El dolor pélvico crónico puede convertirse en un problema difícil de entender y de diagnosticar. En algunos casos, una persona puede convivir durante meses o incluso años con molestias persistentes sin que las pruebas habituales lleguen a explicar por completo qué está ocurriendo. ¿Puede estar implicado un nervio? ¿Qué significado tienen síntomas como la quemazón, las descargas eléctricas, el hormigueo o una sensibilidad exagerada? ¿Y qué relación existe entre el sistema nervioso y el funcionamiento de la musculatura del suelo pélvico?
Para profundizar en estas cuestiones hablamos con el Dr. Francisco Martínez Pérez, médico especialista en Neurofisiología Clínica con más de 20 años de experiencia. Su trabajo se centra en el estudio funcional del sistema nervioso y en el diagnóstico de alteraciones neurológicas, con especial interés en el dolor, las lesiones de nervios periféricos, el suelo pélvico, los trastornos del sueño y la neuromodulación mediante estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr).
A lo largo de esta entrevista conoceremos cómo puede identificarse el origen neuropático de determinados dolores pélvicos, qué información aportan los síntomas, cómo se estudia la función de los nervios y qué papel desempeña su relación con la musculatura del suelo pélvico.
¿Qué relación existe entre el sistema nervioso y el suelo pélvico?
La pelvis es una región anatómica extraordinariamente compleja en la que conviven órganos urinarios, ginecológicos y digestivos, músculos, ligamentos, articulaciones, vasos sanguíneos y una extensa red de nervios. Por tanto, cuando hablamos del suelo pélvico no podemos entenderlo únicamente desde el punto de vista muscular.
Los nervios que atraviesan la pelvis participan tanto en la sensibilidad como en el control de importantes músculos relacionados, por ejemplo, con la continencia. Por eso, en determinados pacientes con dolor pélvico, incontinencia u otras alteraciones funcionales es importante valorar no solo el estado de la musculatura, sino también cómo está funcionando el sistema nervioso y la relación entre ambos.
¿Cómo podemos sospechar que detrás de un dolor pélvico existe un componente neuropático y no únicamente muscular?
Las características del dolor pueden orientarnos. Cuando existe una participación del sistema nervioso es frecuente que aparezcan síntomas como quemazón, ardor, descargas eléctricas, hipersensibilidad, hormigueos, sensación de corriente o incluso dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían resultar molestos.
Este tipo de manifestaciones puede hacer sospechar la existencia de un componente neuropático, aunque ningún síntoma ni ninguna prueba deben interpretarse de forma aislada. La historia clínica, la exploración y el resto de las pruebas son fundamentales para determinar qué mecanismos pueden estar participando en el dolor de cada paciente.
¿Qué nervios pueden estar implicados en el dolor de la pelvis, el periné o los genitales?
La pelvis está inervada por una red nerviosa muy compleja. Uno de los nervios más conocidos es el nervio pudendo y sus ramas, responsable de la sensibilidad de gran parte del periné y del control de importantes músculos relacionados con la continencia, pero no es el único.
También pueden estar implicados nervios como el ilioinguinal, el iliohipogástrico, el genitofemoral, el cutáneo femoral posterior, el obturador, diferentes ramas del plexo sacro o las propias raíces nerviosas lumbosacras.
Cada uno puede producir patrones de dolor diferentes, de ahí la importancia de realizar una evaluación detallada que permita orientar adecuadamente el diagnóstico.
¿Por qué algunas personas siguen teniendo dolor aunque ecografías o resonancias no encuentren una causa clara?
Porque una prueba normal no significa necesariamente que el dolor no tenga una explicación. Las pruebas de imagen aportan una información fundamental sobre las estructuras anatómicas, pero no todos los pacientes con dolor pélvico presentan una alteración estructural evidente que explique completamente sus síntomas.
En otros casos sí existe una lesión, pero esta no parece justificar por sí sola la intensidad o la persistencia del dolor. Por eso puede ser necesario ampliar el estudio y analizar también cómo está funcionando el sistema nervioso y qué mecanismos están interviniendo.
