La alimentación cuando se padece cáncer, una cuestión vital

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Un paciente con cáncer se enfrenta a situaciones que no solo interfieren en su apetito y bienestar, sino que hacen anómala su relación con los alimentos, alterando su olor, sabor e incluso textura. Hacer su menú más agradable es cuestión de dominar algunos conceptos.

Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer no es una tarea fácil, no sólo por la complejidad de la enfermedad en sí, sino por el gran impacto sociocultural que conlleva. En la actualidad existen más de 100 tipos de cáncer y gracias a los avances de la medicina, en la actualidad se curan de esta enfermedad un gran número de personas. En este contexto, si una dieta equilibrada es importante para cualquiera, en los pacientes oncológicos se hace fundamental, debiendo incluir alimentos de todos los grupos (verduras, frutas, legumbres, pescados y carnes) en cantidades suficientes.

Según explica Francisca Ruiz Mata, diplomada en Enfermería del Servicio de Oncología Médica del Hospital General de Cataluña en Sant Cugat del Vallés, en el Manual para el  Paciente Oncológico y su familia, editado con el patrocinio de Pfizer, para un paciente con cáncer, mantener un estado nutritivo equilibrado ayuda, sin duda, a sobrellevar mejor su tratamiento y tener mayor sensación de bienestar. Así lo han constatado los expertos reunidos recientemente en el curso de formación organizado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) en colaboración con la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), dirigido a los oncólogos tanto radioterápicos como médicos, quienes por su actividad en los hospitales toman un papel activo en lo que a la nutrición artificial se refiere, y en el que se ha evidenciado que en todos los casos de cáncer, un paciente bien nutrido tiene mejor pronóstico.

Cómo interfiere el tratamiento
La aplicación de terapias antitumorales (quimioterapia, radioterapia, transplante de médula etc.), tiene graves efectos sobre la salud general del enfermo. Hay que tener en cuenta que se emplean compuestos que resultan muy tóxicos para el organismo, además de producir inflamación de diferentes tejidos, sobre todo los del tracto digestivo. Esta situación provoca que no se pueda lleva a cabo una buena absorción de nutrientes. Estos tratamientos también provocan nauseas, vómitos y otras alteraciones digestivas, que tienen consecuencias muy negativas sobre el apetito. En este caso se produce desnutrición yatrógena (provocada por la medicación).

1.    Quimioterapia: puede producir anorexia, nauseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, estomatitis, esofagitis. La caquexia es un estado de extrema desnutrición, atrofia muscular, fatiga, debilidad y anorexia que se da con cierta frecuencia en pacientes con cáncer sometidos a tratamiento con quimioterapia. Además son muy frecuentes trastornos del sabor,  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentoscomplicaciones infecciosas etc. Todos estos síntomas suelen durar varias semanas. También suele aparecer fiebre, debido a la disminución del sistema de defensa. Esta situación suele aumentar en un 25% las necesidades energéticas.

2.    Radioterapia: suele producir efectos tardíos. Cuando las radiaciones se aplican sobre cabeza y cuello suelen aparecer trastornos en el gusto y en el olfato, sequedad de boca, gingivitis, disfagia, caries etc. Cuando se irradia la zona abdominal y pélvica son frecuentes las alteraciones diarreicas, vómitos, enteritis, fístulas etc. En la irradiación torácica son frecuentes las esofagitis, disfagia, nauseas, vómitos etc. También suele aparecer sensación de fatiga y consecuente disminución del apetito. Las secuelas tardías siempre están relacionadas con la malabsorción que suele ser consecuencia de la inflamación crónica del intestino.

3.    Inmunoterapia: se suele asociar con fatiga, fiebre y debilidad que conllevan disminución del apetito y aumento en la necesidad de proteínas y calorías.

Cada paciente es único
Cada paciente es único y su forma de responder a los tratamientos es diferente. Algunas personas sometidas a tratamientos de quimioterapia o radioterapia mantienen un estado nutritivo adecuado, sin padecer efectos secundarios (diarrea, estreñimiento, náuseas, etc.) o experimentándolos en forma muy leve. Al margen de las peculiaridades, como regla general, para prevenir los efectos secundarios digestivos de los tratamientos (náuseas, vómitos, etc.) es aconsejable comer una, dos o tres horas antes de la quimio o radioterapia. Para evitar o disminuir los efectos adversos de los tratamientos, se recomienda seguir una dieta baja en grasas, es decir, de fácil digestión, el día anterior a la quimioterapia, durante los días de tratamiento y los dos o tres días posteriores, pasando progresivamente a la dieta habitual. En los casos de inapetencia o mala digestión, se puede fraccionar la dieta en unas seis tomas diarias (comidas frecuentes y de poco volumen) sin que sea necesario realizar las tradicionales tres comidas principales.

