¿Cuánto dura la inmunidad que proporciona las vacunas frente al Covid ?
¿Puede el virus hacerse resistente a la vacuna? Cinco sociedades científicas elaboran un manifiesto con respuestas consensuadas a las dudas más frecuentes frente al SARS-CoV2.


El inherente miedo a lo desconocido y el exceso de información no contrastada; recibida por la población en lo referente a las vacunas contra la COVID-19 han hecho su trabajo. Por ello, conforme se van completando los grupos prioritarios de vacunación y mientras “nos toca”; son muchas las dudas que nos asaltan sobre la vacuna frente al coronavirus.

Para vencer el miedo que nos pueda ocasionar tomar una decisión tan importante. No hay nada como estar bien informado, y por los cauces correctos, sobre cuestiones elementales. Con el objetivo de conseguir la inmunidad colectiva mediante la vacunación voluntaria venciendo inseguridades, 5 sociedades científicas han elaborado el manifiesto. La ciencia nos ha dado las vacunas, entre todos haremos que sean eficaces, en el que aclaran las dudas más frecuentes entre la población. Son las Asociaciones Españolas de Pediatría y de Vacunología y las Sociedades Españolas de Inmunología, Microbiología y de Virología; que una vez más manifiestan su apoyo y asesoramiento a la vacunación contra la COVID-19.

A pesar de las mutaciones conocidas, en principio no son de tal calado para que la vacuna no sea efectiva, por lo que es necesario que nos vacunemos


Preguntas frecuentes sobre la vacunación contra el Covid-19

1.- ¿En qué consisten las vacunas contra el SARS-CoV-2?

1.- ¿En qué consisten las vacunas contra el SARS-CoV-2?

Son numerosos los productos candidatos a vacuna del COVID-19 en investigación, pero dos de ellos destacan por los avances logrados. Se trata de la vacuna BNT162b2 (Pfizer-BioNTech) y la vacuna mRNA-1273 (Moderna).

Tienen un denominador común y es generar las defensas frente a una proteína del virus que se llama S (espícula) que se encuentra en la su superficie. Es la que favorece que el germen tenga capacidad para infectar. Nuestro sistema inmunológico reconocería la proteína S como algo extraño y genera anticuerpos e inmunidad celular contra ella. Es un mecanismo de inmunización similar al que se consigue con la vacuna DTP contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. La diferencia de las vacunas frente a la COVID-19 con vacunas como la DTP es que en estas últimas se administran las proteínas contra las que pretendemos inmunizarnos. Mientras que en las primeras se administra el material genético encargado de producir dichas proteínas, pero el resultado final es el mismo.

2.- ¿Son seguras las vacunas contra el SARS-CoV-2?

La seguridad de las vacunas se ensaya tradicionalmente en animales de laboratorio y después con un número reducido de personas voluntarias. Pero en el caso de las vacunas contra la COVID-19, se han vacunado miles de personas antes de su aprobación. En el caso de las vacunas contra la COVID-19 de Moderna y Pfizer-BioNTech, se han ensayado en centenares de personas durante las fases I y II.

Únicamente se han observado efectos leves o moderados (fiebre, inflamación local, dolor de cabeza, malestar, fatiga, etc.), que son comunes a otras vacunaciones. En ningún caso se han detectado efectos graves. Estos efectos infrecuentes y/o a largo plazo tienen que ver con la propia variabilidad biológica de cada persona. Del mismo modo que existen personas con alergias a determinados medicamentos, alimentos, etc. También se pueden desarrollar efectos adversos a alguno de los componentes de las vacunas.

3.- ¿Qué significan los valores de eficacia de las vacunas frente al Covid?

Al igual que ha ocurrido en las fases de seguridad, el Nº de vacunados para evaluar la eficacia de estas vacunas ha sido de decenas de miles de personas, que es significativamente mayor que con otras vacunas.  Las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech han demostrado hasta el momento eficacias del 94,5 % y 95 % respectivamente.

4.- ¿Las vacunas previenen de la infección o de la enfermedad?

Los datos de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech no permiten saber si evitan la infección por SARS-CoV-2; pero sí reducen la probabilidad de desarrollar formas moderadas o graves de la enfermedad COVID-19. Esto significa que una persona vacunada puede ser portadora sintomática o asintomática del virus y, por tanto, parece que la vacuna no evitaría la transmisión del virus. Pero sí evitaría padecer la enfermedad.

Ante esta perspectiva, y a falta de alcanzar un cierto grado de inmunidad colectiva; es imprescindible continuar con las medidas de distanciamiento físico, reducción de aforos y el uso de mascarillas.

5.- ¿Cuánto tiempo dura la inmunidad de estas vacunas?

Los datos de los primeros voluntarios vacunados datan de marzo a mayo de 2020, por lo que el periodo máximo en el que se pueden evaluar la respuesta de anticuerpos o la inmunidad celular es de 7 a 9 meses en el momento actual.

Los datos de personas infectadas (que no vacunadas) con el SARS-CoV-2 indican que la infección natural proporciona una inmunidad duradera; detectándose anticuerpos hasta 3 meses después de la infección inicial. Por otro lado, se ha detectado inmunidad celular cruzada entre coronavirus causantes de resfriados estacionales y el nuevo SARS-CoV-2. Esta inmunidad es de varios años, según estudios realizados con muestras de personas infectadas por dichos coronavirus estacionales antes del 2019. En ningún caso estos hallazgos tras una infección natural son extrapolables a los que se obtendrán mediante la vacunación.

