con plenitud?
Todo aquello que genere en nosotros ira, resentimiento, celos, envidia, preocupación, angustia, sensación de impotencia o desesperanza, va a tener la capacidad de bloquear talentos e incluso de empeorar nuestra salud. Es difícil vivir plenamente con semejantes impedimentos.
El ego: ¿qué puede traer consigo de bueno y de malo?
El ego es una construcción mental con la que nos hemos identificado, es decir, el “yo” individual e incluso a veces el “yo” colectivo, se ha identificado con esta estructura, de tal manera que al final, el ego es quien decide nuestra forma de pensar, nuestra forma de sentir y nuestra forma de actuar. Dado que el ego nos lleva a vernos separados de los demás, separados del mundo e incluso nos separa de nosotros mismos, es difícil encontrar algo positivo en el ego. Un “yo” sólido, es un “yo” que ha sido capaz de trascender su ego. Las personas que más nos impactan, son personas abiertas y cercanas, no son personas prepotentes, no son personas que quieran dominar o someter.
Siempre se ha dicho que las decisiones no hay que tomarlas en caliente, en momentos de cambio, incertidumbre y desafío, ¿cuál es la mejor actitud que podemos adoptar?
Las decisiones que tomamos “en caliente”, son decisiones muchas veces inadecuadas, porque no nos hemos permitido un momento de calma y de serenidad para observar la situación, obtener suficiente información y, tomar entonces la decisión que consideramos más acertada. Incluso en situaciones muy complicadas en el quirófano, es importantísimo tomarse unos segundos para respirar, para serenar la mente y para ver las cosas desde la perspectiva adecuada.
Los pioneros del Mindfulness decían que la mente que divaga es una mente infeliz, una bomba de relojería y que hay que centrarse en el ahora. Qué redes neuronales activamos cuándo nos centramos en el presente.
La mente tiene una gran tendencia a sacarnos del presente y a llevarnos al pasado para lamentarnos por lo que hicimos o dejamos de hacer o proyectarnos al futuro para angustiarnos por lo que podría suceder. La práctica del Mindfulness, lo que hace es entrenar un circuito cerebral que es la red ejecutiva central, en la que están involucradas distintas áreas de la corteza del cerebro, cómo son la corteza dorsolateral y el cíngulo anterior. Se ha observado que cuándo uno entrena esta red neuronal fortaleciéndola a base de entrenar la atención con la práctica del mindfulness, como explico en mi libro “Tómate un respiro”, no sólo mejora nuestra capacidad de atención, sino que incluso mejora la salud.
¿Por qué nos distraemos tanto, ¿qué hacer con el ruido mental, el “runrún” que no nos deja vivir en paz, ¿cómo podemos entrenar la mente para que viva en el presente?
Nos distraemos tanto, porque tenemos una mente muy poco entrenada y porque no nos gusta el trabajo interior. Preferimos obviarlo encontrando distracciones de todo tipo. El ruido mental que tenemos es la demostración palpable de que no gobernamos nuestro pensamiento y que la mayor parte de nuestro pensamiento no es un pensamiento creativo, no es un pensamiento saludable, sino que es un pensamiento automático que muchas veces lo único que nos da es quebraderos de cabeza y, además, tiene un impacto negativo en nuestra salud. El entrenamiento de la mente para vivir en el presente es algo que hoy en día, se considera absolutamente esencial. Una de las prácticas más reconocidas para lograr este objetivo, es el Mindfulness, que consiste en aquietar la mente para que se mantenga completamente en el presente. Se trata de llevar la atención a lo que está sucediendo aquí y ahora, por ejemplo, en los movimientos respiratorios, sintiendo la inspiración y sintiendo la expiración. Y cuando un pensamiento nos distrae, sin enfadarse, pero con firmeza, volviendo a llevar nuestra atención a esas sensaciones corporales que acompañan a la respiración.
Y la queja: ¿no es el principio de todos los males y la autodestrucción?
No cabe duda de que hay cosas que tienen que ser cambiadas porque son inadecuadas, y si no se tiene capacidad de autocrítica y de crítica constructiva, se pueden mantener por un tiempo prácticamente ilimitado, causando múltiples perjuicios. Sin embargo, la queja es algo diferente. La queja no es una crítica constructiva, la queja es un protestar sin buscar soluciones, es un protestar sin buscar alternativas, es un protestar sintiéndose como víctima de todo lo malo que sucede en lugar de hacerse la pregunta: ¿Y yo, en qué manera estoy contribuyendo a este problema? ¿Y yo, de qué forma podría contribuir a su solución?
¿Desde cuándo se sabe que la soledad tiene efectos en la salud física y mental, ¿cuál es la explicación científica, háblenos de la telomerasa?
