Con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización, que se celebra del 24 al 30 de abril, es importante poner en valor el papel de la nutrición en el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. En este contexto, la vitamina B12 es un micronutriente esencial, ya que interviene en procesos como la síntesis de ADN, la formación de células sanguíneas y la regeneración celular, fundamentales para una respuesta defensiva eficaz.
La evidencia científica señala que un déficit de vitamina B12 puede alterar distintos componentes del sistema inmunitario, afectando a la actividad de los linfocitos y reduciendo la capacidad de respuesta frente a infecciones, especialmente de origen viral. Por ello, mantener niveles adecuados resulta clave para preservar el equilibrio de las defensas.
Es especialmente relevante prestar atención a los grupos de riesgo, como las personas mayores, quienes siguen dietas vegetarianas o veganas sin una adecuada suplementación o aquellos pacientes en tratamiento prolongado con determinados medicamentos que pueden interferir en su absorción. En este contexto entrevistamos a la dra. Ana Isabel Ortiz, gerente del Área de Salud de Farmasierra.
¿Qué papel juega la nutrición en el sistema inmunitario?
La nutrición es clave para que el sistema inmunitario funcione bien, para que todas las células y procesos implicados en la respuesta inmunitaria se activen, se coordinen bien y respondan adecuadamente frente a infecciones. A través de la alimentación aportamos los nutrientes que necesitan las células de defensa para su correcto funcionamiento ya que interviene en todos sus procesos, desde la formación de las células defensivas hasta su capacidad para reconocer y eliminar patógenos.
Para que el sistema inmune responda de forma eficaz, necesita un aporte adecuado de energía, de proteínas y de micronutrientes. Por ejemplo, algunos nutrientes participan en la producción de anticuerpos, otros regulan la inflamación y otros ayudan a mantener la integridad de barreras como la piel o las mucosas, que son la primera línea de defensa.
Para ello es especialmente importante un buen aporte de proteínas, vitaminas como la C , la D y la B12, o minerales como el zinc o el hierro. Además, una dieta equilibrada ayuda a mantener una microbiota intestinal sana, que también forma parte de nuestras defensas.
Cuando la alimentación es deficitaria o desequilibrada y no cubre estas necesidades, el sistema inmunitario puede debilitarse, volverse menos eficaz y la respuesta inmunitaria puede hacerse más lenta, menos precisa o incluso desregulada.
¿Por qué es especialmente importante la vitamina B12 para nuestras defensas?
La vitamina B12 es importante para el sistema inmunitario porque interviene en la formación y el correcto funcionamiento de las células sanguíneas, especialmente de los glóbulos blancos, que son los encargados de defendernos frente a infecciones. Sin niveles adecuados de B12, la producción y maduración de los glóbulos blancos puede verse comprometida
Además, participa en la síntesis del ADN, un proceso clave para que las células inmunitarias se puedan multiplicar y responder con rapidez cuando el organismo lo necesita ante una infección. Influye en el equilibrio de la respuesta inmune, ayudando a que sea eficaz sin volverse excesiva.
Cuando hay déficit de vitamina B12, la producción de estas células puede verse alterada, lo que puede traducirse en una respuesta inmune menos eficaz. Esto es especialmente relevante en personas mayores, vegetarianos estrictos o personas con problemas de absorción a nivel intestinal.
¿Cómo afecta un déficit de vitamina B12 a la respuesta frente a infecciones?
Un déficit de vitamina B12 puede hacer que la respuesta frente a infecciones sea más lenta y menos eficaz. Esto se debe a que el déficit de esta vitamina afecta a la producción y maduración de los glóbulos blancos, que son clave para reconocer y combatir patógenos. Al haber menos producción y renovación de células defensivas, la respuesta puede ser más lenta y menos eficaz.
Además, al dificultar la síntesis de ADN, como estas células no se multiplican con la rapidez necesaria, al organismo le cuesta más reaccionar cuando aparece un patógeno, de manera que, en la práctica, esto puede traducirse en una mayor susceptibilidad a sufrir infecciones o en una recuperación más lenta y prolongada de los procesos infecciosos.
