La ficha del mes: ESCLEROSIS MÚLTIPLE

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La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica del sistema nervioso central para la que actualmente no existe cura. La provoca una alteración del sistema inmunológico propio que actúa contra la mielina, una sustancia de aislamiento y apoyo que rodea las neuronas del cerebro, la médula espinal y el nervio óptico, provocando inflamación y las consiguientes lesiones.

El daño neuronal puede dar lugar a una amplia sintomatología como debilidad muscular, cansancio,  problemas de visión, de memoria o depresión, y conducir a una discapacidad progresiva. La mayoría de las personas con esclerosis múltiple (EM) experimentan sus primeros síntomas entre los 20 y los 40 años, convirtiendo esta enfermedad en la principal causa de discapacidad no traumática en personas jóvenes. En España, la prevalencia es de 100-125 pacientes por cada 100.000 habitantes.

Sus formas

  • La esclerosis múltiple recurrente es la forma más común de esta enfermedad. En las fases iniciales puede no haber síntomas, a veces incluso durante varios años, aunque las lesiones inflamatorias ya se están produciendo. Los brotes son imprevisibles y pueden aparecer síntomas en cualquier momento -nuevos o ya conocidos- que duran algunos días o semanas y luego desaparecen de nuevo.
  • Algunas personas con EM recurrente, desarrollan con el tiempo un empeoramiento neurológico progresivo Es lo que se llama forma secundaria progresiva (EMSP). Otros enfermos, sin embargo, se mantendrán estables durante muchos años sin entrar nunca en esta fase progresiva.
  • La esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP) es una forma discapacitante caracterizada por un empeoramiento continuo de los síntomas, pero generalmente sin periodos diferenciados de recaída y remisión. Aproximadamente, la sufre una de cada diez personas con esclerosis múltiple y en la actualidad, no existen tratamientos aprobados para ella.

Cuanto antes, mejor
A pesar de que hoy en día no existe cura para la EM, cada vez se controla mejor con la ayuda de fármacos modificadores del curso de la enfermedad, que logran reducir el número, la frecuencia y la intensidad de los brotes y la cantidad y volumen de lesiones que aparecen en el cerebro. Las personas con esclerosis múltiple pueden experimentar actividad y progresión de su patología, incluso cuando no muestran síntomas, con el consiguiente aumento del daño y riesgo de discapacidad. Por esta razón, la aplicación del tratamiento desde las primeras etapas de la enfermedad es clave para proteger la calidad de vida de los pacientes.


Tratamiento consensuado
La evolución de la esclerosis múltiple es impredecible, lo que la convierte en una patología con un abordaje especialmente complejo. En las últimas dos décadas se ha pasado de no tener tratamientos a contar con un amplio campo terapéutico. El doctor Javier Carod, del Departamento de Neurología del Hospital Raigmore, en Inverness (Reino Unido), explica que “los pacientes con elevada actividad de la enfermedad se pueden beneficiar de tratamientos más agresivos, de carácter inmunosupresor. Sin embargo, estos nuevos fármacos pueden tener un perfil mayor de efectos secundarios a corto, medio y largo plazo. En cambio, los pacientes con formas menos agresivas prefieren un fármaco inmunomodulador de primera línea, cuyo perfil de eficacia y seguridad se conoce mejor a largo plazo”. Por todo ello, la decisión sobre el tratamiento en EM debe ser consensuada entre médico y paciente, explica este experto.

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