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¿Qué es el SIBO? Síntomas, causas y tratamientos efectivos

por Redacción Consejos
hinchazón abdominal

En consulta cada vez es más frecuente escuchar frases como: “me hincho incluso comiendo poco”, “todo me sienta mal” o “tengo gases aunque coma sano”. Durante años, muchos de estos pacientes fueron etiquetados con diagnósticos genéricos como colon irritable, digestiones pesadas o intolerancias inespecíficas. Sin embargo, en los últimos tiempos ha ganado protagonismo un trastorno digestivo que explica buena parte de estos síntomas: el SIBO.

Por Álvaro Román Molina, farmacéutico nutricionista en Farmacia Puerta Carmona de Sevilla.

Hace años, cuando comenzaba en el mundo de la Nutrición, tuve la experiencia personal y la necesidad de estudiar en abundancia este campo, ya que mi madre padecía toda esta clínica y había pocos profesionales familiarizados con este trastorno, o pocos conocimientos para darle una solución. Así que busqué, indagué y encontré lo que buscaba en los trabajos del urólogo ya jubilado Don Blas López Rueda, sobre microbiota, problemas digestivos y tratamientos orientados a dar soluciones a un buen número de pacientes reunidos en un grupo de apoyo, entre los que se encontraba su hija. Identificarlo correctamente puede significar un antes y un después para muchos pacientes que llevan años conviviendo con molestias digestivas sin respuesta. 

Qué es el SIBO

El SIBO, por sus siglas en inglés Small Intestinal Bacterial Overgrowth, es el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, una alteración en la que bacterias que normalmente habitan en el colon proliferan de forma anómala en el intestino delgado, un lugar donde su presencia debería ser escasa. Este desequilibrio puede generar una amplia variedad de síntomas digestivos y extradigestivos, afectando de manera notable a la calidad de vida. Pero, ¿por qué aparece, cómo se manifiesta, cómo se diagnostica y cuáles son las principales opciones de tratamiento? 

Para entender el SIBO es importante recordar que nuestro sistema digestivo cuenta con varios mecanismos de defensa que impiden que las bacterias del colon colonicen el intestino delgado. Cuando alguno de estos mecanismos falla, el sobrecrecimiento bacteriano puede aparecer. Entre las principales causas o factores desencadenantes del SIBO están:

  1. Las alteraciones de la motilidad intestinal: el intestino delgado realiza movimientos rítmicos conocidos como “complejo motor migratorio” (CMM), durante los períodos de ayuno, cuya función es limpiar el tubo digestivo de restos alimenticios e impedir el sobrecrecimiento de bacterias. Este patrón de actividad motora del intestino actúa como una especie de “escoba” limpiando restos de alimentos y bacterias entre comidas. Si este mecanismo se enlentece o se altera, las bacterias tienen más facilidad para proliferar, algo que ocurre con frecuencia en personas con síndrome de intestino irritable, especialmente con predominio de estreñimiento; en personas con una diabetes mal controlada; personas con hipotiroidismo; y/o en personas en situaciones de estrés crónico.
  2. El uso prolongado de determinados medicamentos: algunos fármacos, especialmente los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares), reducen la acidez gástrica. El ácido del estómago actúa como una primera barrera frente a microorganismos, y su disminución facilita que las bacterias sobrevivan y asciendan al intestino delgado. Otros medicamentos que lo pueden favorecer son los antibióticos, sobre todo si se consumen de manera repetida; algunos opiáceos y/o algunos antidepresivos.
  3. Cirugías digestivas previas: intervenciones como el bypass gástrico, resecciones intestinales o cirugías que alteran la anatomía normal del tubo digestivo pueden favorecer zonas de estancamiento donde las bacterias proliferan.
  4. Alteraciones estructurales del intestino: como divertículos en el intestino delgado, adherencias, estenosis o válvula ileocecal incompetente pueden facilitar el paso de bacterias del colon hacia el intestino delgado.
  5. Disbiosis intestinal previa: un desequilibrio mantenido de la microbiota intestinal, ya sea por dieta inadecuada, infecciones intestinales previas o estrés prolongado, puede actuar como terreno abonado para el desarrollo del SIBO.

Síntomas variables

Una de las características del SIBO es la gran variabilidad de síntomas, tanto en intensidad como en tipo, de manera que no todos los pacientes presentan el mismo cuadro clínico. Las manifestaciones se deben, en parte, a la fermentación excesiva de los alimentos, a la inflamación de la mucosa intestinal y a la alteración en la absorción de nutrientes.

