El Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos lanza una campaña dirigida a ciudadanos y profesionales con el objetivo de formar, informar y prevenir la aparición de posibles interacciones alimento-medicamento (IAM). Esta iniciativa, a través del portal farmacéuticos.com y redes sociales, compartirá infografías para la población con recomendaciones y consejos farmacéuticos, así como fichas para profesionales sobre principios activos o grupos terapéuticos con interacciones relevantes.
Las interacciones alimento-medicamento, aunque más frecuentes de lo que se piensa, no se detectan con la misma facilidad que las interacciones entre medicamentos. Dado que es común tomar medicamentos con las comidas, esta práctica aumenta la probabilidad de interacciones. Aunque no siempre son críticas, factores como las características de los medicamentos y del paciente pueden agravar las posibles consecuencias de una interacción.
Acciones Preventivas
La campaña, que comienza con la publicación de la infografía para la población y fichas para farmacéuticos sobre acenocumarol y levotiroxina, se actualizará quincenalmente con nuevas fichas abordando grupos terapéuticos como IECA, metformina, estatinas y antibióticos. Aquilino García, vocal nacional de Alimentación, destaca la importancia de aprovechar el conocimiento y la accesibilidad del farmacéutico para identificar riesgos y prevenir interacciones.
García señala que esta iniciativa busca sensibilizar a la sociedad y complementar la información que los pacientes reciben del farmacéutico al momento de dispensar medicamentos. Además, destaca que la formación dirigida a los ciudadanos se combinará con la orientación que los farmacéuticos brindan, incluyendo interacciones con otros fármacos, alimentos de la dieta, infusiones y complementos alimenticios.
Recientemente, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos lanzó una guía sobre interacciones entre alimentos y medicamentos dirigida a profesionales sanitarios. Este manual aborda en detalle las interacciones conocidas, proporcionando información clave para la práctica diaria. Con 30 capítulos y la participación de 37 autores, la guía es una referencia esencial para comprender las complejidades de estas interacciones y brindar una atención farmacéutica óptima.
Iteracciones más frecuentes y cómo prevenirlas.
Los fármacos y ciertos alimentos pueden interactuar entre sí. Esto significa que determinados nutrientes pueden afectar a los componentes del medicamento, haciendo que no funcione adecuadamente. Como explica Aquilino García Perea «ciertos alimentos pueden influir en la acción de los medicamentos. Como consecuencia, puede haber cambios en la biodisponibilidad de los mismos, es decir retrasar, aumentar o disminuir el tiempo que tarda en conseguir la concentración en sangre deseada. Los pacientes que más se pueden ver afectados por estas interacciones son los ancianos o las personas malnutridas. También es importante durante los períodos de embarazo y de lactancia».
Según García Perea, «Los fármacos que más pueden ocasionar interacciones son los anticoagulantes, los que afectan al sistema cardiovascular, aquéllos que tienen un margen terapéutico reducido o los que deben mantener una concentración plasmática sostenida. Alimentos ricos en vitamina C, espinacas, coles de Bruselas brócoli, zumo de pomelo, etc. son también considerados causantes de interacciones. Por el contrario hay medicamentos como el ácido acetil salicílico, alopurinol, metformina, teofilina, entre otros muchos, que se aconseja tomarlos con alimentos.
La mejor forma de consumir…
–Los analgésicos y antiinflamatorios. La mayoría de ellos se absorben mejor y, por tanto, hacen efecto antes si se consumen con el estómago vacío. Ingerirlos junto con comida puede hacer que la absorción se vea retrasada y tarden hasta 3 horas en hacer efecto. Una excepción a esta regla la constituyen las personas que tienen problemas gastrointestinales, las cuales no deben tomar ni los fármacos que contengan ácido acetilsalicílico ni los AINEs (antiinflamatorios no esteroideos) con el estómago vacío debido a su acción irritante; lo mejor es que los tomen media hora antes de comer, con abundante agua. En el resto de los casos, cuando se consumen fármacos a base de AINEs o aspirina, se deben evitar aquellos alimentos que puedan irritar la mucosa gástrica, como el alcohol, las especias y los productos en vinagre.
Por otro lado, no se recomienda consumir el paracetamol junto a gelatinas, zumos o frutas, ya que un tipo de fibra contenida en estos alimentos (la pectina) disminuye su absorción hasta en un 70 por ciento.
–Los antiácidos. Nunca deben ingerirse junto con las comidas; para neutralizar los ácidos gástricos lo mejor es tomarlos entre 1 y 3 horas después de comer e inmediatamente antes de acostarse. Es muy importante evitar el consumo de alcohol en estos casos, ya que éste puede interferir la acción del fármaco.
-Jarabes para la tos. Lo mejor es administrarlos después de las comidas, ya que si se toman antes o durante, los alimentos pueden arrastrar algunas de sus sustancias activas, haciendo
que sean menos eficaces. Tampoco es bueno ingerirlos en ayunas, pues pueden irritar la mucosa del hígado y producir náuseas.
-Los antidepresivos . Uno de los efectos secundarios de los inhibidores de la monoaminoxidasa (MAO) es que frenan la acción de ciertas enzimas del hígado, por lo que las personas que sigan una medicación de este tipo deben evitar consumir alimentos ricos en tiramina, un aminoácido presente en las proteínas, que interacciona con estos fármacos y que se encuentra en el vino, los quesos curados, el pescado azul, la cerveza, los embutidos y el chocolate
-Vitaminas y suplementos . Los suplementos de calcio son menos eficaces consumidos durante las comidas. En cuanto a los suplementos vitamínicos, lo mejor es tomarlos a primera hora de la mañana, con el desayuno, y nunca junto a otro medicamento, ya que las vitaminas y minerales pueden interactuar con los principios activos farmacológicos. Los suplementos de hierro, por su parte, si se consumen junto a alimentos ricos en vitamina C (cítricos), se absorben mejor mientras que por el contrario, otras sustancias como el ácido tánico (presente en el té), el café o las fibras alimentarias hacen que su absorción sea menor.
