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Con la llegada del buen tiempo aumentan los insectos y también el riesgo de anafilaxias

por Redacción Consejos
anafilaxia por picaduras de insectos

La subida de las temperaturas, las salidas al campo, las comidas al aire libre y la mayor presencia de insectos marcan la llegada del buen tiempo en España. Junto a estos cambios estacionales, también aumenta el riesgo de sufrir determinadas reacciones alérgicas graves, entre ellas la anafilaxia, una urgencia médica que puede comprometer la vida en cuestión de minutos.

Cada año se registran en España entre 1.600 y 14.000 casos de anafilaxia. Aunque su mortalidad es reducida, los especialistas advierten de que se trata de una patología que exige una respuesta inmediata para evitar consecuencias graves.

“La anafilaxia es una reacción sistémica grave que puede comenzar con síntomas aparentemente leves, como picor o ronchas en la piel, pero evolucionar rápidamente hacia dificultad respiratoria, bajadas bruscas de tensión o pérdida de conciencia. Su progresión puede ser fulminante, lo que la convierte en una auténtica carrera contra el tiempo”, explica Carmen Casal, vicepresidenta de enfermería de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).

Aunque muchas personas relacionan la primavera con alergias respiratorias provocadas por el polen, desde SEMES recuerdan que la mayoría de las anafilaxias no tienen ese origen. “Pese a la asociación habitual entre primavera y alergia, la mayoría de las anafilaxias no están causadas por el polen”, matiza Casal.

Los desencadenantes más frecuentes cambian según la edad. En niños y jóvenes predominan los alimentos, mientras que en adultos son más habituales las reacciones a medicamentos. A ello se suman las picaduras de insectos, cuyo riesgo aumenta especialmente durante los meses cálidos.

El incremento de casos detectado en los últimos años, especialmente en población infantil, confirma la necesidad de reforzar la prevención y la capacidad de respuesta sanitaria. En España, la incidencia anual se sitúa entre 3,2 y 30 casos por cada 100.000 habitantes.

Uno de los principales problemas es que la anafilaxia puede confundirse en sus primeras fases con una reacción alérgica leve, retrasando la atención adecuada. Además, muchas personas recurren inicialmente a antihistamínicos o corticoides, pese a que no sustituyen a la adrenalina, el tratamiento indicado en estas situaciones.

“Una aparente mejoría inicial puede llevar a no acudir a un servicio de urgencias, a pesar de que la reacción puede reaparecer o agravarse horas después”, añade Casal.

Ante este escenario, SEMES subraya la importancia de la Enfermería de Urgencias y Emergencias, cuya actuación en los primeros minutos puede resultar decisiva para el pronóstico del paciente. Entre sus funciones destacan la detección precoz de la anafilaxia, la administración rápida del tratamiento, la monitorización constante y la coordinación con el resto del equipo sanitario.

Además, su contacto directo con la ciudadanía convierte a estos profesionales en agentes esenciales de educación sanitaria, ayudando a mejorar el conocimiento sobre síntomas de alarma, factores de riesgo y la necesidad de actuar con rapidez ante una reacción alérgica grave.

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