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Home InfantilCuidados y consejos Parasitosis por lombrices. ¡mamá, pica!

Parasitosis por lombrices. ¡mamá, pica!

por Redacción Consejos

Los colegios y arenas de los parques constituyen un lugar común para el contagio de helmintos, un tipo de gusano conocido coloquialmente como lombrices

La oxiuriasis o enterobiasis es una paratosis intestinal producida por un gusano o helminto denominado Enterobius vermicularis. Esta paratosis afecta especialmente a los niños y se manifiesta básicamente con un intenso prurito anal, que se intensifica por las noches. Dada la facilidad de contagio, esta paratosis suele ser endémica en instituciones cerradas como escuelas, cuarteles o viviendas familiares, de ahí que cuando se detecta el contagio en algún miembro, conviene poner a tratamiento a todos los miembros del entorno.

El intestino humano, su casa

Cuando este parásito infesta al ser humano, su hábitat natural es el intestino, dentro del cual se desarrolla prácticamente todo su ciclo vital. Las lombrices adultas se establecen en la mucosa del ciego, a la cual se adhieren por la parte de la cabeza gracias a unos labios especiales que tienen en la boca. Por la noche es cuando las hembras migran desde el ciego hasta el ano para depositar los huevos, de ahí que el picor se intensifique entonces. Los huevos contienen un embrión, que a la temperatura de la piel se desarrolla en el plazo de 4 a 6 horas. Si se desprenden de la piel, los huevos pueden mantenerse viables en un medio húmedo (por ejemplo, la arena de los parques) hasta 2-3 horas.

¡Mamá, pica!

Generalmente, los síntomas comienzan de 2 a 4 semanas después del contagio, una vez que los gusanos llegan a ser adultos. Lo más frecuente es un picor o prurito intenso en la región anal, que se intensifica por la noche, lo que puede producir sueño intranquilo, irritabilidad, alteraciones del humor, despertares frecuentes, pesadillas e incluso sonambulismo. El acto de rascarse surge espontáneamente, ocasionando con frecuencia pequeñas erosiones o, incluso, fisuras anales, que despiertan un dolor intenso, particularmente durante y después de la defecación. Las complicaciones, que no son muy habituales, se producen cuando, a consecuencia del rascado, la zona del ano se sobreinfecta con diversos microorganismos. En algunos casos muy raros, los parásitos pueden ocluir el ciego, produciendo una apendicitis. Puede acompañarse además de prurito en el área de los genitales o de la vagina, originando irritación e inflamación secundaria al rascado, y en las niñas incluso con molestias al orinar.

De detectarse en un miembro de la familia hay que poner en tratamiento al resto, al ser el contagio extremadamente frecuente

¿Cómo se produce el contagio?

El contagio se produce por vía fecal-oral, es decir, cuando una persona se lleva a su boca los dedos u objetos contaminados con huevos. Dado que producen picor, es muy común que el niño se rasque la región anal, contaminándose así los dedos que luego puede llevarse a la boca, o tocar a algún amiguito que a su vez se contagie de la misma manera. También puede producirse el contagio de manera indirecta, por ejemplo a través de toallas, sábanas o ropas contaminadas. Después de ingresar en el organismo por vía digestiva, los huevos se abren, permitiendo la salida de las larvas y reiniciándose el ciclo vital. La mejor forma de diagnosticar las lombrices es la observación de los gusanos es a través de las heces o en la periferia del ano.

El tratamiento farmacológico

El tratamiento consiste en la administración de fármacos antiparasitarios de diversos tipos, generalmente en una sola dosis por vía oral. Este tratamiento se aplicará a todos los miembros de la familia o de la misma clase de colegio. Habitualmente, el procedimiento se repite, con intervalos de una semana, uno o varias veces, para garantizar la completa eliminación de los parásitos. También hay que prevenir la autoinfestación y las lesiones anales que produce el
rascamiento, manteniendo la higiene escrupulosa de las manos, y cepillándose las uñas tras las deposiciones. Además, es conveniente cortar bien las uñas de los pequeños y lavar cuidadosamente y con el agua bien caliente las sábanas, ropas y toallas durante varios días, incluso después de haber comenzado el tratamiento farmacológico.

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