Oruga procesionaria, temporada alta

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Pine processionary caterpillars in a row

La oruga procesionaria posee unos arpones venenosos que, al ser expulsados y entrar en contacto directo con la piel, provocan efectos parecidos a los de la alergia, pudiendo ser graves en los niños de corta edad y personas sensibles. En mascotas puede provocar la muerte.

La sequía, el prolongamiento de las estaciones templadas y la mayor calidez de otoños e inviernos, están modificando el ciclo de vida de la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), adelantando y alargando su época reproductiva. Así lo explican desde la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA), que apunta a que, según su ciclo biológico normal, comienza a aparecer entre febrero y abril, por lo que en este mes de marzo habrá que estar muy atentos a los picnics en zonas de pinares.

Oruga procesionaria: pelos tóxicos y urticantes

La procesionaria es la plaga más frecuente e importante en los pinares mediterráneos y del sur de Europa. En su fase de larva, este lepidóptero de entre 4 y 6 centímetros, muy peludo, con cabeza y piel de color negro y costados en un tono grisáceo, puede resultar peligroso debido a sus pelos tóxicos y urticantes. Tras su fase larvaria, las orugas descienden desde sus nidos en las ramas de los árboles hasta el suelo. Se desplazan en grupo para protegerse, formando una fila india o procesión, de ahí su nombre común. En su última fase, se entierran en zonas blandas del terreno y pasan a la fase de pupa o crisálida, que eclosiona en verano y da lugar a las mariposas de corta vida.

Cuando la procesionaria se siente amenazada, desprende sus pelos urticantes como mecanismo de defensa, causando irritaciones en los ojos (conjuntivitis), rinitis, reacciones alérgicas que se manifiestan en la piel en forma de sarpullidos, dermatitis, inflamaciones o erupciones (urticaria de contacto) y, en ocasiones, manifestaciones respiratorias y anafilaxia. La más frecuente es la cutánea, y dermatitis, pero también se puede dar afectación ocular, rinitis e incluso Incluso muchas personas pueden llegar a precisar asistencia médica debido a las reacciones que el contacto con estos arpones puede ocasionar, especialmente en el caso de los niños y personas muy alérgicas. La atención médica suele incluir administración de antihistamínicos, corticoides y duchas de agua fría. También es importante evitar el rascado de las lesiones. Otros grandes afectados son las mascotas, a las que pueden llegar a provoca la muerte.

Objetivo: controlar los focos

Controlar los diferentes focos que van apareciendo es fundamental para erradicar la presencia del insecto y evitar la propagación de la plaga, según explican desde ANECPLA. Algunos de ellos se encuentran en zonas urbanizadas, con el consiguiente peligro que generan para los habitantes de las ciudades. Zonas tradicionalmente afectadas son los pinares de la sierra de los Filabres (Almería), Oliva (Valencia), los barrios de Carabanchel y Latina de Madrid, Puerto Real (Cádiz), Torrevieja (Alicante), así como Ares, Cabanas u Ortigueira (los tres en La Coruña). “Es muy importante poner en marcha tratamientos no sólo en el momento en el que las orugas ya han eclosionado de sus nidos y se convierten en muchas zonas en una plaga, sino actuar antes mediante tratamientos preventivos de choque”, recomienda Milagros Fernández de Lezeta, directora general de ANECPLA. “Se trata de una acción fundamental a la hora de evitar estas plagas. Un esfuerzo necesario ya que, si la situación avanza y se vuelve insostenible, se puede convertir en un problema de salud pública”.

Entre febrero y abril se extiende la época más peligrosa de la procesionaria. Desde los años 60 se ha duplicado la superficie forestal habitada por la procesionaria en nuestro país y los expertos aseguran que su presencia irá en aumento en los próximos años.

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