PADRES SEPARADOS: minimizar el trauma de los niños

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La colaboración del pediatra de Atención Primaria es clave para minimizar el efecto traumático que produce la separación de los padres en los niños, situaciones que cada día son más frecuentes. Por ello, en ese momento el consejo de estos profesionales, debido a su cercanía, puede reducir el estrés y el sufrimiento de los hijos y de los padres.

“La infinidad de dudas inconscientes (¿ya no me quieren?, ¿qué habré hecho mal?) y las realidades como la ausencia de uno de los progenitores en casa, el cambio de domicilio, etc., inevitablemente hacen sufrir”, explica la Dra. Carmen Martínez González, pediatra de Atención Primaria, Master en Psicoterapia y representante de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP). A esto se le suma el efecto de “la creación de nuevas parejas a partir de las nuevas relaciones de los progenitores ya que éstas en ocasiones tienen hijos de sus relaciones anteriores que, a veces, complican aún más el proceso. Todo ello conlleva que la separación de los padres puede repercutir en los hijos de forma negativa”, subraya el Dr. Pedro Javier Rodríguez Hernández, pediatra y especialista en Psiquiatría Infantil, representante de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

La forma en la que puede colaborar el pediatra de Atención Primaria es múltiple. Por un lado, a través del acompañamiento en el proceso ya que los padres se pueden sentir solos y no saber a quién acudir. Además, se pueden anticipar a las posibles reacciones del niño ofreciendo explicaciones adaptadas a su edad y tipo de familia.

No menos importante es “la detección de situaciones en las que haya que derivar a otros profesionales, por ejemplo a los servicios de salud mental si la situación lo requiere y la orientación de los padres para involucrar lo menos posible a los hijos en sus desavenencias”, explica la Dra. Martínez González.

Recomendaciones para los padres
Cuando la decisión de la separación es firme y llega el momento de trasmitírsela a los hijos, es importante explicarles que siguen queriéndoles igual para evitar la sensación de abandono y  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosculpabilidad que muchas veces tienen; ofrecer explicaciones acordes con la edad del niño, para que capten claramente lo que ocurre, y entender los síntomas del niño.

En la mayoría de los casos las explicaciones de los padres y la vuelta a la rutina diaria normalizan los síntomas, que a veces presentan los afectados. “Los más pequeños –explica  el Dr. Rodríguez Hernández- pueden retroceder en sus logros como volver a usar pañales; a cualquier edad es normal que un niño tenga síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal…) que expresan el malestar secundario a la separación de sus padres, incluso en separaciones ‘amistosas’”.

También a cualquier edad pueden tener lugar otros síntomas inespecíficos que afectan al sueño, la alimentación, el rendimiento escolar o la conducta. Y, en ocasiones, aparecen problemas emocionales que se exteriorizan mediante sentencias que afectan a los progenitores. Por ejemplo, “tu ya no me quieres”, “me quiero morir”, “eres malo conmigo”, etc. En este caso, recomiendan los expertos: “es importante entender, escuchar y explicar el motivo por el que se siente así y librarle de las dudas de la pérdida del cariño de sus padres”.

A la hora de establecer la nueva dinámica que surge tras la separación, es esencial, velar por los intereses de los niños, en la medida de lo posible. Por ello se debe intentar, según los Dres. Martínez González y Rodríguez Hernández, “mantener en lo posible los vínculos afectivos con abuelos, primos, tíos, etc.de ambas partes; que el niño disponga de un espacio propio y estable, tanto en su casa como en la nueva casa del progenitor que se ha marchado, y que los amigos y las rutinas diarias no se vean alterados (mismo colegio, horarios, actividades, etc.)”.

En cuanto a las características de las relaciones que se establecen después de la separación, las recomendaciones principales dependen de cada caso. Cuando la separación no es amistosa, se puede acudir a un servicio de mediación familiar o a los tribunales de justicia. Aunque en la medida de lo posible hay que procurar judicializar lo mínimo la vida del niño. “En demasiadas ocasiones, los hijos se utilizan como un elemento de chantaje emocional que puede terminar en largas y estresantes peritaciones y en la asistencia a juicios. Todo esto son elementos perturbadores poco adecuados para el desarrollo afectivo y emocional del niño”, asegura la pediatra de Atención Primaria.

Evitar desacuerdos
No manifestar los desacuerdos de pareja delante del niño, consensuar las decisiones (por ejemplo los castigos, el tiempo de TV, lo que se le compra, etc.), no involucrar al hijo en decisiones de adultos y sobre todo, no predisponer en contra del otro progenitor y en la medida de lo posible, transmitir ideas positivas del mismo, sin mentir, son otras de las pautas que proporcionan los especialistas.

“Incluso en las ocasiones en las que existan elementos negativos, siempre es posible encontrar algo positivo que se le puede recordar al niño. Y poco a poco, según la edad y capacidad de comprensión, se le irá informando también de la parte negativa”, explica la Dra. Martínez González.

También es conveniente no caer en algunas tentaciones como que “el niño sea un informante de todo lo que pasa en la casa del otro progenitor ya que, estas conductas que en ocasiones se favorecen y premian, por alguno de los padres, son desafortunadas”, señala el Dr. Rodríguez Hernández quien añade que lo más adecuado es que “cuando el niño cuente algo que corresponde al ámbito privado del otro domicilio, se le debe indicar la inadecuación de su comportamiento, o restar importancia”.

En otros casos se intenta compensar el estrés que produce la separación en el niño con regalos y concesiones que, normalmente, no se harían. Lo correcto es evitar ese exceso de permisividad y actuar siempre de común acuerdo con el otro progenitor. Esto evita entrar en el juego afectivo del niño (“mamá/papá sí me lo compra y tú no me lo compras porque me quieres menos”).

Asimismo, se debe evitar cuestionar las decisiones del otro cónyuge delante del niño y a las nuevas parejas que pudieran tener. Los desacuerdos deben hablarse entre adultos  sin estar el niño presente.

Síndrome de alienación parental
El síndrome de alienación parental (SAP) fue descrito en 1985, por R. Gardner y  alude al conjunto de síntomas, en el contexto de una separación o divorcio, que resultan del proceso por el cual un progenitor logra obstaculizar o destruir los vínculos con el otro, generando un conflicto de lealtades y un verdadero divorcio afectivo paterno-filial. Sin embargo, el término no está libre de controversia ya que “no es reconocido como tal ni como trastorno alguno por las comunidades médicas legales. La teoría de Gardner y los estudios relacionados con ella han sido ampliamente criticados por los profesionales de salud mental y los juristas”, comentan los expertos.

Dicho concepto no ha sido aceptado tampoco por la OMS ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, que debido a propuestas externas está estudiando la posibilidad de incluirlo o no en su próxima edición del ‘Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V)’.

“Hay grupos de profesionales que reivindican la desaparición del término y campañas para que no se incluya como patología en el DSM-V, argumentando que puede servir para desacreditar la palabra de madres, niños y adolescentes y en especial las denuncias sobre abuso sexual ante la justicia” concluyen los doctores Rodríguez Hernández y Martínez González.