Náuseas y vómitos
Qué hacer:

• Empezar el día tomando alimentos secos, como tostadas o galletas poco aceitosas.
• Evitar los alimentos lácteos enteros, productos ácidos y zumos de frutas ácidas.
• Distribuir la alimentación en pequeñas comidas frecuentes a lo largo del día.
• Tomar bebidas y alimentos de fácil digestión y más bien fríos.
• No mezclar en la misma comida platos calientes y fríos.
• A veces los alimentos salados se toleran mejor que los dulces.
• Evitar fritos, salsas y aderezos con vinagre.
• Cocinar preferiblemente al vapor; las carnes y pescados a la plancha.
• Consumir alimentos de bajo contenido en grasa para vaciar el estómago más  rápidamente y tener una fácil digestión. Se aconsejan carnes  como el pavo y el pollo, pescados blancos, atún enlatado en agua, leche y quesos desnatados.
• Cocinar con condimentos como la canela, la menta, el hinojo, el tomillo, la albahaca, el laurel y el jengibre.
• Las infusiones de manzanilla, menta, anís, azahar o hierba luisa después de las comidas ayudan a encontrarse mejor.
• Es preferible no beber durante las comidas.
• Ofrecer líquidos dos horas después del vómito.
• Algunos sorbos de bebidas de cola ayudan a calmar las molestias digestivas.
• Tener aire fresco en la casa. Respirar más oxígeno ayuda a calmar el estómago y puede disminuir la sensación de náuseas.
• Fomentar el reposo y la relajación. Descansar incorporado una hora después de comer. No acostarse inmediatamente.
• Se sugiere el uso de ropas holgadas.
• Evitar los olores fuertes y desagradables, como olores de cocina, tabaco o perfumes.
• Masticar bien la comida y comer despacio.
• Respirar profunda y lentamente cuando se sientan las náuseas.
• Realizar enjuagues de boca para eliminar sabores desagradables.
• No olvidar tomar la medicación prescrita para los vómitos.
• Preguntar al médico o enfermera por suplementos dietéticos si la ingesta no es suficiente.

Alteraciones del gusto y el olfato
Qué hacer:

• Determinar los momentos y las comidas en que se observan alteraciones de los sabores y olores para intentar evitarlos en un futuro.
• Intentar escoger comidas con buena apariencia y olor.
• Si el olor de la comida molesta mucho, comprar comida preparada o pedir a alguien que la prepare.
• No entrar en la cocina cuando se prepara la comida.
• Comer las comidas que se toleren mejor, aunque sea la misma durante un tiempo.
• Elegir preferentemente pescados y carnes blancas. Macerar con zumos de frutas, vino, salsas agridulces, especias.
• La carne y el pescado hervidos desprenden menos olor que cocinados a la plancha, parrilla, horno.
• Enmascarar alimentos poco apetecibles, como la carne o pes
cado, en purés o cremas.
• Cocinar con condimentos suaves, como la albahaca, la menta, el orégano, el romero, el tomillo, el laurel, el hinojo, la mejorana, zumo de naranja o de limón.
• Para cocinar elegir formas culinarias que no añadan sabor excesivo de forma que se consigan formas neutras.
• Evitar alimentos fuertes en aroma o sabor: café, coliflor, cebolla, carnes rojas, vinagretas, ajo.
• Comer los alimentos fríos o templados para evitar que desprendan olor y disminuir su sabor.
• Cocinar con gelatina permite mezclar alimentos, tomarlos fríos y enmascarar su sabor.
• Poner más azúcar o sal a las comidas si no están limitados.
• Beber de dos a tres litros de agua al día. Puede añadirse un zumo de limón para mejorar el sabor.
• Elegir preferentemente pescados y carnes blancas.
• Preferir la preparación de las comidas al vapor.
• Comer los alimentos templados o fríos.
• Cocinar con condimentos suaves.
• Evitar entrar a la cocina cuando se prepara la comida.
Consejos en caso de notar sabor metálico
• Elegir sabores fuertes como el queso curado, el jamón, etc.
• Si no se tolera la carne, sustituirla por otros alimentos ricos en proteínas: pescado, mariscos, queso, huevos, legumbres, soja, etc.
• Realzar el gusto de los alimentos con diferentes salsas: bechamel, mayonesa, salsas con base de huevo, nata, etc.
• Beber té de menta o con limón: ayudan a suprimir el sabor metálico.
• Eliminar los sabores extraños en la boca mediante enjuagues bucales y caramelos, chicles, etc.
• Utilizar cubiertos de plástico.
• Probar utensilios de madera para cocinar.
• Evitar el contacto de productos ácidos (vinagre, zumos de frutas, tomates) con  recipientes metálicos, pues facilitan la disolución de estos últimos (algunas cacerolas de acero inoxidable liberan níquel en contacto con alimentos ácidos).

