El cuidado capilar no suele ocupar un lugar destacado -y mucho menos preferente- en los propósitos de Año Nuevo, así que ha llegado el momento de acabar con este “ninguneo”. Este año toca tomarse la salud y el estado del pelo en serio, y ello pasa, entre otras cosas, por tener claras cuáles son sus necesidades, manejar adecuadamente las técnicas y productos y desterrar muchos mitos.
Un aviso a tener en cuenta para incluirlo en agendas, plannings, listas de propósitos y demás planificaciones que manejamos profusamente en estos días: el pelo hay que cuidarlo durante los 365 días del año, algo que no siempre hacemos y que suele estar detrás de muchos de los problemas capilares más habituales.
Melena y frío: un tándem complicado
Aunque el momento “culmen” del daño capilar se suele asociar al verano, el otoño-invierno puede convertirse también en una época bastante delicada, tanto por los “restos” de los estragos estivales que aún conservan muchas melenas como por la acción negativa de los factores meteorológicos de este momento del año. “A esto hay que unir que los ciclos de caída capilar suelen descompensarse a principios del otoño, lo que se traduce en un aumento de la pérdida de cabellos y un pelo menos brillante y luminoso, con puntas abiertas y una fibra más delicada”, explica la doctora Alba Gómez, directora de la Unidad de Medicina Capilar del Instituto Médico Ricart (IMR), quien recomienda “aprovechar” esta circunstancia como punto de partida para iniciar un plan de cuidado capilar efectivo y mantenido en el tiempo.
Rutina capilar 24/365
La doctora Alba Gómez ofrece las pautas generales que aseguran un plan de cuidado capilar eficaz:
- Apostar por los activos hidratantes. “Estos deben estar presentes en la formulación de todos los productos capilares, especialmente en la de acondicionadores, mascarillas, aceites, serums… Todos ellos proporcionan al folículo piloso esa protección adicional sobre la cutícula que se ha perdido y ayudan a restablecer su capa lipídica”. La doctora Gómez advierte respecto a la forma correcta de utilizar estos productos: “Hay que aplicarlos en su justa medida, en función del tipo de cabello, para así evitar añadirle un peso excesivo a la fibra, lo que favorece la pérdida de volumen o la definición del rizo”.
- Riesgo cero. Se debe evitar someter al cabello a daños adicionales en la medida de lo posible “como, por ejemplo, los cambios de color agresivos, los alisados químicos o las permanentes”.
- Si hace falta, sanear. “En algunos casos se deben valorar el corte de puntas, para eliminar así los daños que ya no son recuperables”.
- Dejar que actúe la nutricosmética. Para la doctora Gómez, es totalmente recomendable iniciar un programa de nutricosmética capilar, de 2-3 meses de duración, que incluya minerales, vitaminas y aminoácidos esenciales “para así ayudar al metabolismo de los nuevos ciclos capilares que comienzan la fase de crecimiento, y mejorar el aspecto y el estado de la fibra capilar”.
- No sólo las puntas. Tal y como apunta Alba Gómez, “no hay que olvidarse del cuero cabelludo y, también, hay que prestar atención a las raíces y a los tallos pilosos. Estos tres elementos tienen relevancia y debe ser cuidados y estar sanos. Así, por ejemplo, la piel del cuero cabelludo debe estar bien lavada, sin residuos de piel muerta, descamaciones o restos de contaminación, y no presentar irritación ni daño solar”.
Todo empieza… con el champú
Respecto al lavado de pelo, lo primero que hay que aclarar es qué hay de verdad sobre el falso mito de que es contraproducente hacer este gesto a diario. Para la dermatóloga Lourdes Moreno, fundadora de la marca LaLuz, se trata de un error descomunal, ya que hay que lavar el pelo si es necesario, aunque sea a diario: “Si tienes el cabello graso, vas al gimnasio o a la piscina, etc… ¿cómo no vas a lavarlo? El tema es con qué producto se lava, no la frecuencia”. De ahí la relevancia de elegir el champú que mejor se adapte a la tipología (seco, graso, fino, rizado…) y al estado del cabello.
