La alienación parental: nueva forma de violencia infantil

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• En España la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas CC.AA. oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores. En el caso del “bullying” o acoso escolar, estaríamos en torno al 17%. Sin embargo, sólo se detectan el 10-20% de los casos.

Niños maltratados, adultos maltratadores. Ésta es la relación que establecen los médicos de atención primaria, el profesional de la salud que mejor conoce al niño, al adolescente y a su familia, y por tanto, quien mejor puede detectar, tratar o derivar los problemas de violencia con mayor efectividad. Los problemas de violencia aparecen en los niños y adolescentes como burlas, amenazas, insultos, agresión, maltrato por el género, conductas delictivas,… Esta situación puede dañar a la víctima (miedo, deterioro psicológico, problemas de rendimiento escolar, laboral o social), al agresor (al potenciar sus conductas, disminuye la empatía y se refuerza la falta de tolerancia) y a los observadores (les parece normal la violencia).


 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos

Violencia entre padres e hijos

La violencia hacia los niños, o maltrato infantil (MTI) se define como cualquier acción, omisión o trato negligente, cometido por individuos, instituciones o por la sociedad, que prive al niño de sus derechos y libertad, o que interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico y/o mental. En España la prevalencia estimada en las distintas CC.AA. oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores.

En contrapartida, la existencia de límites conceptuales imprecisos da cabida a un espectro muy amplio de situaciones, permitiendo interpretaciones distintas de un mismo suceso. Esta constatación, “unido al hecho de que el MTI ocurra habitualmente en la privacidad del ámbito familiar, y los problemas en el diagnóstico e intervención en la práctica, son factores que influyen en la estimación de que solo se detecten un 10-20% de los casos, y también en las dificultades para conseguir datos epidemiológicos que reflejen la realidad”, explica la doctora Carmen Martínez González, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

En este sentido, “la Atención Primaria de Salud (APS) es un observatorio privilegiado y un escenario normalizado para la detección precoz y la prevención de problemas que ocurren fundamentalmente en el ámbito familiar, como el maltrato”, apunta la pediatra.

Síndrome de alienación parental

El tipo de maltrato más frecuente es la negligencia, pero actualmente asistimos al auge de formas sutiles, sin violencia física, como el “síndrome de alienación parental”,que se podría incluir dentro del maltrato psicológico. A veces en este contexto, padres afectiva y funcionalmente normales, son denunciados por su pareja y convertidos en sospechosos de abusar de sus hijos ante el menor síntoma, como una leve irritación de la zona del pañal o la más mínima verbalización incluso de niños que apenas hablan. Para el manejo de estas situaciones no hay recetas ni protocolos, “pero poner en marcha toda la maquinaria legal para intervenir ante sospechas poco justificados puede ser tan dañino como dejar de intervenir en aquellos casos necesarios”, recomienda la Dra. Martínez.

Violencia entre niños y adolescentes

La violencia entre los niños y adolecentes es una forma de maltrato en sus formas extremas de acoso escolar, también conocido por el término “bullying”. No se consideran como tal las peleas entre iguales si no hay desequilibrio de poder. Los agresores tienen una personalidad dominante, impulsiva, con dificultades para controlar la ira. “Es importante el papel pasivo de los espectadores, que colaboran en el maltrato tanto si se inhiben como si apoyan al agresor”, apunta la pediatra.

La prevalencia en nuestro país está en torno al 17% de la población escolar; en Estados Unidos la violencia en jóvenes se considera como una epidemia para la salud pública y se estima que el maltrato entre iguales en la escuela afecta al 29,9% de los niños y jóvenes escolarizados.

Prevención de la violencia en la infancia y adolescencia

“La violencia que afecta a menores es un problema de salud pública que se puede prevenir y disminuir sus efectos; de la misma manera en que las medidas de salud pública han logrado prevenir y disminuir las enfermedades infecciosas en la infancia, es posible cambiar los factores que contribuyen a producir respuestas violentas, ya sea los dependientes de la actitud y el comportamiento o los relacionados con situaciones sociales, económicas, políticas y culturales más amplias”, comenta el doctor Patricio José Ruiz Lázaro, pediatra de la de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

Según los expertos de SEPEAP y AEPap, existe un gran número de factores de riesgo que han sido implicados en el desencadenamiento de la violencia:

1.
Asociados a los padres, familiares y amigos:

– Antecedentes de maltrato, desatención física o emocional severa.
– Desestructuración familiar.
– Carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades.
– Deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos.
– Aislamiento social.
– Alcoholismo y otras drogodependencias.
– Prostitución. Delincuencia.
– Hijos no deseados. Padres adolescentes.
– Modelos inadecuados de disciplina.

