La miopía continúa consolidándose como uno de los principales desafíos de salud visual de las nuevas generaciones. Desde Clínica Martínez de Carneros, centro especializado en oftalmología con más de cuatro décadas de trayectoria en España, advierten de un incremento sostenido de los casos detectados, especialmente entre la población infantil, adolescente y los adultos jóvenes.
Según un análisis interno realizado por el propio centro, las consultas vinculadas a este defecto refractivo han experimentado un crecimiento de entre el 20% y el 30% en los últimos años, una evolución que coincide con las tendencias descritas tanto a nivel nacional como internacional.
Los estudios epidemiológicos reflejan una situación similar en España. Una investigación realizada en menores de entre 5 y 7 años evidenció que la prevalencia de la miopía pasó del 16,8% en 2016 al 19,7% en 2021, mientras que las previsiones apuntan a que podría alcanzar el 30,2% en 2030 si se mantiene el ritmo actual.
Además del aumento del número de diagnósticos, los especialistas observan que cada vez aparecen más casos en edades tempranas.
«Cada vez vemos más niños en edad escolar que acuden a consulta por problemas relacionados con la miopía. Más que un descenso concreto de la edad media de diagnóstico, lo que observamos es una mayor presencia de casos entre los 5 y los 8 años, edades en las que antes era menos frecuente consultar por este motivo», explica la doctora Paloma Martínez de Carneros. La especialista añade que «detectar este defecto visual en etapas tempranas es especialmente importante porque cuanto antes aparece, más tiempo tiene para progresar y alcanzar graduaciones elevadas en la adolescencia o la edad adulta».
Más allá de la genética: el papel de los hábitos de vida
Aunque la predisposición hereditaria continúa siendo un factor relevante, la evidencia científica actual señala que determinados hábitos cotidianos también influyen en el desarrollo y progresión de la miopía. Entre ellos destacan el incremento del tiempo dedicado a actividades de visión cercana, la utilización intensiva de dispositivos electrónicos y la disminución del tiempo que niños y adolescentes pasan al aire libre.
Se duplica el interés por frenar el avance de la miopía
La preocupación de las familias no se limita ya a corregir el defecto visual, sino que se orienta también hacia las posibilidades existentes para ralentizar su progresión. De acuerdo con los datos de la clínica, las consultas relacionadas con tratamientos específicos para controlar la evolución de la miopía se han duplicado en los últimos años.
«Cada vez más familias preguntan no solo cómo corregir la graduación de sus hijos, sino también qué opciones existen para ralentizar su progresión. Esta preocupación es especialmente frecuente cuando el diagnóstico se produce a edades tempranas, existe una progresión rápida o hay antecedentes familiares de miopía», señala la doctora Martínez de Carneros.
Actualmente existen diversas estrategias terapéuticas destinadas a reducir el ritmo de progresión de este problema visual, como las lentes oftálmicas con desenfoque periférico, las lentes de contacto específicas para el control de la miopía o los tratamientos farmacológicos con atropina a baja concentración.
El uso de pantallas, detrás de muchas consultas oftalmológicas
Los especialistas también alertan sobre el creciente impacto del uso prolongado de dispositivos digitales en la salud ocular. Según las estimaciones clínicas de Martínez de Carneros, entre el 40% y el 50% de las consultas realizadas por pacientes menores de 40 años están relacionadas con molestias derivadas de la exposición continuada a pantallas.
Entre los síntomas más habituales figuran la fatiga visual, la visión borrosa intermitente, la sequedad ocular, el picor, la sensación de arenilla o las cefaleas asociadas al esfuerzo visual.
Estudiantes, trabajadores de oficina y profesionales que desarrollan gran parte de su actividad frente a ordenadores, tabletas o teléfonos móviles constituyen los perfiles más afectados. En determinadas circunstancias, especialmente entre quienes realizan jornadas prolongadas de estudio o teletrabajo, este porcentaje puede ser incluso superior.
«Muchas personas normalizan síntomas como el cansancio visual, la dificultad para mantener el enfoque o los dolores de cabeza al final del día, cuando en realidad son señales de que el sistema visual está sometido a una elevada exigencia», apunta la doctora Paloma Martínez de Carneros.
Cómo detectar la miopía de forma precoz
Uno de los principales inconvenientes de la miopía es su evolución gradual, lo que dificulta que muchos menores sean conscientes de la pérdida de visión que están experimentando.
Entre las señales que deben poner en alerta a padres y educadores destacan entrecerrar los ojos para ver de lejos, acercarse demasiado a los libros o pantallas, presentar dolores de cabeza frecuentes, mostrar dificultades en el rendimiento escolar, sentarse muy cerca de la pizarra o manifestar visión borrosa de objetos alejados.
Por ello, desde Clínica Martínez de Carneros insisten en la importancia de realizar revisiones oftalmológicas periódicas durante la infancia y la adolescencia, con el objetivo de identificar de manera temprana cualquier alteración visual y adoptar las medidas más adecuadas para preservar la salud ocular a largo plazo.