E igual de importante es cómo se enjuaga el producto. Lourdes Moreno hace hincapié en el papel que juega la temperatura del agua, que no debe ser ni muy fría ni muy caliente: “Por un lado, el agua fría, contrariamente a lo que se cree, no sella la cutícula capilar. En cuanto al agua excesivamente caliente, puede acelerar el envejecimiento de la piel del cuero cabelludo y agravar problemas como la descamación. La mejor opción, por tanto, es el agua templada”.
Cepillado: un gesto infravalorado
Cuestiones de styling aparte, el cepillado es un gesto “multifunción” para el cabello: permite distribuir los aceites naturales producidos por las glándulas sebáceas del cuero cabello hacia las puntas, dando como resultado un pelo más brillante y de aspecto saludable. También evita que las raíces se vuelvan grasas y estimula la microcirculación del cuero cabelludo. Una ventaja más: es la mejor técnica reset, ya que facilita la eliminación de esos 50-100 cabellos que perdemos al día.
Sin embargo, para obtener estos beneficios, hay que asegurarse de que nos cepillamos de la manera adecuada y para ello es necesario cumplir un “protocolo” que explica la farmacéutica Elvira Mateos, de Farmateos:
- La técnica. “El cepillado del cabello siempre debe ser lento y suave, desde las puntas y avanzando hacia el cuero cabelludo, para así evitar roturas”. Un “obstáculo” habitual en este proceso es la presencia de nudos o enredones: “En estos casos, lo más recomendable es aplicar un spray desenredante sin enjuague, y eliminar el nudo con cuidado, empezando siempre desde abajo. Una vez deshechos los enredos, podemos comenzar a peinar desde el cuero cabelludo y continuar hacia abajo”. Respecto a si es mejor cepillar el cabello cuando está húmedo o en seco, la farmacéutica advierte que si se peina mojado puede dañarse ya que con la humedad tiende a hincharse, siendo más proclive a romperse y, también, a encresparse. “La mejor forma de peinarlo cuando está húmedo es secarlo suavemente con una toalla, dando ‘palmaditas’ (para que absorba la humedad sin brusquedad)”.
- La frecuencia. “Ni mucho ni poco. Cepillarlo demasiado puede estresar el cabello e irritar el cuero cabelludo, lo que favorece que se rompa fácilmente y se caiga. Como regla general, se recomienda hacerlo dos veces al día (por la mañana y por la noche), aunque esta pauta siempre dependerá del tipo de pelo y de las rutinas diarias”.
- Las “herramientas”. Elvira Mateos recomienda utilizar un cepillo específicamente diseñado para cabello mojado, “que por lo general están elaborados con cerdas suaves y flexibles, que ayudan a desenredar el cabello sin agredirlo”.
Mascarillas: cómo usarlas bien (y no como has hecho hasta ahora)
Aprender a aplicar bien las mascarillas capilares y sacar todo el partido a este producto es una asignatura pendiente dentro de muchas rutinas capilares. Por suerte, las primeras semanas del año crean el escenario ideal para “entrenarse” en su uso (y disfrute), según apunta Yazmín Montalvo, estilista y técnico de la marca Termix: “En esta época del año el cabello pierde agua con mucha facilidad debido a factores como la contaminación, los cambios bruscos de temperatura y, especialmente, por el uso continuo de herramientas de calor. Por eso es tan importante, para compensar esta pérdida de hidratación, aplicar una mascarilla nutritiva al menos una vez a la semana, un gesto que es fundamental para restaurar la elasticidad, el brillo y la suavidad. Lo ideal es optar por fórmulas ricas en aceites vegetales o ingredientes como el karité, el argán o la manteca de mango”.