¿Cuáles son los principales síntomas o señales de falta de vitamina B12?
Los síntomas de falta de vitamina B12 suelen aparecer de forma progresiva y, al principio, pueden ser poco específicos. Los más habituales son el cansancio o la sensación de debilidad, relacionados con la anemia que puede provocar.
También pueden aparecer palidez, mareos, falta de concentración o problemas de memoria. En algunos casos, se presentan hormigueos en manos y pies, ya que la B12 es importante para el buen funcionamiento del sistema nervioso.
A nivel más general, algunas personas notan irritabilidad, cambios en el estado de ánimo o una mayor sensación de fatiga que no mejora con el descanso.
¿Qué grupos de población tienen mayor riesgo de sufrir este déficit?
Los grupos con mayor riesgo de déficit de vitamina B12 son bastante concretos.
Por un lado, las personas que siguen dietas vegetarianas estrictas o veganas, si no suplementan, ya que la B12 se encuentra casi exclusivamente en alimentos de origen animal.
También es frecuente las personas mayores, porque con la edad disminuye la acidez gástrica y, con ello, la capacidad de absorber correctamente la vitamina B12 a nivel intestinal.
A nivel clínico, hay más riesgo en personas con problemas digestivos que afectan a la absorción, como la enfermedad de Crohn, la enfermedad celíaca o la gastritis atrófica, así como en quienes han pasado por cirugías gástricas o bariátricas.
Además, hay que tener en cuenta a personas que toman determinados fármacos de forma prolongada, como inhibidores de la acidez gástrica o Metformina, que pueden interferir en su absorción.
En dietas vegetarianas o veganas, ¿cómo se puede garantizar un buen aporte de B12?
En dietas vegetarianas estrictas o veganas, la única forma fiable de garantizar un buen aporte de vitamina B12, dado que ésta se encuentra sólo en los alimentos de origen animal, es a través de alimentos enriquecidos o, sobre todo, de suplementación.
Aunque existen productos fortificados (como algunas bebidas vegetales o cereales), en la práctica suele ser difícil cubrir las necesidades sólo con estos alimentos de forma regular.
Por eso, la recomendación general es utilizar suplementos de vitamina B12 adaptados a cada persona y necesidad, ya que es una opción segura, eficaz y fácil de controlar. Además, conviene hacer controles periódicos para asegurarse de que los niveles son adecuados.
¿Qué medicamentos pueden interferir en su absorción?
Algunos medicamentos pueden interferir en la absorción de la vitamina B12, sobre todo cuando se toman durante periodos prolongados.
Los más conocidos son los fármacos que reducen la acidez gástrica, como los inhibidores de la bomba de protones (por ejemplo, Omeprazol) o los antiácidos. Al disminuir el ácido del estómago, dificultan la liberación de la B12 contenida en los alimentos y ésta no puede absorberse posteriormente a nivel del intestino.
También hay que tener en cuenta la Metformina, un medicamento muy utilizado en diabetes, que puede afectar a su absorción a nivel intestinal.
En estos casos, especialmente si el uso es crónico, es importante hacer un seguimiento de los niveles y valorar si es necesario suplementar.
¿Se puede cubrir la vitamina B12 solo con la alimentación o es necesaria la suplementación?
Pues todo depende del tipo de dieta y de la situación individual.
Se puede cubrir con la alimentación cuando se consumen productos de origen animal de forma regular. Las principales fuentes de B12 son: las carmen (especialmente hígado), los pescados y mariscos, los huevos y los lácteos. En personas sanas, con buena absorción digestiva, estas fuentes suelen ser suficientes y normalmente no es necesario suplementar, pero conviene controlar niveles si hay síntomas o factores de riesgo, ya que la vitamina B12 no solo depende de lo que comes, sino de cómo la absorbes. Puedes ingerir suficiente y aun así tener déficit.
