La Enfermedad Arterial Periférica (EAP) es una patología cardiovascular frecuente, progresiva y severamente infradiagnosticada. Se produce por el estrechamiento o bloqueo de las arterias debido a la aterosclerosis (acumulación de placas de lípidos en las paredes arteriales), lo que limita la irrigación sanguínea hacia las extremidades, especialmente las piernas.
Según datos de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la EAP afecta al 8% de las personas mayores de 45 años y alcanza al 20% en mayores de 80 años. Se estima que entre el 20% y el 60% de los casos no se detecta a tiempo, lo que convierte a esta afección en un marcador directo de muy alto riesgo de sufrir eventos graves como infarto de miocardio o ictus.
1. Síntomas de la enfermedad arterial periférica: banderas de alerta
La EAP puede evolucionar de forma asintomática durante años o manifestarse con síntomas atípicos que retrasan su diagnóstico.
- Claudicación intermitente: Es el signo clínico más característico. Se manifiesta como dolor, calambre o pesadez en las piernas (gemelos, muslos o glúteos) al caminar, y que cede típicamente con el reposo.
- Isquemia crítica de la extremidad: En fases avanzadas, la falta de riego produce dolor continuo incluso en reposo (especialmente de noche), frialdad en el pie, alteraciones en la piel y aparición de úlceras o gangrena con riesgo de amputación.
- Signos físicos en extremidades: Debilidad de pulsos arteriales en los pies, pérdida de vello en las piernas, uñas quebradizas y piel brillante o pálida al elevar la extremidad.
2. Factores de riesgo cardiovascular
Aunque la edad avanzada incrementa la probabilidad de padecer EAP, existen factores modificables determinantes sobre los que se debe intervenir de forma precoz:
- Tabaquismo: Es el factor de riesgo con mayor impacto negativo y acelerador de la patología.
- Diabetes Mellitus: Multiplica el riesgo de desarrollar EAP y favorece presentaciones agresivas e isquémicas.
- Hipertensión arterial y dislipemia: Los niveles elevados de presión arterial y colesterol LDL aceleran el depósito de placa aterosclerótica.
- Factores emergentes: El sedentarismo, la enfermedad renal crónica, la inflamación sistémica, el estrés y los trastornos del sueño contribuyen al deterioro vascular.
3. Abordaje terapéutico y atención farmacéutica
El objetivo del tratamiento no se limita a aliviar el dolor en las piernas, sino a reducir el riesgo cardiovascular global para prevenir eventos arteriales mayores.
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| Estrategia Terapéutica | Medida de Intervención Farmacéutica |
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| Cesación Tabáquica | Eliminación absoluta del tabaco (soporte con TSN) |
| Control Metabólico | Optimización de HbA1c, presión arterial y LDL |
| Terapia Antitrombótica | Antiagregantes plaquetarios según pauta médica |
| Ejercicio Físico Programado | Caminatas pautadas hasta el límite de la molestia |
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Pautas de estilo de vida y hábitos saludables
- Ejercicio físico estructurado: Caminar a ritmo moderado entre 30 y 45 minutos al día, realizando pausas cuando aparezca el dolor de la claudicación y reanudando la marcha tras el reposo.
- Cuidado riguroso del pie: Inspección diaria de los pies para detectar rozaduras, heridas o grietas; hidratación adecuada de la piel (evitando el espacio interdigital) y uso de calzado cómodo y no compresivo.
- Control de la automedicación: Los pacientes con EAP deben consultar siempre con su farmacéutico antes de tomar antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) o descongestionantes orales, ya que pueden alterar la presión arterial o interaccionar con la terapia vascular.
En estadios graves o refractarios al tratamiento médico, el especialista evaluará la necesidad de procedimientos de revascularización mediante técnicas endovasculares (angioplastia/stent) o cirugía de bypass.
