Manchas cutáneas: las huellas del sol

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Las manchas cutáneas son a la vez un signo de la edad y un “souvenir” del exceso de sol. Aunque no sea sencillo desprenderse de ellas, con constancia y la cosmética adecuada se puede minimizar y mejorar su aspecto.

Aunque muchas manchas ya están presentes en la epidermis desde antes de las vacaciones, suele ser en esta época del año, coincidiendo con el “borrado” del moreno, cuando las manchas en la piel salen a escena y, por lo tanto, es cuando debemos intensificar los cuidados para eliminarlas o, en la medida de lo posible, reducir su tono y tamaño. Sin embargo, este cuidado puntual no basta para tratar esta alteración cutánea, ya que si hay algo en lo que coinciden todos los expertos es en afirmar que la prevención de la aparición de manchas es una carrera de fondo. También hay unanimidad en cuanto a la identificación de su principal culpable: el sol, que a menudo suele tener como aliadas a otras circunstancias como la edad (una de las consecuencias del envejecimiento cutáneo es una alteración del proceso natural de pigmentación de la piel) o determinados procesos en los que está implicado el juego hormonal, como es el embarazo. Como los dermatólogos repiten a modo de mantra, la piel tiene memoria, lo que significa que nunca hay que bajar la guardia respecto a la fotoprotección, un gesto que no es en absoluto patrimonio exclusivo del verano. 

Lentigos y melasmas: diferencias y semejanzas

Además de los factores implicados en su aparición, lo primero que hay que tener en cuenta ante la aparición de una mancha cutánea es que éstas pueden ser de distinto tipo. Los expertos de Laboratorios Vichy explican cuáles son y las diferencias entre unas y otras:

  1. Lentigos: son resultado del aumento de la producción de melanina. Reciben este nombre por su forma, pequeña y redondeada, similar a la de una lenteja; son de color marrón claro y a su vez pueden ser de dos tipos: los lentigos seniles (su incidencia es del 90% en personas de entre 40 y 50 años) y los lentigos actínicos o manchas solares propiamente dichas, que pueden aparecer entre los 25 y los 30 años, dependiendo de la exposición al sol. Los lentigos seniles son más pequeños y se localizan habitualmente en rostro, cuello, mejillas, brazos y dorso de las manos; mientras que los actínicos surgen en las zonas más expuestas a la radiación solar.
  2. Melasma: es la forma más común de hiperpigmentación en las mujeres, ya que un 90% las padecen. Presentan una mayor incidencia durante el embarazo (en este caso reciben el nombre de “paño” o cloasma); en determinados fototipos (especialmente los III y IV) y en mujeres que siguen tratamientos anticonceptivos y antiepilépticos. Son de color marrón claro a oscuro y simétricas, y su localización es facial: frente, mejillas y labio superior.
  3. Manchas post-inflamatorias: las más típicas son las manchas de acné. Son de tamaño y color variable y se localizan en las zonas de inflamación (además del acné, dermatitis, foliculitis, etc.).

No todo son manchas cutáneas: atención a la elastosis solar

Las manchas no son el único daño colateral de una exposición inadecuada o excesiva al sol, sino que el astro rey también interviene de forma muy determinante en la aparición de lo que se conoce como elastosis solar, un tipo de envejecimiento cutáneo que se caracteriza por una piel con textura “de cuero” y unas arrugas marcadas y profundas. La doctora Mar Mira, directora de la Clinica Mira + Cueto, de Madrid, explica las peculiaridades de esta alteración cutánea: “la elastosis de la piel está relacionada con cambios estructurales de la dermis, la capa de la piel que está por debajo de la más superficial (epidermis) y que está compuesta por fibras de colágeno y elastina, sustancias que son fundamentales como integrantes del tejido de sostén cutáneo”.

Como comenta la doctora Mira, el sol no es el único culpable, sino que existe una elastosis o flacidez propia de la edad, que se caracteriza por una atrofia progresiva de la capa elástica de la piel, una coloración poco uniforme y la presencia de arrugas. “Sin embargo, la exposición a la radiación solar, cuando se produce de forma crónica, continuada y sin protección, acelera y agrava este proceso y produce daños propios, dando lugar a una degeneración estructural del tejido de sostén de la piel, que deriva en un tipo muy concreto de arrugas y descolgamiento muy característicos de las personas que están siempre morenas, lo que se conoce como elastosis solar”. Las “señas de identidad” de este problema son una piel que se vuelve espesa, como “de cuero”, que pierde su elasticidad y en la que las arrugas lucen más marcadas.

Aunque todas las pieles son candidatas a padecer esta alteración, hay algunas que son más vulnerables a padecerla: “Los fototipos más bajos, pelirrojos y rubios, aguantan peor los efectos nocivos del sol, pero en cualquier caso, todo tipo de piel sufre por un exceso de radiación solar y llega un momento en que no puede responder a ese daño acumulativo y reacciona con cambios estructurales del tipo de la elastosis. Por ello, la prevención más eficaz consiste, primero, en realizar una exposición solar adecuada al tipo de piel (con fotoprotección); suplementar la dieta con betacarotenos (vitamina A) y antioxidantes y asegurarse de que la piel está lo más hidratada y equilibrada posible”, dice la experta.

Una vez la elastosis ha aparecido, es fundamental realizar un diagnóstico minucioso del estado de la piel “analizando la estructura de colágeno, la elasticidad, la hidratación, la vascularización y el sebo, entre otros”, dice Mar Mira, quien señala también que, tras diagnosticarla, hay varios frentes que abordar, tanto por la vía cosmética como a través de diferentes opciones que ofrece la medicina estética: unificar el tono, tratar las manchas, estimular la producción de colágeno y, en definitiva, revitalizar esa piel que luce “acartonada” y envejecida.

