Shock pediátrico: niños frente al covid, no sólo portadores

0
425

Hace unos meses saltaban las alarmas en varios países del mundo, la enfermedad COVID-19 se relacionaba con varios casos de shock pediátrico. En ese momento, la Asociación Española de Pediatría aclaraba algunos conceptos con el fin de tranquilizar a la población. 

Aunque es cierto que los niños actúan como portadores de la enfermedad COVID-19, y que la mayoría no llega a desarrollar síntomas, o los presentan de manera muy leve, también se ha relacionado con varios casos graves de shock pediátrico. La Asociación Española de Pediatría ha aclarado que suelen ser en rara ocasiones, aunque forman un cuadro muy conocido y con un tratamiento específico. El cuadro del shock pediátrico se caracteriza por dolor abdominal, síntomas gastrointestinales (diarrea-vómitos), que puede evolucionar en pocas horas a taquicardias e hipotensión.

En cualquier caso, garantizan que el modelo pediátrico español permite actuar ante los primeros síntomas, gracias a la Pediatría y su Atención Primaria, el primer contacto de la atención sanitaria de los niños. Estos sanitarios son los encargados de establecer rápidamente un diagnóstico de sospecha ante patologías que requieran una intervención inmediata en caso de ser necesario.

La enfermedad de Kawasaki

La Organización Mundial de la Salud ha alertado también de la relación que podría existir entre el COVID-19 y el Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico, una afección con características similares al shock pediátrico, además de la enfermedad de Kawasaki. Esto ha alertado a la comunidad médica para que estén atentos , ya que los informes señalan que puede estar relacionado con el COVID-19.

Esta enfermedad, llamada enfermedad de Kawasaki es una rara condición que afecta a los niños menores de cinco años. Provoca que los vasos sanguíneos se hinchen e inflamen. Otros síntomas principales son fiebre y sarpullido, ojos rojos, boca seca, labios agrietados, enrojecimiento de las palmas de las manos y las plantas de los pies o inflamación de las glándulas. Raramente, una cuarta parte de los niños afectados experimentan complicaciones cardíacas, y pocas veces es mortal si se trata adecuadamente en el hospital. 

Atentos a los síntomas de COVID-19

Los pediatras recuerdan a los padres la importancia de estar atentos a los síntomas de alarma de los niños. Según un estudio realizado por seis investigadores de China y publicado en la revista Frontiers in Pediatrics, en los niños, la infección por Covid-19 puede comenzar no necesariamente con tos, como ocurre con los adultos, sino que entre los primeros síntomas están la fiebre, diarrea, enfermedades gastrointestinales o antecedentes de exposición al virus. Otros síntomas son dolor de garganta, respiración rápida, escalofríos y temblores con escalofríos, dolor muscular, dolor de cabeza, pérdida del sentido del gusto o del olfato.

También hay que estar atentos a otros síntomas por otras patologías que siguen siendo motivo de urgencia pediátrica, entre ellos la asociación de fiebre elevada y manchas en la piel, que deben ser un motivo habitual de consulta. La edad pediátrica se ha ampliado en algunos lugares de forma temporal hasta los 25 años.

Más medios de cara al otoño

Los pediatras de Atención Primaria han reclamado más medios para el seguimiento de los casos de infección por COVID-19 y tests que permitan un adecuado seguimiento de los casos sospechosos y sus contactos, para no seguir a ciegas en el próximo otoño e invierno ante la enfermedad y otras patologías infecciosas. Seguiremos ciegos en el próximo otoño e invierno si no se dota de herramientas diagnósticas como test de gripe, test de VRS, auto analizadores de Proteína C reactiva etc., que junto a los test diagnósticos del virus facilitarán el abordaje de toda la patología infecciosa pediátrica superponible a la enfermedad COVID-19.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha elaborado una propuesta para la apertura de escuelas y colegios en la que sugiere que esta sea gradual y escalonada y se deberán contemplar recomendaciones específicas para cada grupo de edad, siendo su aplicación y la incorporación a las actividades habituales educativas de cada grupo de alumnos consensuada con los expertos en educación:

  1. Guarderías, Escuelas infantiles y Educación infantil (3-6 años). Son las áreas que supone mayor precaución, por lo que se deberían limitar los grupos a un cuidador por cada 5 niños y clase y que las actividades colectivas como patio, comedor o siesta sean independientes en cada grupo de 5 niños. Los profesores de escuelas infantiles deben disponer del adecuado equipo de protección en el contacto directo con cada niño, en las actividades de juego, estimulación, alimentación, cambio de pañales, etcétera. 
  1. En la Educación Primaria (6-12 años) se recomienda flexibilizar el horario de entrada y salida a los colegios, reducir el tiempo presencial en la medida de lo posible, establecer horarios por turnos y combinar períodos de actividad académica presencial con la no presencial. En el caso de estos niños se podrá incrementar el número de alumnos por aula, pero con mayor vigilancia de las medidas de distanciamiento social, higiene y de vigilancia de casos y diagnóstico-aislamiento-cuarentena. El uso de mascarilla en estos alumnos de primaria puede ser ya implementado con mayor seguridad, en períodos de mayor riesgo. El uso de guantes sin embargo no está recomendado, ya que su uso continuo puede facilitar la transmisión.
  1. En el caso de la Educación Secundaria (12-16 años) se estima que el nivel de riesgo de contagio puede ser más bajo ya que el alumnado es capaz de aprender y ser responsable en relación con las medidas de distanciamiento, higiene y protección. La prevista mezcla de contenido presencial con contenido online debe organizarse de forma adecuada para no incidir en las inequidades actuales en relación al nivel socioeconómico, sobre todo considerando la ya existente brecha digital.

Recomendaciones específicas

  • Los estudiantes, maestros y otro personal del centro que estén enfermos, no deben asistir a la escuela.
  • Las escuelas deben exigir el lavado regular de manos con agua y jabón, alcohol, desinfectante para manos o solución de cloro al entrar y salir del aula, antes y después de las comidas o de ir al baño y, como mínimo, desinfección diaria y limpieza de superficies escolares.
  • La actividad física puede aumentar la excreción de virus, por lo que mientras se hace deporte los niños deberán también usar la mascarilla.
  • La ventilación frecuente de las aulas.
  • El número de personas en cada aula deberá limitarse para poder garantizar este distanciamiento

Deben establecerse criterios claros para no acudir al centro educativo: malestar, síntomas respiratorios de vías altas, diarrea, fiebre, etc.), y los criterios de laboratorio que evidencien una infección activa: una prueba PCR positiva, o una serología con IgM positiva.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here