El ser humano es un ser hipersocial, no solamente la pertenencia al grupo ha sido fundamental en la supervivencia a lo largo de toda nuestra historia, sino que sabemos que las personas cuando tenemos un lazo de amistades, cuando tenemos conexiones emocionales, soportamos mucho mejor todas las dificultades de la vida. La telomerasa es una encima que se encarga de reparar los telómeros. Los telómeros son una especie de capuchones que están en los extremos de los cromosomas y que se encargan de que el ADN que está dentro de los cromosomas, durante la división celular, mantenga esa configuración espacial. Precisamente, durante la división celular, se produce un acortamiento de los telómeros y, si estos telómeros se acortaran más allá de una determinada longitud, la célula no se podría dividir con lo cual acabaría muriendo. Se ha observado, que tener relaciones de afecto, sube los niveles de telomerasa y, por tanto, favorece que los telómeros mantengan una longitud adecuada. La medición de la longitud de los telómeros es hoy en día uno de los marcadores más utilizados para predecir la esperanza de vida de una persona.
Entonces, ¿es el amor el secreto para envejecer bien?
El estudio más prolongado que se ha hecho en el mundo para descubrir cuáles son los elementos más importantes para ser feliz, lo lleva a cabo la universidad de Harvard, y ha mostrado que el elemento más importante para que nos sintamos felices es el disponer de conexiones emocionales, de esos vínculos afectivos que evitan que nos sintamos solos y que hacen que nos sintamos queridos. Como todo lo mental y lo físico está conectado, unos de los elementos que se ha observado que favorece la longevidad es precisamente la conexión humana. En todos los grupos de personas de edades muy avanzadas que se han estudiado en diferentes partes del mundo, se ha visto que un elemento clave para alcanzar tales edades y con tan buena salud, era que tenían un grupo de amigos, que no se sentían solos, que habían tejido una urdimbre de afectos a su alrededor.
Usted cuenta cómo desde el momento en que vio los cambios que sus pacientes experimentaban, cuando se acercaban a ellos interesándose por su vida y por su manera de enfocar la enfermedad todo cambió. ¿Qué importancia da a las palabras a la hora de conectar con el enfermo y ayudar a su curación?
La importancia de las palabras es enorme, no sólo lo que se dice, sino cómo se dice. Las palabras evocan imágenes, las palabras evocan sensaciones y evocan sentimientos. Por eso, el trato es tan importante como el tratamiento.
Y esto con los niños es determinante… Como Patrono de Honor de Juegaterapia muchas veces ha afirmado que “la amistad hace que un niño no se sienta sólo cuando transita por un mundo complejo que es su enfermedad, y que el estado de ánimo durante ese largo camino es fundamental en su curación” ¿Lo ha experimentado en algún paciente de manera reseñable?
Por supuesto que sí. Cuando una persona se siente acompañada, activa su sistema nervioso parasimpático, que se ha demostrado ser fundamental en el mantenimiento de la salud. Cuando una persona se siente sola frente a un desafío como es la enfermedad, y no siente la protección del grupo, se activa de manera sostenida el sistema nervioso simpático. Esto es lo propio del estrés crónico o distrés. Se conoce desde las investigaciones del Profesor Hans Selye, que el distrés es una forma de estrés que perjudica severamente la salud. La Fundación Juegaterapia ha creado un documental que se titula “La quimio jugando se pasa volando” que ha obtenido un gran reconocimiento internacional y en el que se habla extensamente de estos temas.
LOS TRES SUPERPODERES PARA UNASALUD MENTAL SANA
Mario Alonso Puig explica en su libro Los tres superpoderes cuáles son los pilares para tener una buena salud integral: el cuidado del cuerpo, el cuidado de la mente, y el cuidado del espíritu.
- En el cuidado del cuerpo, hay que resaltar la alimentación, el ejercicio físico, la postura y el descanso nocturno.
- En lo que respecta a la dimensión mental, lo más importante es aprender a estar en el presente, reduciendo ese ruido mental que nos lleva al pasado o nos proyecta al futuro.
- Desde el punto de vista espiritual, lo esencial es practicar la gratitud, la empatía hacia los demás, la compasión, la capacidad de perdón, el encuentro con la naturaleza y la oración.
También las cifras de suicidio son cada día más alarmantes sobre todo entre adolescentes y jóvenes. ¿Es bueno hablar del suicidio? ¿Cómo podemos detectar que una persona está en riesgo de suicidio y cómo podemos ayudarle?