Si bien los consejos básicos al aplicarse una mascarilla son respetar los tiempos de acción y aclarar bien, ni son los únicos ni resultan suficientes para optimizar este producto. Los especialistas de la firma Leonor Greyl ofrecen algunas estrategias a seguir para sacar todo el partido a cada aplicación de la mascarilla:
- “Preguntar” al cabello. De acuerdo con los expertos de esta firma, en el caso de las mascarillas, son los últimos centímetros del cabello los que “mandan” a la hora de elegir una u otra. Así, cuando hay puntas muy secas, cabello debilitado, deshidratado o quebradizo, se necesitan mascarillas de acción profunda que reparen y nutran en profundidad. “El cabello fino, por su parte, requiere mascarillas específicamente formuladas para esta tipología, que sean capaces de aportar suavidad y nutrición sin añadir peso ni apelmazar. En cuanto al pelo grueso o rizado seco y encrespado, necesita mascarillas reparadoras que controlen el encrespamiento, suavicen y faciliten el peinado”.
- Nunca, en la raíz. Salvo que el producto lo indique expresamente, las mascarillas nunca se deben aplicar en la raíz del cabello, ya que esto puede añadir a esta zona un exceso de grasa. Respecto a esto, desde Leonor Greyl aconsejan recurrir a la norma de los “cinco centímetros”, y explican en qué consiste: “Cuando se indica repartir la mascarilla de medios a puntas no significa que haya que medir el largo de la melena y calcular la mitad exacta, sino que lo ideal es dejar unos 5 cm libres entre el cuero cabelludo y el producto”.
- Antes, durante y después. La mascarilla se aplica habitualmente tras eliminar el champú y el acondicionador, pero, como advierten los expertos, un error muy frecuente es extenderla sobre el pelo recién enjuagado: “Es importante escurrir muy bien el cabello con la ayuda de una toalla antes de extender la mascarilla”, recuerdan. Asimismo, y si se tiene el cabello fino, una opción muy recomendable es extender la mascarilla antes del champú: “En estos casos existe el temor a que el producto añada peso al pelo. Con esta aplicación pre-lavado, el agua favorece que la mascarilla se ‘escurra’, limitando así su penetración en la fibra capilar. En cambio, cuando se aplica en seco, la absorción de todos los activos es mucho mayor”.
- De la mano al cabello. Los especialistas de Leonor Greyl recuerdan que la forma adecuada de utilizar este producto es aplicar primero la mascarilla en la palma de la mano y, después, distribuirla por todo el cabello, de medios a puntas y mechón a mechón: “Hay quien se limita a hacer una coleta imaginaria pensando que así se extiende el producto, pero de esta forma no llega a toda la fibra capilar”. En cuanto al tiempo de actuación, ha de ser el “justo y necesario” en cada caso: “Según el estado del cabello, se debe dejar actuar la mascarilla entre 5 y 15 minutos y, a continuación, hay que desenredar con un peine de púas anchas y aclarar muy bien”.
Planchas & secadores: así evitas su “lado oscuro”
El uso del secador de pelo y de otras herramientas como planchas, rizadores y demás está integrado en la mayoría de las rutinas capilares y son en gran medida los “artífices” de la fase de styling y peinado final que se luce. La “pega” es que se basan en la aplicación de calor, por lo que es importantísimo saber cómo utilizarlos adecuadamente:
“El uso de herramientas térmicas debe adaptarse siempre al tipo de cabello, ya que un calor excesivo puede dañarlo y debilitarlo en el tiempo. Es importante, por tanto, regular la temperatura según la densidad y la textura del pelo, y no abusar de las máximas potencias”, afirma Yazmín Montalvo.
- Secador: un “mal” necesario. Contrariamente a algunas recomendaciones al respecto, secar el pelo al aire libre (para así evitar o minimizar el efecto negativo del secador) no es la mejor idea en esta época del año, ya que como explica Yazmín Montalvo, “el cabello mojado es más vulnerable, por lo que si se seca expuesto al aire la cutícula queda abierta durante más tiempo, favoreciendo el encrespamiento y la rotura”. La experta de Termix recomienda utilizar un secador profesional con temperatura regulada, y secar ayudándose de los dedos para controlar el volumen sin castigar el cabello. En la misma línea, la dermatóloga Lourdes Moreno señala que el cabello tiene que secarse inmediatamente después de lavarse, porque el enemigo más grande es precisamente la humedad, y aconseja hacerlo con secador, pero aplicando aire frío. Por su parte, la doctora Alba Gómez apunta que “independientemente del modelo o tipo de secador, la clave está en evitar un alto nivel de temperatura. E igual de importante es no acercar el calor en exceso a la fibra capilar”.