–Otros fármacos. Algunos medicamentos, como los utilizados para el tratamiento del sida, pierden hasta la mitad de su efectividad si se toman con las comidas, ya que el ácido estomacal descompone sus ingredientes activos.
Una despensa bajo observación
-El zumo de pomelo: Interactúa con los fármacos para el control del colesterol, algunas medicaciones psiquiátricas, estrógenos, contraceptivos orales y muchos fármacos para la alergia. Este zumo modifica la forma en la que se metaboliza la medicación, afectando a la habilidad del hígado para hacer llegar los principios activos al resto del organismo.
-El zumo de naranja. No debe tomarse junto a aquellos antiácidos que contienen aluminio, ya que el zumo incrementa la absorción de este último. Tampoco debe ingerirse cuando se toman antibióticos, ya que su acidez disminuye considerablemente la eficacia de estos fármacos.
-La verdura de hoja verde. Debido a su elevado contenido en vitamina K deben evitarse cuando se está tomando anticoagulantes orales. Estos vegetales pueden anular totalmente el efecto del fármaco, favoreciendo la formación de un trombo.
-La dieta rica en grasas. No se recomienda tomar alimentos de este tipo cuando se están consumiendo antinflamatorios o fármacos para tratar la artritis, ya que puede dañar el hígado e incrementar algunos efectos secundarios de estos fármacos, como la sensación de somnolencia y sedación.
-La avena y otros cereales ricos en fibra. No deben consumirse en grandes cantidades cuando se está tomando digoxina (un antiarrítimico y cardiotónico). La fibra puede interferir con la absorción del fármaco, haciendo que éste pierda casi toda su efectividad.
-La carne asada. Puede producir problemas en aquellas personas que siguen un tratamiento para el asma que contenga teofilinas. Los compuestos químicos que se forman cuando la
carne se asa dificultan que este tipo de medicación funcione de forma adecuada,
aumentando la posibilidad de sufrir un ataque de asma difícil de manejar.
-La leche y derivados lácteos. No deben consumirse cuando se sigue un tratamiento antibiótico, especialmente si este es a base de tetraciclinas o eritromicina, ya que dificultan notablemente su absorción. También hay que evitarlos cuando se consumen laxantes que contienen bisacodil, pues puede exacerbar la acción laxante del fármaco.
Lo que hay que preguntar
Para sacar el máximo provecho a la ingesta de fármacos, y además de leer detenidamente el prospecto (especialmente los apartados sobre interacciones, efectos secundarios y reacciones adversas), hay una serie de preguntas que conviene hacer al médico o al farmacéutico:
-¿A qué hora del día debo consumirlo? Ciertos fármacos tienen un efecto sedante, por lo que lo mejor es tomarlos antes de dormir, mientras que otros actúan como diuréticos o estimulantes, por lo que lo que su consumo es preferible por la mañana.
-¿Tengo que evitar el alcohol, algún alimento o la práctica de ciertas actividades?
-¿Contiene algún ingrediente capaz de producir una reacción alérgica?
-¿Puedo consumir este fármaco junto a otros de uso general?
Cuándo el fármaco «cierra» el estómago
En ocasiones, la ingesta de determinados medicamentos también afecta directamente a la sensación de hambre. Esto ocurre en aquellos fármacos que requieren una metabolización ardua, como es el caso de los antibióticos, que hacen que el hígado trabaje en exceso, quedando empachado, lo que trae consigo la pérdida de apetito. A esto hay que unir el hecho de que la acción de algunos medicamentos puede alterar la sensibilidad al olor o al sabor, haciendo que se sienta un rechazo por los alimentos.
Agua: la mejor compañía
Los fármacos deben consumirse siempre junto a un gran vaso de agua, ya que ésta acelera su disolución y facilita que los principios activos se difundan a través de la pared intestinal. Además, el agua reduce el efecto irritante que algunos fármacos producen sobre el esófago y las paredes del estómago.
Tres sustancias «contraindicadas»
-El alcohol. Está totalmente prohibido cuando se toma algún tipo de medicación. Mezclado con AINEs, exacerba la irritación estomacal, potencia los efectos secundarios de los ansiolíticos, los barbitúricos y los antihistamínicos (la sedación y la sensación de sueño) y es especialmente nocivo cuando se combina con antidiabéticos (el alcohol reduce el nivel de azúcar en sangre, por lo que puede producir hipoglucemia en las personas que se administran insulina o toman fármacos hipoglucemiantes), con fármacos para las dolencias cardiacas (aumenta los efectos del medicamento, reduce el control psicomotor y de la concentración) y los calmantes, somníferos y antidepresivos (acentuando el efecto de éstos a nivel del sistema nervioso central).
-El café. No debe mezclarse con los broncodilatadores, ya que puede sobrestimular el sistema nervioso central produciendo insomnio y ansiedad. También está contraindicado cuando se
toman suplementos de vitaminas solubles en agua, como la B6, la B12 o la C, ya que la cafeína reduce notablemente los efectos de éstas.
-El tabaco. Anula los efectos de ciertos fármacos para el asma, como la teofilina; el humo inhalado acelera la actividad enzimática del hígado, por lo que la metabolización del fármaco es deficiente y éste es menos activo.

