Utilizar tus medicamentos para tu mascota, aunque tengan el mismo principio activo, puede ser peligroso, ya que pueden contener excipientes no aptos. Siempre que tengas dudas, pregunta a tu veterinario o farmacéutico.
Un gesto muy común entre los dueños de mascotas es “echar mano” del medicamento que tengan en el botiquín de casa y dárselo a su perro o a su gato indiscriminadamente. Sin embargo, muchas de las intoxicaciones que se dan en animales de compañía se producen por medicarlos de manera inadecuada con medicamentos de uso humano, por lo que la primera recomendación es no dárselos nunca sin consultar previamente con el veterinario o con el farmacéutico. Según nos recuerda la farmacéutica Piedad García en un video del Canal #FarmaciayMascotas elaborado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, con la colaboración de Bidafarma, “los medicamentos y complementos alimenticios de uso humano que pueden obtenerse sin receta médica no están autorizados para uso animal, y su ingesta accidental o sin supervisión puede ser perjudicial”.
Al César lo que es del César
Por mucho que queramos a nuestro perro o a nuestro gato y formen parte de la familia, nunca dejarán de ser animales de compañía y no personas: los procesos de absorción, distribución, metabolismo, excreción y eliminación, así como el modo en el que los medicamentos actúan, cambia de manera sustancial respecto a los seres humanos y a otras especies. “Estas variaciones tienen consecuencias en la dosis, forma de administración y tipo de medicamentos que nuestras mascotas pueden o no tomar, así como en su toxicidad. Los efectos tóxicos son dependientes de la dosis, que en los animales de compañía se suele calcular en función del peso, teniendo en cuenta su absorción”, explica en otro video el farmacéutico Eduardo Ramírez.
Un perro es un perro…
- Según explica Eduardo Ramírez, respecto al metabolismo, hay que tener en cuenta que los perros no disponen de una enzima hepática, la N-acetil transferasa, “y esta deficiencia hace que no puedan transformar las sustancias con aminas aromáticas, lo que dificulta su eliminación y aumenta su toxicidad. Entre los fármacos de este tipo, se encuentran las sulfonamidas, que son antibióticos, como el sulfometoxazol y la sulfadiazina. También otras sustancias como la teobromina (presente en el cacao y el chocolate) o la cafeína son altamente perjudiciales por este motivo”, señala.
- “Otros fármacos potencialmente dañinos para los perros incluyen los antiinflamatorios no esteroideos, como el ácido acetilsalicílico que, sobre todo a dosis altas o en combinación con corticoides, puede causar úlceras gástricas”, continúa el experto.
- En el caso del paracetamol, si se administra a dosis excesivas, puede provocar insuficiencia hepática.
- Por último, las fenotiazinas, que son medicamentos antipsicóticos como la acepromazina, “deben usarse con precaución en perros de caza, por riesgo de hipersensibilidad acústica, que en jornadas de caza puede suponer un problema importante para el animal”, aclara.
…y un gato es un gato
- Respecto a los gatos, Eduardo Ramírez explica que los felinos presentan algunas peculiaridades desde el punto de vista farmacológico que difieren incluso de los perros, “de ahí que no debamos administrar la misma dosis o pauta a unos y otros. Así, algunos medicamentos para perros son muy tóxicos en gatos, como es el caso de la permetrina, disponible en pipetas para administración a perros, que puede ser letal para los gatos”.
- También hay que destacar que los gatos eliminan algunos tipos de medicamentos a nivel hepático de forma más lenta. “El paracetamol puede provocar metahemoglobinemia o anemia y la dosis tóxica para gatos es muy inferior a otras especies. Igualmente, la azatioprina (un inmunosupresor que modula la respuesta inmunitaria), el cisplatino (un fármaco oncológico), la fenitoína (un anticonvulsivante) o la escopolamina (un antiespasmódico) son también fármacos con los que deberíamos tener precaución por este motivo”, explica el experto.
- También, según Eduardo Ramírez, “la morfina está asociada a una estimulación del sistema nervioso central, al contrario que en perros y humanos, con síntomas como excitación, vómitos o dilatación de pupilas. Por ello, la dosis recomendada es mucho menor”.
- Por último, en el caso del ácido acetilsalicílico, “el tiempo hasta que se elimina del organismo es mucho mayor, por lo que hay que distanciar mucho más la administración de las dosis, en general 48 horas”, concluye el experto.





