Los expertos insisten: la protección solar es necesaria desde la niñez

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La exposición al sol es beneficiosa y necesaria para la vida humana; estimula la síntesis de vitamina D, favorece la circulación sanguínea y actúa en el tratamiento de algunas dermatosis. Sin embargo, una sobreexposición en la intensidad y el tiempo que pasamos al aire libre en verano puede acarrear una serie de efectos malignos para la piel y la salud en general, que van mucho más allá de las quemaduras evidentes de los días inmediatos, pudiendo ser el detonante de manchas, arrugas, cataratas, cáncer cutáneo y tumoraciones superficiales a largo plazo.

La aparición del cáncer de piel se relaciona, pues, con la exposición a los rayos solares durante períodos de tiempo largos y con exposiciones intermitentes e intensas. Según estimaciones de la OMS, cada año se producen en todo el mundo más de 2 millones de cánceres de piel distintos del melanoma y 200.000 melanomas malignos. Según distintos estudios clínicos, utilizar un fotoprotector de factor 15 durante los primeros 18 años de vida puede reducir hasta un 78% el riesgo de cáncer cutáneo.

Recomendaciones para el verano
Por este motivo y teniendo en cuenta la llegada de la época veraniega, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) proponen una serie de consejos para prevenir estas enfermedades y lesiones que, sobre todo, se producen en verano. La Dra. Juani Solano, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), afirma que los cuidados más importantes en este aspecto son “evitar exponer a los niños al sol entre las 12 y las 17 horas, usar cremas o lociones fotoprotectoras con un factor de protección 15 o mayor en niños de piel clara, pelirrojos, niños de ojos claros, con pecas o afectos de dermatitis atópica u otras enfermedades de la piel”.

Más del 90% de los cán¬ceres de piel aparecen en áreas expuestas al sol; la cara, el cuello, las orejas, los ante¬brazos y las manos son las localizaciones más fre¬cuentes de un cáncer que tiene su principal causante en los rayos invisibles Ultravioleta (UV), más intensos en el verano, en zonas  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosde mayor al¬tura y mayor proximidad al ecuador. Los efectos de estos rayos aumentan por el viento y las propiedades reflectoras de la superficie del suelo; la arena refleja entre un 10% y un 25% de estos rayos, por lo que la exposición de los bañistas es especialmente intensa.

Por todo ello, ambas sociedades científicas aconsejan la precaución en la exposición solar y el uso de lociones fotoprotectoras. Las recomendaciones de los pediatras pasan por “aplicar el fotoprotector antes de salir de casa y renovar frecuentemente su aplicación, aproximadamente cada dos horas, o antes si el baño es prolongado o hay un incremento de la sudoración. Otras medidas útiles son el uso de gorras o sombreros anchos y gafas de sol con cristales homologados”.

“También es recomendable el uso de lociones hidratantes y calmantes con posterioridad a la exposición, que actúan conjuntamente con la finalidad de calmar la quemazón cutánea y paliar y/o corregir las anomalías originadas por la agresión solar. Finalmente, es aconsejable el uso de ropa que proteja la piel lo más posible, que no deje pasar la luz visible”.

Otros consejos y peligros en verano
Las medidas recomendadas por los pediatras de AP van más allá de la fotoprotección, proponiendo unos sencillos consejos para asegurar un verano libre de accidentes para mayores y pequeños. Así, desde AEPap y SEPEAP señalan que la asfixia por inmersión o ahogamiento es una causa frecuente de muerte en verano; concretamente representa el 8% de la mortalidad infantil en este periodo, especialmente por debajo de los 5 años y en varones adolescentes.

Así, los ahogamientos son, hoy por hoy, la segunda causa de mortalidad infantil entre los niños de uno a cuatro años y se producen con mayor frecuencia en las piscinas privadas (donde se produce el 73% de la mortalidad asociada) que en las públicas.