Antes de la pandemia, apenas se hablaba de la enfermedad mental, a pesar del número tan grande de personas que sufrían de estas dolencias. Daba la sensación de que hablar de ello era una situación que avergonzaba a quien la padecía, y por eso no se hablaba de ello. Esto para nada impidió que las cifras de personas con situaciones de ansiedad y depresión no pararan de aumentar. Negar la existencia de un problema, nunca ha conseguido hacer que ese problema desaparezca. Considero que pasa lo mismo con el suicidio. No se hablaba de los suicidios, parecía que nadie se suicidaba, y los suicidios seguían aumentando. Naturalmente que tenemos que hablar de estos temas, precisamente para poner medidas eficaces que puedan evitarlo. Lo mismo que al hablarse ahora de la ansiedad y la depresión con mucho menos pudor, se están por fin buscando soluciones y se están empezando a mejorar las estructuras, hablar de algo tan doloroso como es el suicidio, podría llevarnos a buscar medidas para evitarlo. No soy un experto en un campo tan complejo como es el suicidio, aunque sí parece que hay distintos factores que favorecen que esta conducta se pueda producir. Uno de los elementos que más tenemos que observar es la conducta de aislamiento. Hay que procurar que las personas no se aíslen, que puedan hablar de sus problemas, que se sientan cómodos, al menos relativamente cómodos, mostrando su vulnerabilidad, y que no sientan vergüenza de pedir ayuda.
¿Por qué es tan importante cuidarse? ¿Qué factores impiden a las personas adquirir hábitos que les ayuden a tener una mejor salud mental?
Es importante cuidarse, porque cuidarse sí afecta a la longevidad, al tiempo de vida de una persona. El cuidarse o no cuidarse, sí afecta a que se desarrollen o no determinados tipos de enfermedades. También afecta a que una persona no sólo pueda tener una mayor o menor movilidad, sino también a que pueda disfrutar de más años de vida y a que sus seres queridos puedan disfrutar más tiempo de su presencia. Nos cuesta adquirir hábitos porque no les damos suficiente valor y por eso no podemos mantener la persistencia, el compromiso y la paciencia que son necesarios para integrar estos hábitos en nuestras vidas. Queremos cambiar hábitos casi de forma inmediata. Y muchas veces ni siquiera hemos encontrado la suficiente motivación para hacerlo. Cambiar un hábito exige de una gran motivación. Hasta que una persona no encuentre esa motivación, es muy difícil que pueda cambiar un hábito.
Cuando la gratitud sustituye a la queja es más difícil caer en el “síndrome de burnout”.
¿Y cuál es para usted el mejor antídoto contra la depresión?
Se han observado que algunas formas de depresión, no todas, mejoran con medicación. Lo que sí sabemos, es que cualquier depresión incluso las que no mejoran con la medicación, pueden mejorar de una forma muy importante con un cambio en la alimentación, haciendo ejercicio físico y también buscando una mayor socialización. La psicoterapia, la terapia a través de la palabra, ha demostrado que puede también ser muy eficaz en la depresión, ayudando a la persona a encontrar motivos en su vida a través de los cuáles vivir con más ilusión, con más serenidad y con más confianza. Por último, el cultivo de una espiritualidad sana y madura, puede ser de extraordinaria eficacia para mantener una buena salud mental y superar tanto cuadros de ansiedad, como de depresión.
A menudo ha descrito el “síndrome de burnout” o síndrome del trabajador quemado. ¿Qué podemos hacer para combatir el estrés y otros fantasmas a los que volvemos a ver las caras con la vuelta al trabajo?
El “síndrome de burnout” es la consecuencia de no reducir el estrés sostenido que hoy impera en nuestras vidas. El “burnout” es la consecuencia del estrés crónico. El estrés crónico se reduce con periodos de recuperación a lo largo del día. Aproximadamente, cada 90 minutos, dos horas, tendríamos que hacer una pequeña pausa, un pequeño ejercicio de meditación, de respiración, un pequeño paseo, para que nuestro cuerpo y nuestra mente se recuperaran. La falta de recuperación frente al estrés genera carga alostática, una especia de basura química que de alguna manera produce o favorece la aparición de un “cuadro de burnout”. También se reduce el “burnout” cuando nosotros dejamos de anclarnos tanto en la queja, en lo que no funciona, en lo que está mal, en lo que no hemos logrado y nos enfocamos más en aquello que sí funciona, en aquello que hemos logrado y en aquello que está bien. Cuando la gratitud sustituye a la queja es más difícil caer en el “síndrome de burnout”. Todo lo que sea romper con el sedentarismo, dormir por la noche un mínimo de 7 horas, comer adecuadamente, practicar la meditación y buscar aliviar la carga de otros seres humanos, también reduce la posibilidad de padecer el “síndrome de burnout”.
Los procesos de neuroplasticidad se activan desde una mentalidad positiva y se frenan con una visión negativa.