Plan de acción 1: fotoprotección 365 días

La mejor forma de prevenir las manchas solares (y también otros problemas “emparentados” con ellas, como la elastosis) y evitar que vayan a más una vez que han aparecido, es usar protección solar, en invierno y en verano, en la playa o en la ciudad, esté nublado o haga sol. Sin embargo, tal y como reflejan los datos del Primer Estudio Isdin sobre hábitos de Fotoprotección en España, esta recomendación, simple y fácil de poner en marcha, sigue siendo una gran asignatura pendiente. Según esta encuesta, aunque la mayoría de la población (el 75%) se protege cuando se expone al sol –durante las vacaciones de verano, por ejemplo-, sólo la mitad de los españoles (el 50,8%) se protege del sol a diario durante el resto del año, porcentaje que baja hasta el 27% en el caso de los hombres y al 18% en los menores de 18 años. “Vemos que la gente se protege en verano, cuando toma el sol, y está mucho más concienciada que unos años atrás, pero donde tenemos que insistir mucho es en la protección diaria, y sobre todo en los jóvenes. Los rayos UVB producen la típica quemadura estival, pero la radiación UVA, presente todo el año, causa el envejecimiento de la piel, las manchas y patologías más graves, como el cáncer”, comenta Aurora Garre, directora médica de Laboratorios Isdin. Como media, la mayoría de los españoles nos exponemos al sol un máximo de dos días por semana, durante aproximadamente 15 minutos. El fin de semana, sólo una de cada 4 personas (el 25%) toma el sol más de dos horas al día.

La encuesta también preguntó sobre los principales motivos por los que se utiliza fotoprotección: casi la mitad de los españoles lo hace por razones estéticas, especialmente con el objetivo de prevenir manchas y arrugas (el 46%). En segundo lugar aparece la preocupación por la aparición de un cáncer de piel (el 37%).

Plan de acción 2: cosmética específica

Por suerte, el repertorio de soluciones cosméticas formuladas específicamente para la prevención y el abordaje de las manchas cutáneas es amplio y variado. Además de cremas y geles, las gamas despigmentantes o “blanqueadoras” incluyen otros productos como lociones limpiadoras, tónicos, serums, ampollas y mascarillas, que aseguran un abordaje más cómodo y, también, preciso, de esta alteración cutánea. Todas ellas incorporan activos con alto poder despigmentante y reparador de la piel. Uno de los más habituales es la vitamina C, que ejerce una importante acción: es un inhibidor de la melanina, por lo que regula su producción, evitando así el exceso que da lugar a las manchas. Otra sustancia muy utilizada es el ácido glicólico, que tiene una acción exfoliante sobre la piel (más intensa cuanto mayor es su concentración), por lo que produce un notable efecto aclarante y unificador del tono cutáneo. El ácido azelaico también es un ingrediente habitual en estos productos, ya que inhibe la acción de una enzima implicada en la pigmentación, la tirosinasa, por lo que evita la formación de manchas, además de tener efectos añadidos gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antiseborreicas, entre otras.

La mayoría de estos activos se encuentran combinados, creando así sinergias que potencian su acción. Es importante preguntar al farmacéutico y/o al dermatólogo cuál es el producto o formulación más adecuado en función del tipo de mancha y las características de la piel y, también, ser constantes en su uso, ya que los efectos de estas sustancias se empiezan a apreciar pasadas unas semanas.

Plan de acción 3: tratamientos profesionales

La Luz Pulsada (IPL), los peelings químicos o la terapia láser son algunas de las técnicas de medicina estética más efectivas para el abordaje de las manchas cutáneas. “Lo ideal es iniciar un tratamiento antimanchas una vez la piel haya vuelto a su tono original para, de esta forma, poder ver con claridad las hiperpigmentaciones. Esto dependerá de cada caso, ya que hay fototipos sobre los que el bronceado perdura más tiempo que en otros. Podríamos hablar de finales de otoño o principios del invierno como las mejores épocas para tratar este problema”, comenta Estrella Pujol, especialista en estética y directora del Centro Oxigen (www.oxigenbellesa.com), de Barcelona. Según esta experta, el origen de la mancha es el factor más determinante a la hora de optar por un protocolo u otro, ya que no todas las manchas responden igual a un mismo tratamiento: “Por ejemplo, las de origen hormonal, como las que aparecen durante el embarazo, son las que ofrecen una mejor respuesta tanto a los tratamientos como a la cosmética despigmentante”.

Asimismo, Estrella Pujol destaca la importancia de no bajar la guardia en lo que respecta a la protección de la piel frente a las manchas: “En la aparición de una mancha intervienen muchos factores, sobre todo el daño solar que la piel haya recibido en el pasado. Eso quiere decir que es posible que nos hagamos un tratamiento despigmentante y que seamos muy constantes protegiendo nuestra piel los años siguientes y aun así aparezca alguna mancha nueva, resultado de los daños que la piel ha sufrido en el pasado”, advierte, ya que ”la piel tiene memoria”.

Sin embargo, y a pesar de esta posibilidad, la experta recomienda tener siempre presente que en una piel protegida, las manchas siempre son menores y más fáciles de tratar, “y la mejor forma de hacerlo es establecer una rutina de cuidados constante que incluya, por un lado, la protección solar todos los días del año y, por otro, un régimen de hidratación y nutrición adaptados a las necesidades de cada piel, complementados con peelings semanales, que contribuyen a reforzar la regeneración natural del tejido cutáneo”.

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