Durante el tratamiento oncológico, muchos pacientes experimentan efectos secundarios como pérdida de apetito, saciedad precoz, alteraciones del gusto, náuseas, diarrea o mucositis. La Sociedad Andaluza de Oncología Médica (SAOM) nos da las claves para volver a disfrutar de la comida y nos recuerda que las restricciones deben establecerse siempre de forma individualizada y que es fundamental establecer rutinas básicas de medicación, descanso e hidratación.
Adaptarse al enfermo es el verbo con el que se debe abordar cualquier enfermedad: no todos experimentamos los mismos síntomas, ni reaccionamos igual a los medicamentos, ni nos sientan igual de bien o de mal algunos alimentos, por lo que siempre, las recomendaciones deben adaptarse a cada situación individual, basándose siempre en la evidencia científica y en la valoración clínica personalizad. Así lo explican desde la Sociedad Andaluza de Oncología Médica y la nutricionista experta en ámbito oncológico, Victoria Góngora. “Durante los tratamientos oncológicos, una proporción significativa de pacientes experimenta efectos secundarios que interfieren directamente con la alimentación, como pérdida de apetito, saciedad precoz, alteraciones del gusto, náuseas, diarrea o mucositis”, explica la doctora Carmen Beato, vicepresidenta de la Sociedad Andaluza de Oncología Médica.
Tranquilidad ante todo
Estas manifestaciones, “que pueden afectar a entre el 40% y el 80% de los pacientes en función del tipo de tumor y del tratamiento recibido”, tienden a intensificarse en momentos de celebración en los que predominan los platos abundantes, los olores intensos y unas expectativas sociales que no siempre se ajustan a la realidad física del paciente. “En estas situaciones, la presión por comer como siempre o por seguir el ritmo del resto de la familia no solo no mejora la situación nutricional, sino que con frecuencia incrementa el malestar digestivo y la ansiedad. De ahí que sea tan importante transmitir un mensaje de tranquilidad: experimentar tristeza, cansancio o sensación de agobio en momentos puntuales no tiene por qué influir negativamente en la evolución del cáncer. Reducir la carga emocional asociada a la comida y normalizar ritmos distintos favorece una mejor calidad de vida”, explican desde la SAOM.
“La alimentación está estrechamente ligada al concepto de protección y afecto, y el papel de la familia y de las personas cuidadoras resulta clave para que las celebraciones se vivan de forma segura y serena, por lo que el apoyo nutricional y emocional debe dirigirse tanto al paciente como a su familia, entendidos como una unidad”, apostilla Victoria Góngora.
Afrontar el problema en positivo
El problema: falta de apetito o saciedad precoz.
La solución: Victoria Góngora sugiere optar por platos de textura suave y cremosa, como cremas de verduras, purés enriquecidos, tortillas jugosas o pescados blancos al horno, que permiten aportar energía con menor volumen.
El problema: alteraciones del gusto.
La solución: los sabores cítricos suaves, las hierbas frescas y las preparaciones jugosas de carnes blancas o pescados suelen mejorar la tolerancia, mientras que las carnes secas, los platos muy especiados o algunos pescados azules pueden intensificar sabores desagradables.
El problema: las náuseas.
La solución: es preferible optar por alimentos templados, poco grasos y con escaso aroma, como arroz meloso, merluza al vapor, pavo al horno o compotas de fruta, evitando además la exposición a los olores de la cocina durante la preparación de las comidas.
El problema: alimentos mal tolerados
La solución: algunos alimentos pueden resultar mal tolerados en situaciones concretas (por ejemplo, los fritos si hay náuseas, los muy fibrosos si hay diarrea o los secos si existe inflamación de la mucosa oral) y otros pueden interactuar con determinados tratamientos, como el zumo de pomelo o de naranja amarga con algunos fármacos oncológicos.

Precaución con…
- El alcohol: el alcohol debe evitarse siempre, ya que se metaboliza por vías similares a muchos fármacos oncológicos y puede disminuir su eficacia o aumentar su toxicidad. La hidratación adecuada, mediante agua, infusiones templadas, caldos suaves o frutas bien toleradas, contribuye a mejorar la energía, la digestión y la tolerancia al tratamiento.
- Los alimentos crudos: en pacientes inmunodeprimidos debe extremarse la precaución con alimentos crudos o poco cocinados por el riesgo de infecciones.
- El azúcar: en relación con el azúcar, desde la SEOM insisten en que no “alimenta al cáncer” (como apuntan algunos bulos) y que puede consumirse con moderación, evitando excesos continuados y priorizando alimentos de mayor valor nutricional.