2. Asociados al niño y adolescente:
-Discapacidades, minusvalías psíquicas, defectos congénitos, problemas de salud crónicos.
– Hiperactividad.

3. Asociados al nivel socioeconómico y cultural:

– Desempleo, inestabilidad laboral, pobreza, hacinamiento.
– Aprobación cultural de la violencia y el castigo físico.
– Alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente.
– Exceso de vida social, de trabajo o competitividad.

La comprensión de los factores que incrementan el riesgo de que los menores se conviertan en víctimas o perpetradores de actos violentos “es esencial para formular políticas y programas eficaces de prevención de la violencia en menores”, apunta el Dr. Ruiz Lázaro.

Los adolescentes creen que la violencia es algo normal e inevitable

En una investigación cualitativa, que se está realizando mediante observación participante  en el marco del Programa JAMPA del proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino, en Alcalá de Henares, coordinado por el pediatra Patricio José Ruiz Lázaro, se están detectando en los adolescentes creencias erróneas y actitudes que no ayudan a prevenir la violencia y dificultan la convivencia.

Ellos creen que:

– “La violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse”.
– “Todos lo hacen”.
– “Juntarse chavales de distintas tribus urbanas (raperos, pokeros, bakalas, heavys, …) es mal rollo seguro”.
– “Las cosas de la calle se resuelven en la calle: a hostias”.
– “Si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan, y si no te respetan no eres nadie”.
– “A veces estoy nervioso, necesito descargar la tensión y pegar a alguien”.
– “Los padres no se enteran de qué va la calle, no me pueden ayudar”.
– “Lo que pasa en la calle es problema nuestro, no se cuenta a nadie… no somos chivatos”.
– “El que provoca se merece un escarmiento”.
– “La quiero tanto por eso soy tan celoso”.
– “Los hombres que pegan a las mujeres son los que beben”.
– “La coca te pone violento, los porros te relajan”.
– “Hay chavales que se lo buscan, merecen que se les pegue, por pipas”.
– “A mi nadie me toca, sólo me toca mi padre” (tocar = sacudir).

Estrategias de intervención

La estrategia más exitosa, recomendada por la Organización Mundial de la Salud es intervenir desde un modelo en cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Cada categoría del modelo representa un grado de riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención.

La vida cotidiana del adolescente no está cargada de planificación sobre lo que se quiere hacer, sí de inmediatez, novedad, acción, experiencia en relación con lo hay a su alrededor. De ahí, “la dificultad de la aceptación por el adolescente de los mensajes preventivos si tratan de inocular valores inamovibles, mensajes unívocos referidos estrictamente a la salud y a la “no violencia” como valores” explica el Dr. Ruiz Lázaro.

La sociedad de consumo y la estructura social existente, que se concreta en contextos, servicios y mercados generadores de “carencias” (imposible conseguir todo lo que se oferta) y niveles de frustración bajos (siempre queremos más), ejerce una influencia sobre los adolescentes que los obliga a una manejo permanente de potenciales situaciones conflictivas. Por esto, “es fundamental ofrecer escenarios distintos a los existentes para generar en los adolescentes nuevas actitudes y comportamientos frente a la violencia”, finaliza el pediatra.

Recomendaciones de los pediatras de AP

En este sentido los pediatras de AP demandan:

1) La ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables.

2) Ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, que amplíen la experiencia de relacionarse con otras personas de forma saludable (amistad e integración como prevención).

3) Iniciar en la comunidad un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social; y permitan superar situaciones de alto contenido de agresividad y violencia presentes en el ámbito comunitario (incluida la vida política española).

4) Generar espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales para:
a. Favorecer el análisis de situaciones en donde predominen conductas violentas.
b. Encontrar propuestas de cambios actitudinales en la vida pública (favorecer la capacidad de ponerse en el lugar del otro)
c. Instalar el diálogo para reestablecer valores como la igualdad y el respeto mutuo, así como rechazar sus obstáculos (el racismo, el sexismo)

5) Que las actividades de prevención de la violencia se realicen necesariamente con participación de jóvenes, como sucede en el proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino (http://adolescentes.blogia.com)

6) Fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar.

7) Animar a los padres a participar en  actividades de educación para la salud que incrementen sus habilidades educativas y afectivas, como son la educación maternal preparto ó las escuelas de padres, y a los adolescentes en programas de educación sexual.

8) Mejorar la formación del personal sanitario y de los profesores para detectar situaciones de riesgo importante susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales.