PREVENIR EL ICTUS Es tu responsabilidad

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Una de cada seis personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida, siendo los principales candidatos aquellos que presentan factores de riesgo controlables como hipertensión, colesterol, tabaquismo, sedentarismo u obesidad, entre otros. Desde la FEI nos recuerdan que prevenirlo está en nuestras manos y que reaccionar las primeras horas es esencial para que no queden secuelas.

Cada 14 minutos muere un paciente por ictus en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Sin embargo, en los últimos años se registra una tendencia a la baja en la mortalidad gracias a los trabajos de prevención, detección precoz y mejora de la atención neurológica especializada hospitalaria. Aún así, y aunque según explican desde la Federación Española del Ictus (FEI), el 60% de los ictus no generan dependencia, “hasta el 45% de las personas que lo sufren presentan hemiparesia como secuela, hasta un 15% afasia (trastorno del habla), el 20% no podrá caminar, el 30% sufre depresión o deterioro cognitivo y entre el 20% y 55% precisarán de ayuda parcial o total”. carmen aleixAsí de contundente se ha mostrado Carmen Aleix, presidenta de la Federación Española del Ictus (FEI que aglutina a las asociaciones de pacientes de ámbito local y autonómico de todo el país), quien, con motivo del Día Mundial del Ictus, ha insistido en la importancia de reaccionar cuanto antes en las primeras horas para evitar posibles secuelas.

De dos tipos
El ictus es una enfermedad que cada año afecta a 120.000 personas, siendo más frecuente en mujeres que en hombres. Según datos del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología, aunque también se produce en población joven, suele afectar más a personas mayores, al aumentarse el riesgo con la edad.

En términos médicos al ictus se le conoce como Enfermedad Vascular Cerebral, si bien popularmente también se le conoce como embolia, trombosis, ACV, apoplejía, infarto cerebral, hemorragia cerebral o derrame cerebral. Según informan desde la FEI, en general hace referencia a cualquier trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del cerebro (isquemia cerebral) o la rotura de una arteria o vena cerebral (hemorragia cerebral). Pérdida repentina de visión, alteración del lenguaje, pérdida súbita ictus cartelde fuerza o sensibilidad… en cuanto se experimente alguno de estos síntomas, los expertos de la SEN recomiendan llamar inmediatamente al 112 o al 061 según la comunidad autónoma, con el fin de acudir al hospital y al neurólogo cuanto antes, y ello aunque estos síntomas desaparezcan a los pocos minutos. Aproximadamente el 85 % de los ictus son isquémicos y el 15% hemorrágicos. Bastan unos minutos de falta de oxígeno en el cerebro para que las lesiones sean irreversibles.

1. Los ictus isquémicos (isquemia cerebral, trombosis, embolia, apoplejía) se producen porque hay algo que obstaculiza el paso de la sangre a una parte del cerebro, normalmente un coágulo.

2. Otro tipo de ictus menos frecuente es el ictus hemorrágico (hemorragia cerebral, derrame cerebral, hematoma cerebral). Este caso se debe a la rotura de un vaso sanguíneo. La sangre no se puede liberar al exterior ya que el cerebro está encerrado en los huesos del cráneo, por eso la sangre presiona lo más blando, impidiendo que éste se oxigene adecuadamente, provocando, también la muerte de los tejidos que están comprimidos.

De enormes consecuencias
En el ictus, las primeras horas son clave en la evolución del paciente. De hecho, hay datos esperanzadores ya que en los últimos años la mortalidad ha decrecido gracias a los trabajos de prevención y detección precoz así como a las mejoras en la atención hospitalaria a los pacientes en las Unidades de Ictus, el desarrollo de tratamientos aplicados en las primeras horas como trombólisis y nuevos procedimientos de extracción de trombos. Según explica el doctor jaime gallegoJaime Gállego, jefe del Servicio de Neurología del Complejo Hospitalario de Navarra y coordinador del GEECV de la SEN, por lesiones del cerebro, algunas de las consecuencias del ictus son déficits motores, sensitivos, visuales y del habla (afasia). En ocasiones puede haber una alteración de la conducta, pérdida de la capacidad para leer, o una articulación defectuosa del habla (disartria). En los pacientes que sobreviven a un ictus, hasta el 45% presentan hemiparesia como secuela, hasta un 15% afasia, el 20% no podrán caminar, el 30% sufre de depresión o deterioro cognitivo y entre el 20 y 55% precisaran de ayuda parcial o total. El grado de parálisis dependerá de la localización, tamaño y del grado de destrucción. La hemiparesia o hemiplejía es la parálisis de la mitad del cuerpo que puede afectar, en distinto grado, a la musculatura de la cara (parálisis facial), la extremidad superior y la extremidad inferior. La vía motora se cruza al otro lado en el tronco del encéfalo, por lo que una embolia en el hemisferio izquierdo del cerebro, que afecte a la vía motora, causará una parálisis de las extremidades derechas.

Por fibrilación auricular: el más temido
La fibrilación auricular afecta al 4,4% de la población mayor de 40 años y al 17,7% de los mayores de 80. Esta arritmia multiplica hasta por cinco las probabilidades de padecer un ictus. Además, según el doctor Gállegos, es muy importante destacar que los eventos cerebrovasculares producidos por fibrilación auricular ocasionan lesiones cerebrales más grandes, producen generalmente mayor discapacidad y mortalidad y ocurren en edades más avanzadas que los ictus no cardioembólicos, cuya causa no es la fibrilación auricular. Igualmente, los ictus asociados a esta arritmia tienen una mayor mortalidad en comparación con los causados por otras etiologías, llegando al 32% a los 30 días y al 50% al año de seguimiento.

Por su parte, tal y como ha explicado el doctor Vicente Bertomeu durante el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares 2014 celebrado el mes pasado en Santiago de Compostela, “para evitarlo, es necesario que el paciente esté tratado con fármacos anticoagulantes, que evitan la formación de trombos”. “Los anticoagulantes clásicos son los antivitamina k (AVK), como el conocido Sintrom, o la warfarina sódica. Aunque estos fármacos son eficaces en el tratamiento, también ofrecen unos niveles de anticoagulación variables, por lo que el paciente no se encuentra bien controlado durante todo el tiempo”. La primera elección de medicación en estos pacientes suelen ser los anticoagulantes orales clásicos, pero en el caso de que el ajuste de la medicación no mejore el control de estos pacientes, se recomienda la administración de los nuevos anticoagulantes orales (NACOs), ya que permiten un control más estable del nivel de anticoagulación. “Cabe destacar que en nuestro país solo el 10% de los pacientes los recibe, mientras que en Alemania se les administra a casi el 50% de los pacientes según el registro ‘PREFER in VTE’ “, afirma el presidente anterior de la SEC.

De probable repetición
Según el doctor Gállego, las personas que han sufrido un ictus presentan un alto riesgo de sufrir otro en los tres meses siguientes: “Las posibilidades de sobrevivir a un ictus sin secuelas son de un 40%, pero éstas disminuyen de manera importante en el caso de una recurrencia. De ahí la extraordinaria importancia del control de los factores de riesgo modificables”. Además de los tres factores de riesgo no modificables, que son la edad (aumenta con los años), el sexo (es más frecuente en varones) y los factores genéticos (que pueden predisponer a un ictus), existen otros que sí podemos modificar y guardan especial relación con el estilo de vida:

