Insomnio y alzheimer: sus conexiones

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Las personas que padecen insomnio sufren cambios en la estructura cerebral y el rendimiento cognitivo que hacen a quienes lo sufren especialmente vulnerables a la enfermedad de Alzheimer. Así lo ha demostrado un estudio del CIBER-BBN y el CIBERFES, que apunta al área de la memoria de trabajo como la más afectada.

El insomnio es un trastorno caracterizado por la dificultad de iniciar o mantener el sueño, provocando una afectación en la función del día a día. Si estudios previos en el campo de las demencias han encontrado una asociación entre la baja calidad del sueño y el riesgo de demencia, ahora, un nuevo trabajo en el que han participado investigadores del CIBER-BBN y el CIBERFES, y cuyos resultados han sido publicados en la revista Alzheimer’s Research and Therapy, ha demostrado que las personas con insomnio presentan cambios en el rendimiento cognitivo y la estructura cerebral, especialmente en la sustancia blanca y algunas regiones que se afectan en etapas tempranas de la enfermedad de Alzheimer. Según este estudio, se ha descubierto especialmente una reducción en algunas funciones ejecutivas, como por ejemplo la memoria de trabajo. El estudio demuestra, gracias a imágenes de resonancia magnética, que los participantes con insomnio presentaban un menor volumen en algunas regiones cerebrales.

Insomnio y Alzheimer

Estos resultados apoyan las investigaciones que relacionan la presencia de insomnio con una elevada vulnerabilidad a la enfermedad de Alzheimer. Según José Luis Molinuevo, jefe de grupo del CIBERFES y director científico del Programa de Prevención del Alzheimer del BBRC, “el conocimiento generado por esta nueva línea puede contribuir de forma significativa a comprender mejor la fisiopatología de la enfermedad de Alzheimer, mejorar el diagnóstico precoz a través de métodos mínimamente invasivos y establecer las bases para futuras estrategias terapéuticas centradas en mejorar la calidad del sueño” afirma. Por su parte, Oriol Grau, primer autor del estudio señala que “estos hallazgos sugieren la presencia de procesos de inflamación cerebral que podrían tener un papel clave en la asociación entre la calidad del sueño y el Alzheimer”.

Eje intestino-cerebro

Cada día hay más evidencias sobre la existencia de un eje intestino-cerebro, así como sobre la implicación que tiene la microbiota en el estado de ánimo y en el sueño, siendo esta una relación bidireccional, de manera que cuando se alteran los ritmos circadianos, como ocurre con el desfase horario, se interrumpe la microbiota intestinal y viceversa. Quiere esto decir que el microbioma puede verse afectado, además de por los tipos de alimentos que ingerimos, por la hora del día en que comemos y por las interrupciones del ritmo vigilia-sueño. Por lo tanto, ser constante en nuestros hábitos diarios y participar en elecciones saludables ayudan a mantener un ritmo circadiano bien regulado, mientras que mantener una microbiota intestinal saludable, ayudará a producir neurotransmisores clave para dormir (como la serotonina, sustancia que regula el estado anímico y la producción de melatonina, hormona implicada en el sueño) y regular el ritmo circadiano.

Sin pautas no se puede dormir

Así pues, actualmente el sueño adecuado se concibe como el resultado de un equilibrio entre dormir-despertar, una correcta alimentación, una actividad física frecuente y la afectividad, todo lo cual está regulado por el reloj biológico central que está en el sistema nervioso autónomo. De ahí que haya que procurar un correcto equilibrio entre todos esos parámetros, incorporando unas pautas higiénicas de sueño a nuestra rutina diaria, que incluyan:

  1. No tomar sustancias excitantes como café, té, alcohol, tabaco, etc., especialmente durante la tarde o al final del día.
  2. Hacer cenas ligeras y esperar una o dos horas para acostarse. No irse a la cama con sensación de hambre. Se puede tomar un vaso de leche caliente (sin chocolate) o una infusión (sin teína) para favorecer la relajación antes de ir a dormir.
  3. Realizar ejercicio físico, pero evitar hacerlo a última hora del día, ya que activa el organismo.
  4. Evitar siestas prolongadas (no más de 20-30 minutos) y nunca por la tarde-noche.
  5. Si se está tomando medicación hay que tener en cuenta que algunos medicamentos pueden producir insomnio.
  6. Mantener horarios de sueño regulares, acostándose y levantándose siempre a la misma hora. Si no se consigue conciliar el sueño en unos 15 minutos, salir de la cama y relajarse en otro lugar para volver a la cama cuando aparezca el sueño.
  7. Evitar la exposición a luz brillante a última hora de la tarde y por la noche si existen problemas para conciliar el sueño.
  8. No realizar en la cama tareas que impliquen actividad mental (leer, ver tv, usar ordenador, etc.).
  9. Es imprescindible mantener un ambiente adecuado que favorezca y ayude a mantener el sueño. Se debe procurar tener una temperatura adecuada, evitar ruidos, usar colores relajantes, una cama confortable, etc. Evitar los ambientes no familiares o no habituales a la hora de dormir.
  10. Si es necesario se puede realizar un ritual antes de acostarse que incluya conductas relajantes como escuchar música tranquila, lavarse los dientes, una ducha templada, etc.

*Fuente: Servicio de Neurología del Hospital Sanitas La Moraleja

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