asma bronquial

El asma bronquial es una enfermedad que se caracteriza por una obstrucción de las vías aéreas, que puede hacerse permanente si no se trata adecuadamente. Sus síntomas más comunes son sibilancias, tos y disnea o sensación de ahogo. Los expertos insisten en la importancia de enseñar a los niños a detectar por ellos mismos el inicio de las crisis.

En un ataque de asma, las vías respiratorias pueden inflamarse y estrecharse. Aunque los niños asmáticos presentan generalmente un buen control de su enfermedad, “existe un grupo de niños que, a pesar de recibir un tratamiento adecuado, no son capaces de alcanzar un control correcto. Son los casos de asma grave infantil, que afecta a entre el 2% y el 5% de los niños con asma en nuestro país”, asegura el doctor Francisco Javier Ruiz Hornillos, alergólogo del Hospital Universitario Infanta Elena de Madrid.

Los alérgenos, “en la picota”

Los alérgenos son una de las causas de este mal control del asma, por lo que, según este experto, sería recomendable “realizar un estudio alergológico adecuado en todos los niños con asma ya que, en función de la zona o del ambiente, los alérgenos más frecuentemente implicados pueden ser los pólenes, los ácaros del polvo, los hongos de la humedad o los epitelios de los animales”. Una vez diagnosticados, se recomiendan medidas de desalergenización acordes a cada uno y, solo en los pacientes que estén controlados “se podrá instaurar un tratamiento con inmunoterapia”, matiza el doctor Ruiz Hornillos. Según el doctor, el tratamiento de los niños con asma grave se realiza de forma escalonada:

  1. En primer lugar, es importante reforzar el tratamiento con corticoides inhalados y broncodilatadores, utilizando los inhaladores más adecuados a cada niño y comprobando que son capaces de realizarlos.
  2. En los niños en los que se ha superado esta fase y siguen sin presentar un adecuado control de la enfermedad, una opción terapéutica es la terapia biológica por lo que es necesario acudir a unidades especializadas en el tratamiento con asma grave infantil.

Enseñar a los niños a detectar las crisis

Los expertos coinciden en destacar que se debe enseñar a los niños a detectar por ellos mismos el inicio de las crisis. “Si se les entrena en este reconocimiento, lo van a realizar antes de que los síntomas sean tan evidentes que ya los detectan los padres y mucho antes de que acudan a un médico para instaurarles el tratamiento”, asegura el doctor. Si se consigue tratar las crisis de forma precoz se conseguirá controlar la enfermedad mucho mejor y los pequeños podrán realizar todas las actividades propias de su edad como por ejemplo el deporte, una actividad que reporta numerosos beneficios para la salud de estos pacientes. “Para que estos niños puedan practicar deporte han de estar controlados y este adecuarse a su grado de asma. Además, se debe tener en cuenta que los esfuerzos intermitentes son mejor tolerados que los esfuerzos intensos prolongados”, apunta el doctor. Es importante recordar también que siempre que comiencen con síntomas deben parar y tener accesibles sus inhaladores.

El doctor también insiste en la importancia de entrenar en la correcta utilización del arsenal terapéutico en el niño para conseguir un buen control del asma. Es “muy importante ya que es frecuente que algunos padres, por miedo a los efectos secundarios o por desconocimiento de la evolución de la enfermedad, no sigan el tratamiento recomendado todos los días. En este punto la educación sanitaria va a ser fundamental”, asegura este experto. La falta de adherencia se asocia a mayor riesgo de exacerbaciones graves en niños, hospitalizaciones, visitas a urgencias y uso de corticoides orales.

Según la SEPAR, la contaminación induce una respuesta proinflamatoria en sujetos sanos y más alergia en asmáticos, al potenciar el efecto de los alérgenos y aumentar la respuesta alérgica en asmáticos.

Otras alergias graves

¡Cuidado en el aula!

El síndrome de enterocolitis inducido por proteínas de la dieta, más conocido por su acrónimo en inglés FPIES (Food protein-induced enterococolitis syndrome), es una alergia alimentaria no mediada por IgE que típicamente se manifiesta con síntomas gastrointestinales que aparecen varias horas después de la ingesta del alimento causal. “Los síntomas más característicos de esta enfermedad son los vómitos repetidos y prolongados en el tiempo que aparecen entre media hora y 4 horas tras la ingesta del alimento. Los vómitos pueden acompañarse de palidez, letargia o decaimiento y también puede aparecer diarrea acuosa, que es más tardía entre 5-10 horas, que puede acompañarse o no de sangre y moco”, explica la doctora Sonsoles Infante Herrero, alergóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Cualquier alimento puede potencialmente producir FPIES; de forma global, los alimentos más frecuentemente implicados son las proteínas de leche de vaca, la soja, el arroz, la avena y el huevo. “En España, el alimento que con más frecuencia produce FPIES es el pescado”, matiza la doctora Infante Herrero.

El tratamiento se basa en dos pilares fundamentales que son el manejo dietético, es decir la retirada del alimento causal de la dieta, y el tratamiento farmacológico de la reacción aguda. A menudo el diagnóstico se hace con retraso ya que los síntomas “no parecen de alergia y resultan más similares a una gastroenteritis, enfermedad más frecuente en la infancia. También puede influir en el diagnóstico que algunos de los alimentos implicados, como el arroz, no son alimentos considerados alergénicos,” explica la doctora.

Ante una anafilaxia: determinación

La anafilaxia es una reacción alérgica grave, “cuyos síntomas son la aparición de ronchas en la piel, hinchazón, náuseas, vómitos, tos, dificultad para respirar, mareo, desvanecimiento, etcétera, síntomas que pueden ser potencialmente mortales”, explica la doctora Silvia Sánchez García, alergóloga del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. “La manera de prevenir estos episodios es evitar el contacto directo entre la persona alérgica y el agente alérgeno”, asegura la doctora. Lo primero es aplicar el autoinyector de adrenalina que siempre debe llevar consigo el paciente. Después, llamar a los servicios de urgencias de forma inmediata, e indicar con claridad el lugar donde se encuentra la persona y mencionar que está sufriendo una anafilaxia.

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Paula Rivero

Pertenezco a la primera promoción de Periodismo que salía del "horno" de Sevilla (en todos los sentidos), allá por el año 94. La falta de experiencia de una facultad que empezaba me llevó a tener...