  • Hipertensión arterial (>140máx/90min). Es el factor de riesgo más importante para el desarrollo del ictus.
  • Niveles altos de colesterol LDL (>240mg/dl). El exceso de colesterol se deposita en las arterias en forma de placas, estrechando las arterias, afectando a la circulación y multiplicando el riesgo de sufrir un ictus.
  • Fibrilación auricular (arritmia cardíaca). Esta arritmia cardíaca no controlada multiplica por 5 el riesgo de sufrir un ictus. De hecho, es responsable del 20% de los ictus.
  • Otras enfermedades del corazón como es el caso de los infartos de miocardio o de las valvulopatías también incrementan el riesgo de ictus.
  • Diabetes (nivel de azúcar en sangre >120mg/dl). La diabetes daña las arterias por eso el riesgo de que se produzca un ictus es de 2 a 6 veces mayor en las personas diabéticas que en el resto.
  • Tabaquismo. Los fumadores tienen el doble de riesgo de sufrir un ictus que los no fumadores. El tabaco reduce el colesterol “bueno” y favorece el aumento de la tensión arterial.
  • Consumo de alcohol. El consumo excesivo de alcohol (> 60g al día) es un factor de riesgo para todos los tipos de ictus. Aumenta la tensión arterial entre otros efectos.
  • Obesidad. Se asocia a mayor riesgo de ictus debido a que se asocia a hipertensión arterial, diabetes y cifras más elevadas de colesterol.
  • Fármacos. El consumo de algunos medicamentos puede aumentar el riesgo de sufrir un ictus, es el caso de los estrógenos (anticonceptivos o el tratamiento hormonal sustitutivo).
  • Sedentarismo. Se asocia al aumento del colesterol, la hipertensión, la obesidad y otros factores de riesgo vascular, por lo que favorece el riesgo de sufrir un ictus.
  • Consumo de drogas, especialmente las drogas estimulantes. El consumo de cocaína aumenta hasta un 7% el riesgo de sufrir un ictus.

¡Ponle remedio!
Desde la FEI dan a los pacientes ocho herramientas sencillas para prevenirlo:

  1. Mantener controlados la presión arterial (<140/90) y los niveles de colesterol (<240).
  2. Acudir al médico cuanto antes si se notan latidos irregulares.
  3. Abandonar el tabaco.
  4. Controlar la diabetes de forma estricta.
  5. Practicar ejercicio físico de forma regular.
  6. Consumir alimentos bajos en sal y grasas.
  7. Evitar el consumo de drogas.
  8. No consumir alcohol o hacerlo de forma moderada.

La oreja, marcador cardiovascular
Las personas que tienen un pliegue en ambos lóbulos de las orejas cuya inclinación es de 45º tienen una mayor frecuencia de enfermedad cardiovascular, lo que podría derivar en un infarto o un ictus. Así lo ha demostrado un estudio presentado en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares SEC 2014, en el que se analizó a 300 sujetos a los que se les realizaron fotografías de ambas orejas. “Tras estudiar a estos pacientes pudimos ver que, de los pacientes con antecedentes de accidente cerebrovascular, el 48,9% presentaba este pliegue (un 27,8% en aquellos sin antecedentes de ictus). Entre los sujetos con antecedentes de infarto, un 45,8% mostraba este pliegue, tasa que se reducía a la mitad (un 28,2% en aquellos sin infarto)”, señala el doctor Esteban López de Sá, cardiólogo del Hospital La Paz de Madrid y uno de los autores del trabajo. “El pliegue considerado como OREJA SIN ECVOREJA CON ECV-1marcador de enfermedad cardiovascular es aquél cuya inclinación tiene 45º en ambas orejas”, explica la doctora Claudia Rodríguez-López, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y primera firmante del trabajo. Los autores del estudio explican que la oreja es, junto con la nariz, el único órgano que crece a lo largo de toda la vida, por lo que cuando una persona padece enfermedad arterioesclerótica también sufre pequeñas lesiones vasculares en diversas zonas. En el caso de producirse estas lesiones en la
oreja, se origina un crecimiento desigual fomentando el pliegue. “Lo que muestran estos resultados es que la forma del lóbulo de la oreja puede indicar al médico a simple vista que la persona podría padecer una enfermedad cardiovascular o múltiples factores de riesgo cardiovascular”, afirma el doctor López de Sá, y prosigue, “por lo tanto, a todas aquellas personas que presenten el pliegue y no hayan sido diagnosticadas de enfermedad cardiovascular, se les recomienda que se realicen un chequeo, porque es muy probable que sean hipertensos, diabéticos o hipercolesterolémicos y, por lo tanto, necesiten tratamiento para controlar estos factores de riesgo y prevenir así complicaciones cardiacas futuras”.