La afluencia masiva a playas, el aumento de piscinas privadas y, sobre todo, las actitudes inadecuadas de los bañistas son las principales causas de este fenómeno, por otra parte fácilmente prevenible, que podría disminuir sus cifras de incidencia “iniciando el aprendizaje de la natación en torno a los 4 años de edad y manteniendo una vigilancia activa por parte de los padres, evitando en lo posible prácticas peligrosas como las ahogadillas o los saltos de cabeza”, según la Dra. Solano.

Hidratación y alimentación
Las cremas hidratantes no son en sí mismas suficientes para asegurar una protección adecuada en verano. La hidratación y la alimentación juegan un papel importante; los expertos destacan en este sentido que “para evitar el golpe de calor y las posibles deshidrataciones es aconsejable incrementar el consumo de agua en los meses cálidos; el mínimo recomendado diariamente son unos dos litros, cantidad que debe aumentarse en uno o dos litros más si se hace deporte o se permanece mucho tiempo al aire libre Lo ideal es beber agua con frecuencia, antes de tener sed. Ofrecer a menudo a los niños pequeños agua, y en ocasiones alguna otra bebida fresca, tipo zumo natural o leche”.

En cuanto a la comida, para prevenir intoxicaciones o infecciones intestinales por comidas en mal estado es aconsejable tomar productos recién preparados, refrigerar comidas si se van a transportar a la playa, beber agua embotellada y evitar comidas con huevos que se deterioren con facilidad. Las medidas básicas de higiene como lavado frecuente de manos y el lavado de verduras y frutas, son la medida más eficaz y económica para evitar infecciones.

Las picaduras
Las picaduras son muy frecuentes en la época estival, especialmente durante la noche y al atardecer. Puede ser útil en personas muy sensibles el uso de repelentes naturales en forma de barra o loción, así como enchufes con insecticidas en las habitaciones y mosquiteras en puertas y ventanas.

En contra de lo previsible, los expertos no encuentran aconsejable la utilización de lociones con amoniaco o antihistamínicos tópicos que, aunque calman el picor, pueden sensibilizar la piel. Para disminuir el riesgo de picaduras, es mejor usar ropa de colores poco llamativos, evitar paseos por zonas húmedas y no usar perfumes de olor intenso.

Son especialmente frecuentes las picaduras de abejas, avispas, arañas y medusas. El contacto con los tentáculos de las últimas puede dar lugar a la aparición de una lesión urticariforme en las zonas de contacto. “Se aconseja salir del mar y buscar ayuda, por la posibilidad de sufrir calambres que puedan provocar ahogamiento o, menos frecuentemente, un shock anafiláctico. La zona de la picadura debe limpiarse con agua salada, nunca con agua dulce porque podría ocasionar rotura de células que hubieran quedado adheridas y producir aún más daño. Si quedan restos de medusa, quitarlas con pinzas o guantes gruesos, o en su defecto con una toalla gruesa, sin frotar ni introducir arena en la herida. Se aplicará frío, por ejemplo hielo rodeado de una bolsa de plástico. No conviene aplicar hielo directamente en la herida a no ser que sea de agua salada. En ocasiones, tras la picadura se puede observar un cuadro de agitación, cefalea, angustia o conjuntivitis, que suele ceder en pocas horas”, según la pediatra de AP.
   
Cuidado con los viajes
Por último, los pediatras de AP recomiendan programar la salida con antelación, realizar paradas cada dos horas para descansar, beber frecuentemente y cubrir las ventanas con parasoles son algunos de los consejos de los pediatras para evitar golpes de calor y deshidratación durante los viajes. No olvidar abrochar los cinturones de seguridad y usar los dispositivos de transporte homologados correspondientes a cada edad. Si el viaje es en avión, es útil ofrecer agua a los lactantes o niños pequeños en los momentos de despegue y aterrizaje, para disminuir las molestias en los oídos, también es útil el chupete. Si el niño es mayor puede masticar chicle.

Algunas personas son especialmente sensibles al movimiento y es frecuente que algunos niños sufran cinetosis, especialmente en viajes en barco o trayectos largos con muchas cur
vas. Puede aliviarse esa molesta sensación con comprimidos o chicles masticables de biodramina, conducción suave y paradas frecuentes.