- Planchas: siempre, con protección. “Si se usan elementos de calor para fijar el peinado, especialmente las planchas, no hay que abusar de ellos y, siempre, utilizarlos aplicando previamente protectores de calor. En relación con esto, una buena idea es optar por aquellos que añaden a la fuente de calor vapor de agua, ya que la humedad asociada evitará un ascenso de la temperatura tan llamativo en la fibra capilar”, dice la doctora Gómez. Respecto a esto, los especialistas de Termix ofrecen una guía orientativa de cuál es la temperatura más recomendable para utilizar la plancha según el tipo y el estado del cabello:
-Cabello normal/medio: Entre 160 y 200 ºC.
-Cabello fino o delicado: 110-160 ºC.
-Cabello grueso/difícil de alisar: 200-230 ºC
-Peinados versátiles (lisos + ondas): Temperatura variable, según la zona en la que se aplique la plancha.
“Long hair blindness”: cada vez más “afectadas”
Se trata de un nuevo término que se aplica para definir a la tendencia -algunos lo tachan de obsesión- a no querer cortarse el pelo y considerar que nunca se tiene lo suficientemente largo, anteponiendo los centímetros a la salud capilar. Ello da lugar a lo que se conoce como “melenas Rapunzel”, las cuales necesitan unos cuidados específicos. Las personas que forman parte de este “grupo” deben tener muy claro que es “obligatorio” utilizar productos capilares que contengan aminoácidos en su formulación, los cuales, según afirma el farmacéutico Pedro Catalá, fundador de Twelve Beauty, “son sustancias conocidas como los bloques de construcción de las proteínas y resultan esenciales para el crecimiento saludable del cabello”.
Estas son todas las ventajas que aportan los aminoácidos al cabello en general y a estas melenas en particular, de acuerdo con este experto:
- Proporcionan fuerza y estructura: “En concreto, los aminoácidos cisteína y metionina son fundamentales para la formación de puentes disulfuro, que proporcionan al cabello fuerza y vitalidad”.
- Retienen la hidratación: “Son clave para evitar la sequedad, la fragilidad y el efecto frizz”.
- Reparan el cabello dañado: “Juegan un papel determinante en la reparación de la fibra capilar, proporcionando los componentes básicos para la síntesis de queratina”.
- Optimizan la textura y aumentan el brillo: “Ayudan a suavizar la cutícula, dando como resultado una textura más suave y mejorando el brillo”.
- Estimulan el crecimiento capilar: “Los aminoácidos actúan como vasodilatadores, mejorando la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y creando un entorno óptimo para el crecimiento. Además, contribuyen a la producción de colágeno, crucial para mantener la integridad estructural del cabello”, señala Pedro Catalá.
-Productos:
1-Champú Hemp Brillo, de Armonía. Con efecto calmante y formulado con semillas de cáñamo, para aportar volumen, flexibilidad e hidratación.
2-Mascarilla Capilar Reparadora, de BeauTerra. Producto 2 en 1 para cabello seco a muy seco y dañado, con doble opción de uso: con y sin aclarado.
3-XCalp Serum, de HD Cosmetic Efficiency. Concentrado estimulante, basado en la epigenética, que hidrata y fortalece tanto el cuero cabelludo como el cabello.
4-Conditioner Go Organic, de Farma Dorsch. Acondicionador que, además de aportar hidratación, aumenta la densidad, el grosor y el volumen capilar.
5-Protector Capilar, de Nuggela & Sulé. Proporciona un triple escudo frente a las herramientas térmicas, la contaminación y los rayos ultravioleta.
6-Hair Beauty, de Luxmetique. Nutracéutico bebible cuya formulación promueve la renovación y generación de nuevos cabellos, favorece el engrosamiento de la fibra y aumenta el brillo.