Además, en algunos pacientes pueden participar fenómenos de sensibilización, en los que se producen cambios en la forma en que el sistema nervioso procesa y modula la información dolorosa. Esto puede hacer que determinadas señales se amplifiquen y que estímulos habitualmente poco molestos se perciban como dolorosos o con una intensidad mayor.
¿Qué puede aportar un estudio neurofisiológico que no vemos en una prueba de imagen?
La Neurofisiología Clínica estudia el funcionamiento del sistema nervioso. Por tanto, aporta una información diferente y complementaria a la que obtenemos mediante las pruebas de imagen.
En el contexto del dolor pélvico, determinados estudios pueden permitir valorar si existe afectación de algunos de los nervios implicados en la sensibilidad y en el control motor de la pelvis. Dependiendo de cada caso, esta información puede ayudar a apoyar o descartar determinadas hipótesis diagnósticas, objetivar una posible afectación nerviosa y, en algunos casos, contribuir a localizar su nivel.
No se trata de sustituir una resonancia, una ecografía o la valoración de otros especialistas, sino de integrar toda la información disponible. Ninguna prueba por sí sola permite explicar todos los casos de dolor pélvico crónico.
¿Se puede estudiar también cómo está funcionando la musculatura del suelo pélvico?
Sí. La Neurofisiología Clínica también puede estudiar el funcionamiento de la musculatura del suelo pélvico.
Esto permite valorar si existen signos compatibles con lesiones nerviosas, alteraciones de la función muscular o cambios en la activación de determinados músculos. En ocasiones el problema no reside únicamente en un músculo concreto, sino en la forma en que diferentes grupos musculares trabajan de manera coordinada.
Por eso, estudiar su funcionamiento puede aportar información que, integrada con la historia clínica, la exploración física y el resto de las pruebas, ayude a comprender mejor qué está ocurriendo.
¿Qué información puede aportar en casos de incontinencia, estreñimiento, dolor después del parto o secuelas de una cirugía?
En estas situaciones puede ayudar a determinar si existe una afectación neurológica que pueda contribuir a los síntomas y, en determinados casos, orientar dónde se localiza. Esto puede ser especialmente relevante después de un parto, una intervención quirúrgica o ante determinadas alteraciones de la continencia, donde pueden coexistir lesiones musculares, nerviosas y cambios funcionales.
En casos de incontinencia, estreñimiento, dolor tras el parto o secuelas de una cirugía, esta información puede resultar de gran utilidad para orientar el tratamiento y la rehabilitación.
Lo importante es individualizar el estudio. Es la información obtenida inicialmente a través de la historia clínica y la valoración del paciente la que debe determinar qué combinación de pruebas está indicada en cada caso.
¿Por qué en algunos pacientes el dolor continúa incluso cuando el problema que lo desencadenó inicialmente ya ha desaparecido?
Porque en algunos pacientes el sistema nervioso puede experimentar cambios en la forma en la que procesa la información dolorosa. Entre estos cambios pueden participar fenómenos de sensibilización, que hacen que determinadas señales dolorosas se amplifiquen.
Puede ocurrir que el problema que inicialmente desencadenó el dolor haya desaparecido y, sin embargo, determinadas señales continúen amplificándose. Como consecuencia, estímulos que habitualmente serían poco molestos pueden percibirse como dolorosos o aquellos que ya son dolorosos pueden sentirse con una intensidad mayor.
La sensibilización no está presente en todos los pacientes, pero es uno de los mecanismos que pueden participar en el dolor pélvico persistente. Reconocer su posible presencia ayuda también a comprender por qué algunas personas continúan teniendo síntomas a pesar de que las pruebas convencionales no muestren alteraciones importantes.
Por eso, en el dolor pélvico crónico el objetivo no debería ser únicamente identificar dónde duele, sino comprender por qué duele y qué mecanismos están contribuyendo a mantener ese dolor.