La rehabilitación en casa
Según Carmen Aleix, “teniendo en cuenta que la rehabilitación hospitalaria puede no ser suficiente, tras recibir el alta hospitalaria el paciente deberá continuar con ella en función de las secuelas que presente”. En este sentido, la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física advierte de la importancia de comenzar, lo más precozmente posible, el proceso rehabilitador después de haber sufrido una lesión o daño cerebral para obtener mejores resultados. Dentro del panorama sanitario actual, esta especialidad es la que garantiza el tratamiento más eficaz para mejorar la discapacidad, y por tanto la calidad de vida, de aquellas personas afectadas por daño cerebral adquirido por ictus que han visto alteradas sus funciones motores y sensitivas.

Según la doctora María del Carmen Martínez Garre, del Servicio de Rehabilitación Neurológica y Daño Cerebral del Hospital Universitario Vall d” Hebrón de Barcelona y portavoz de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), los pacientes que han sufrido daño cerebral por causa de ictus, traumatismo craneal (TCE) o tumoral, pueden presentar déficits neuromotrices cognitivos, neuropsicológicos y sensoriales. Estos déficits provocan pérdida de movilidad en las extremidades, trastornos del lenguaje, de la visión y trastornos cognitivos y neuropsicológicos como disminución de atención y dificultades de concentración y retención, alteración de la capacidad de aprendizaje y de ejecución, trastornos de la memoria inmediata, deterioro intelectual, alteración de la personalidad y trastornos de la conducta. “Todos estos déficits van a tener una repercusión funcional que se manifestara como alteración de la comunicación, del trastorno del movimiento, del equilibrio y de la marcha. Todo ello dará lugar a que estos pacientes sean dependientes en las actividades básicas de la vida diaria”, señala la doctora Garre, quien añade que la especialidad de Medicina Física y Rehabilitación “permite aplicar todas las medidas necesarias para prevenir las complicaciones secundarias a la lesión cerebral, preservar las estructuras y las funciones, y conseguir alcanzar la máxima capacidad física, funcional, y social para que el paciente pueda reintegrarse a su medio socio-familiar y, si es posible, laboral”. “Este tratamiento debe ser llevado a cabo por un equipo multidisciplinar liderado por un médico rehabilitador que coordine y gestione los trabajos de enfermería de rehabilitación, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, neuropsicología, trabajador social y familia”, ha agregado. Asimismo, la doctora Garre ha hecho un especial hincapié en que “este tratamiento deber ser precoz e iniciarse en la fase aguda, después de haber sufrido la lesión. El tratamiento ha de continuarse en la fase subaguda y controlarse en la fase de cronicidad”, concluye.

Código ictus
La mejora de la atención a pacientes con ictus en España es uno de los objetivos estratégicos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad desde que en 2008 se aprobara la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud (SNS). Según la evaluación de esta estrategia, en general todas las comunidades autónomas han desarrollado de forma parcial la estructura necesaria para disponer de una red asistencial de Unidades o Equipos de Ictus de referencia accesibles en menos de 60 minutos, así como la implantación del Código Ictus, de vías clínicas, protocolos o procesos asistenciales. “Por el momento son 12 las comunidades autónomas las que tienen totalmente implantado el código ictus en sus zonas básicas de salud, lo que significa prácticamente un 80% de zonas básicas cubiertas”, apunta la presidenta de FEI.

Por su parte, el doctor Gállego lamenta que, aunque en España hay un total de 55 Unidades de Ictus, “la implantación de estas unidades aún es insuficiente y desigual en el territorio español aunque ya se ha implantado el Código Ictus en todas las Comunidades Autónomas”. Para el doctor Gállego, el futuro en el tratamiento del ictus pasa por “mejorar la educación sanitaria de la población; extender el Código Ictus y revisar los criterios de activación; mejorar la coordinación de Urgencias Extrahospitalarias; incrementar las Unidades de Ictus con atención neurológica especializada; disponer de una red organizada y coordinada de centros especiales para intervencionismo vascular y potenciar la aplicación de técnicas de telemedicina; con la rehabilitación aumentar el porcentaje de pacientes con ictus que se integran plenamente en su vida personal y social; y todo ello sin olvidar la importancia del apoyo a la investigación neurovascular”, afirma.

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