  • Entre los síntomas digestivos más frecuentes destacan una hinchazón abdominal marcada, especialmente tras las comidas.
  • Distensión abdominal visible, a veces descrita como “vientre de embarazada”.
  • Exceso de gases, con o sin mal olor.
  • Dolor o molestias abdominales difusas.
  • Sensación de digestiones lentas o pesadas.
  • Diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos.
  • Muchos pacientes refieren síntomas generales o extradigestivos, como: fatiga persistente; dificultad para concentrarse o sensación de “niebla mental”; dolores musculares o articulares; déficits nutricionales (hierro, vitamina B12, vitaminas liposolubles); alteraciones del estado de ánimo.

Saber para actuar

Un diagnóstico de SIBO se fundamenta en una combinación de sospecha clínica y pruebas específicas, que deben ser interpretadas por un profesional sanitario, teniendo en cuenta los síntomas del paciente y su contexto clínico.

  1. La prueba más utilizada es el test de aliento con lactulosa o glucosa. Consiste en administrar un sustrato y medir en el aire espirado la producción de gases como hidrógeno y metano a lo largo del tiempo. Un aumento precoz de estos gases sugiere fermentación bacteriana en el intestino delgado.
  2. Otras pruebas complementarias son: analíticas para detectar déficits nutricionales, estudios de heces para valorar una posible disbiosis; y en casos concretos, pruebas de imagen o endoscopia.

De tres tipos 

Conocer el tipo de SIBO es importante porque su tratamiento no se centra únicamente en eliminar las bacterias, sino en adaptarse al tipo de SIBO que presenta cada paciente, corregir la causa que lo ha originado y restaurar la función digestiva. En cualquiera de los tres casos es importante respetar los horarios de comidas; evitar el picoteo constante con el objetivo de conseguir que el complejo motor migratorio (CMM) haga un buen barrido entre horas; y/o gestionar el estrés.

  1. SIBO de hidrógeno: es el tipo más frecuente y suele asociarse a diarrea, gases y distensión abdominal rápida tras las comidas. La estrategia terapéutica habitual en este tipo de SIBO es el uso de fitoterapia antimicrobiana (compuestos herbáceos que actúan reduciendo la carga bacteriana sin alterar de forma agresiva la microbiota global), como el orégano, la berberina, el neem o el extracto de ajo (alicina). En algunos casos, especialmente cuando los síntomas son intensos o persistentes, se recurre a antibióticos específicos como la rifaximina, sola o combinada con otros fármacos según el gas predominante. También está indicado el apoyo con enzimas digestivas para mejorar la digestión y reducir la fermentación. Y una dieta baja en FODMAPs (alimentos con un alto contenido en carbohidratos fermentables) por alternativas bajas en ellos de forma temporal, evitando mantenerla a largo plazo.
  2. SIBO de metano: actualmente se denomina con más precisión sobrecrecimiento de microorganismos productores de metano (IMO). Se asocia típicamente a estreñimiento, hinchazón persistente y sensación de pesadez constante. Teniendo en cuenta que el metano enlentece el tránsito intestinal, mejorar la motilidad es prioritario. Se utiliza fitoterapia específica: berberina, alicina, neem y extractos con acción más prolongada. A nivel farmacológico, se suele requerir combinación de rifaximina con otros antibióticos, siempre bajo supervisión médica; el uso de procinéticos (naturales o farmacológicos) tras el tratamiento para evitar recaídas; y un ajuste dietético individualizado, evitando dietas excesivamente restrictivas.
  3. SIBO de sulfuro de hidrógeno: es un tipo menos conocido y más difícil de identificar con las pruebas clásicas. Suele cursar con gases de olor muy intenso, diarrea, dolor abdominal y sensación de toxicidad intestinal. El enfoque terapéutico habitual pasa por la reducción temporal de alimentos ricos en azufre; fitoterapia cuidadosamente seleccionada, evitando protocolos agresivos. Apoyo a la detoxificación hepática y al sistema antioxidante; y tratamiento farmacológico pautado por el especialista cuando sea necesario.

Un diagnóstico adecuado, un tratamiento personalizado y un enfoque integral que contemple alimentación, fitoterapia, medicación cuando sea necesaria y estilo de vida son la clave para recuperar el equilibrio intestinal y, con él, la calidad de vida.

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