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Alerta por el uso excesivo de benzodiacepinas en adolescentes

por Paula Rivero

El uso de benzodiazepinas en nuestro país está tan normalizado que forma parte de los botiquines de “prácticamente todas las casas”. Así lo denuncia la semFYC, sociedad que criminaliza su consumo arbritrario e insta a poner freno a la naturalidad con la que se ingieren en los hogares españoles.

“Las benzodiacepinas están prácticamente en todas las casas y se ha normalizado su uso en adolescentes, donde incluso en el ámbito familiar se dan sin ser prescritas por el médico como si fuera un analgésico, sin tener en cuenta sus efectos ni riesgos”, alerta Idoia Jiménez, coordinadora del grupo de trabajo Atención al Adolescente de la semFYC quien con motivo del Día Mundial de la Salud Mental destacaba un preocupante aumento en el consumo de benzodiacepinas entre los jóvenes. 

Riesgos derivados de su consumo 

Además de alertar de los riesgos de su consumo: “dependencia, confusión, trastornos de ánimo y de la memoria”, la portavoz de la semFYC recuerda que el acceso a benzodiacepinas puede facilitar en adolescentes de riesgo los intentos de suicidio”. 

Y recuerda que, tal y como reza la guía Qué hacer y no hacer en la atención a la adolescencia, elaborada por el Grupo de Trabajo de Atención al Adolescente de la semFYC, “prescribir benzodiacepinas ante problemas de ansiedad o insomnio comporta más efectos secundarios indeseables que beneficios”. En este contexto, la coordinadora del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la semFYC, Luz de Myotanh Vázquez, señala que «se debe considerar el daño que pueden causar en los adolescentes, ya que muchos psicofármacos tienen efectos secundarios que posiblemente sean peor tolerados por los adolescentes que por los adultos”. 

Esta prescripción, tal y como reza esta guía, solo estaría justificada en la población adolescente de 10 a 21 años ante problemas neurológicos o psiquiátricos graves.

Secuelas post pandémicas

Asensio López, coordinador del Programa de Actividades de Prevención y Promoción de la Salud (PAPPS) de la semFYC, explica que “la pandemia ha incrementado las situaciones de soledad y aislamiento social, disminuyendo las habilidades sociales y aumentando los cuadros de ansiedad y depresión en algunos niños y jóvenes”. Así, se ha observado el aumento de patologías como los trastornos del sueño, problemas de alimentación, ansiedad y depresión tras la pandemia. 

Por eso, los expertos recomiendan estar atentos a señales de alerta que deben poner a padres y especialistas sobre aviso y que son: el aislamiento, el rendimiento escolar con peores resultados o materias suspendidas, cambios en la forma de comer, tanto en la cantidad de comida como en un comportamiento de esconderse para comer, alteraciones en la conducta que pueden ir desde la apatía hasta tener reacciones desmesuradas como gritos o malas contestaciones, el insomnio y el abandono y deterioro del aspecto físico. 

Sobre esto, los expertos ponen en el foco en el hecho de que “el avance tecnológico y la globalización han creado un entorno de constante exposición a comparaciones sociales, generando una presión intensa a los jóvenes por cumplir ciertos estándares de éxito y felicidad, generando una gran ansiedad”. 

Y relacionado con el avance tecnológico, los expertos denuncian cómo “el ciberacoso, que incluye insultos, amenazas y exclusión en redes sociales, tiene repercusiones graves en la autoestima y puede llevar a enfermedades mentales y la ciberadicción genera problemas de insomnio, trastornos conductuales y falta de desarrollo en los jóvenes”. No deja de ser una adicción como cualquier otra droga, solo que en este caso el consumo se hace a través de la conexión a la red”, añade la coordinadora del grupo de trabajo de Salud Mental.

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