El enfermo bajo de defensas
Qué hacer:

• Preferir los alimentos cocinados a los crudos (vegetales, carnes y pescados, siempre cocinados).
• Comer fruta que se pueda pelar: plátanos, mandarinas, etc.
• Comer alimentos industrializados con control estricto microbiológico: zumos, helados, leche…
• Beber preferentemente los zumos de fruta o de vegetales envasados.
• No comer fiambres, huevos crudos y requesón.
• Evitar los pasteles rellenos de nata o crema.
• No comer queso azul y roquefort.
• Añadir las especias, hierbas durante la cocción y no después.
• Cocinar y aliñar con aceite de oliva virgen.
• Utilizar siempre que se pueda la olla exprés porque esteriliza.
• Utilizar medidas asépticas al cocinar: lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de preparar las comidas, antes de comer y después de ir al baño.
• No compartir vasos.
• Cambiar de cepillo de dientes cada tres meses. Los cepillos contienen microrganismos que pueden provocar infección. Cambiar de cepillo de dientes después de haber tenido una infección de la boca.
• Evitar cortaduras y contusiones; utilizar guantes de jardinería; no hacerse manicuras.
• Evitar cepillar los animales de compañía, limpiar jaulas, etc.
• Pedir a las personas con algún tipo de infección o resfriadas que retrasen su visita hasta que haya aumentado en defensas.
• No utilizar enemas ni supositorios sin orden médica.
• No vacunarse sin antes consultar al médico o enfermera de referencia. Una temperatura igual o superior a 38ºC indica la posibilidad de una infección y requiere consultar al médico o enfermera qué se debe hacer en una situación así. Hay ocasiones en las que algún medicamento, o la propia enfermedad, pueden provocar fiebre.

Pérdida de apetito o anorexia
Qué hacer:

• Tener en cuenta las preferencias del paciente.
• Variar la dieta, experimentar con recetas nuevas, sabores, especias y diferentes tipos de comidas. Esto es muy importante ya que los gustos podrían variar cada día.
• Comer pequeñas cantidades de alimentos varias veces al día.
• Preparar los platos de forma variada y atractiva buscando diferentes texturas y colores.
• Comenzar (antes de la dieta hipercalórica) con una dieta normal, completa y de fácil  digestión. De forma gradual y según se vaya tolerando, introducir en la dieta alimentos de mayor valor nutritivo.
• Cuando se empiece a ganar peso, se pueden comer menos ensaladas, verduras,  productos desnatados que llenan y tienen poco valor nutritivo.
• Evitar beber líquidos durante la comida. Beber al día de dos a tres litros de agua.
• Tomar una limonada, zumo de naranja, cóctel antes de la comida si o está  contraindicado (los frutos ácidos pueden estimular el apetito).
• Si el médico lo permite, tomar un vasito de vino durante la comida: puede estimular su apetito.
• Cocinar añadiendo al alimento proteínas y calorías sin aumentar su volumen. Algunas maneras son añadir miel, nata, leche en polvo o soja en polvo al alimento que
se está preparando; añadir mantequilla, margarina, nata, crema de leche, queso a la
pasta italiana, arroz, patatas; usar leche en vez de agua para diluir sopas condensadas o purés, etc.
• Si tolera bien alguna comida, puede repetirla durante varios días.
• Comer cuando se tenga apetito, aunque no sea en el horario convencional.
• Intente cambiar su rutina de comidas, por ejemplo, coma en diferentes sitios.
• Servir la comida en un ambiente agradable y tranquilo.
• Propiciar compañía durante las comidas; cuando se coma sólo, escuchar la radio o ver la televisión. Hacer que las comidas sean más agradables y relajantes e intentar salir a comer fuera en alguna ocasión.
• Guardar el alimento cuando no se está comiendo.
• Caminar antes de las comidas puede estimular el apetito.
• Intentar comer algo antes de ir a la cama: no afectará a su apetito para la siguiente comida.
• Usar platos grandes para que parezca que hay menos comida.
• Combinar en un solo plato, un primero y un segundo.
• Si se toman dos platos, retirar el primer plato antes de servir el segundo.
• Pedir a familiares o amigos que preparen la comida. Tener comidas preparadas en la nevera y el congelador en porciones individuales.
• Consultar a su médico antes de usar suplementos nutricionales.
• Tener en cuenta las preferencias del paciente.
• Comer pequeñas cantidades de alimentos y varias veces al día.
• Añadir al alimento proteínas y calorías sin aumentar su volumen.
• Guardar el alimento cuando no se está comiendo.