Si bien se estima que la inmunidad conferida por la vacunación será, probablemente, tan potente o más que la conferida por la infección natural.

6.- ¿Puede hacerse el virus “resistente” a las vacunas?

Las dos vacunas aprobadas por la FDA y/o la EMA están basadas en la inmunización contra la proteína S del virus; aunque éste contiene también otras proteínas estructurales. Hay que tener presente que los virus mutan, ya que es su mecanismo natural para evolucionar. Hasta la fecha se han documentado múltiples mutaciones en el genoma del SARS-CoV-2; y algunas de ellas podrían provocar cambios en las proteínas de su estructura.

Aunque la proteína S parece no presentar una tasa de mutación mayor que el resto del genoma; no es posible prever cómo va a evolucionar el virus una vez iniciada la vacunación masiva. En caso de acumularse varias mutaciones en la proteína S, las vacunas podrían ver reducida su efectividad. Si así fuera, existe la posibilidad de reformular los preparados vacunales; con la información correspondiente al nuevo virus, del mismo modo que se realiza para la vacuna de la gripe estacional.

7.- ¿Por qué es necesario un mínimo de personas vacunadas para lograr la inmunidad colectiva o de grupo?

El porcentaje de la población necesario para lograr una inmunidad colectiva depende del tipo de enfermedad y de la eficacia de las vacunas. En enfermedades que se transmiten fácilmente es necesario vacunar a un mayor porcentaje de la población. Por ejemplo, el sarampión se transmite con muchísima facilidad. Por eso, a pesar de que disponemos de una vacuna muy eficaz, se requiere que un 95 % de la población esté vacunada para evitar rebrotes.

Este es, precisamente, el motivo de la aparición de brotes de sarampión en situaciones en las que la cobertura de vacunación no es la óptima. La COVID-19, aunque se transmite con facilidad, no llega a alcanzar la contagiosidad del sarampión. De ahí que la cobertura de vacunación necesaria para lograr la inmunidad colectiva se estime en, aproximadamente, un 60%.

8.- ¿Habrá más vacunas o cambiará el régimen de vacunación contra la COVID-19?

No podemos descartar futuros cambios en el régimen de vacunación contra la COVID-19. En este contexto, las primeras vacunas en llegar no necesariamente han de ser las más eficaces. Existen otras vacunas candidatas que se ha ensayado en fase 3, como la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 (Universidad de Oxford-AstraZeneca), basada en un adenovirus de chimpancé, capaz de infectar, pero no de multiplicarse, en las células humanas y, por tanto, sin ocasionar daño ni enfermedad.

Este adenovirus ha sido modificado para llevar la información genética de la proteína S, de modo que; tras la infección con el adenovirus, nuestras células producirían la proteína S. Es importante destacar que continuar la investigación en nuevas vacunas es imperativo, y que existen otros candidatos a vacuna que no confían exclusivamente en la inmunización contra la proteína S, sino que utilizan virus completos, bien inactivados o atenuados.

Cuyo almacenamiento, transporte, distribución y vía de administración puede favorecer la mayor cobertura vacunal a nivel de la población mundial. Estas vacunas basadas en microorganismos completos son habitualmente más inmunogénicas que las basadas en una única proteína, pero es necesario ensayar más minuciosamente su seguridad.

9.- ¿Las vacunas frente al COVID-19 servirán para controlarnos o para modificarnos genéticamente?

Rotundamente no. Las vacunas son fruto del progreso del ser humano, y se llevan empleando cientos de años para evitar padecer enfermedades. Como consecuencia de ello secuelas importantes, así como muertes prematuras. Algunas vacunas han conseguido erradicar enfermedades (la vacuna de la viruela). También se han mostrado eficaces en prevenir el desarrollo de cáncer (la vacuna del papiloma).

La creencia errónea de pensar que las vacunas se diseñan para controlarnos o modificarnos genéticamente ha traído retrocesos en el control de algunas enfermedades, como por ejemplo; el problema tan importante de la falta de erradicación de la polio en algunos países de África o Asia. La proclama de estas ideas demuestra una falta absoluta de conocimientos, ya no solo científicos, sino de la biología más fundamental.

10.- ¿Son seguras, las vacunas contra el covid-19?

Tal y como recoge el manifiesto firmado por las cinco sociedades científicas, “hay que destacar que todas las vacunas de nuestro calendario vacunal; desde las más antiguas hasta las más recientes, han seguido los mismos pasos que las vacunas frente a la COVID-19. En todos los casos se han documentado y estudiado sus efectos adversos y se ha garantizado su elevada seguridad y eficacia. Las agencias reguladoras (EMA en Europa y AEMPS en España). Son las encargadas de velar porque las vacunas contra la COVID-19 cumplan con los estándares habituales de calidad, seguridad y eficacia. Actualmente contamos con datos de centenares de miles de personas vacunadas, no sólo durante las fases clínicas, sino también tras el inicio de las vacunaciones.

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