Y, por otro lado, no es suficiente solo la alimentación y por lo tanto la suplementación suele ser necesaria, como comentábamos anteriormente, en casos concretos como:
- personas que siguen dietas vegetarianas estrictas o veganas. En estos casos si se recomienda la suplementación de B12 de forma regular.
- personas con problemas de malabsorción (enfermedades inflamatorias intestinales como como la enfermedad de Crohn, gastritis atrófica o ausencia de vesícula que pueden dificultar su absorción. En estos casos es muy frecuente necesitar suplemento, incluso aunque coman alimentos con B12.
- en muchas personas mayores es recomendable suplementar vitamina B12 dado que con la edad disminuye la capacidad de absorber esta vitamina, pero no automáticamente en todos los casos. La clave está en la absorción, que suele disminuir con la edad.
- o en el caso de personas que necesitan tomar de manera continua determinados medicamentos (antiácidos, metformina, etc.)
¿Qué papel tiene el farmacéutico en la detección y prevención de este déficit?
El farmacéutico tiene un papel importante en la detección y prevención del déficit de vitamina B12, porque es el profesional sanitario más accesible para la población.
En el día a día, el farmacéutico puede identificar personas en riesgo al hacer preguntas breves o revisar su medicación: personas mayores, dietas vegetarianas o veganas, pacientes con problemas digestivos como los que hemos comentado anteriormente, o con uso prolongado de fármacos concretos (antiácidos, metformina…)
Además, puede detectar síntomas sospechosos como cansancio persistente, hormigueos, problemas de memoria, procesos infecciosos muy recurrentes o más largos de lo habitual, … y derivar al médico para confirmar con analítica.
El farmacéutico también actúa antes de que aparezca el problema: educa sobre fuentes alimentarias de B12, recomienda alimentos enriquecidos (en dietas vegetales), aconseja suplementación preventiva en grupos de riesgo y ayuda cuando es necesario recurrir a medicamentos.
Cuando hay que suplementar, su papel es esencial para: orientar en el tipo de productos que hay disponibles en la farmacia (forma oral, inyectable), explicar cuándo y cómo tomarlo, evitar interacciones con otros medicamentos y favorecer la adherencia al tratamiento.
Y además el farmacéutico puede hacer un seguimiento cercano: ver si hay mejoría de síntomas, recordar la importancia de controles periódicos, detectar posibles problemas de adherencia, etc.
El farmacéutico actúa como un puente entre la población y el sistema sanitario, ayudando a detectar precozmente el déficit, prevenirlo en personas de riesgo y optimizar el tratamiento cuando éste es necesario.
¿Qué consejo clave daría a la población para cuidar su sistema inmunitario?
Si tuviera que dar un solo consejo clave, sería este “cuida tus hábitos diarios antes que buscar soluciones rápidas”.
El sistema inmunitario no se “refuerza” con un producto puntual, sino que depende de un equilibrio constante entre alimentación, descanso y estilo de vida:
- Alimentación: priorizar alimentos frescos: frutas, verduras, legumbres, frutos secos, asegurar nutrientes clave: vitamina B12, C, D, zinc y proteínas e incluye alimentos fermentados (yogur, kéfir…) importantes para la microbiota intestinal
- Descanso: mucho más importante de lo que parece. Dormir mal afecta directamente a las defensas, así que debemos intentar dormir 7-8 horas, mantener horarios regulares y evitar pantallas y estimulantes antes de acostarnos.
- Movimiento y exposición natural. Es importante realizar actividad física moderada y de manera regular, exposición al sol (clave para vitamina D), contacto con el entorno (no vivir en soledad).
- Estrés bajo control. El estrés crónico debilita la respuesta inmunitaria. Utilizar técnicas de relajación, tiempo de desconexión y cuidar la salud mental ayuda a conseguirlo.
- Suplementos. Sólo cuando hay déficit o riesgo (por ejemplo, vitamina D o B12 en casos concretos). Pero siempre recordando que no sustituyen a una buena base.
El mejor “refuerzo inmunitario” no está en una pastilla, sino en lo que hacemos cada día: comer bien, dormir bien, movernos y gestionar el estrés.





