Hay trastornos para los que el consejo farmacéutico resulta de enorme utilidad. Es el caso de algunas patologías de la piel, como el eccema crónico de manos y la dermatitis atópica, que tienden a banalizarse y a tratarse con tratamientos caseros que incluso las pueden empeorar, sobre todo ante la bajada de los termómetros.
El eccema crónico de manos se define como un eccema que dura más de tres meses o presenta dos o más recaídas en un año y se caracteriza por manos rojas, inflamadas, con escamas y a menudo con fisuras y grietas que resultan dolorosas. “La cronificación suele aparecer cuando la piel se expone de manera reiterada a irritantes como el agua, los detergentes o ciertos productos químicos, así como a factores propios del entorno laboral. También influyen la predisposición genética (especialmente en personas con dermatitis atópica) y la presencia de alérgenos de contacto. Cuando la barrera cutánea permanece alterada y la inflamación se mantiene en el tiempo, el proceso se perpetúa y resulta más difícil de revertir”, explica Miguel Montero Moreo, vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza.
La voz del paciente
“Más allá del enrojecimiento o la sequedad, los pacientes convivimos con grietas profundas, fisuras dolorosas e incluso limitaciones funcionales en nuestra vida cotidiana y laboral”, ha explicado Hernan Navarro, paciente con eccema crónico de manos, al describir esta enfermedad durante el III Ciclo de Novedades en Dermatología que ha reunido a expertos, asociaciones de pacientes y divulgadores bajo el auspicio de LEO Pharma Iberia y la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS).
Y efectivamente, “en cuanto a las secuelas físicas del eccema crónico de manos, pueden ser muy limitantes. Entre las más frecuentes se encuentran el prurito intenso, el dolor, las fisuras, las erosiones, la hiperqueratosis y la descamación. En los casos más severos pueden aparecer infecciones secundarias y una pérdida notable de funcionalidad, lo que dificulta tareas cotidianas y profesionales, especialmente en trabajos que requieren un uso continuo de las manos. En el plano psicosocial, el impacto también es considerable. La visibilidad de las lesiones puede generar estigmatización, malestar emocional, ansiedad o depresión. La afectación psicológica suele intensificarse cuanto mayor es la severidad clínica y la presencia de síntomas como el dolor o el prurito”, puntualiza Montero.
Profesiones en riesgo
Esta patología puede afectar al ámbito laboral en profesiones que implican un contacto constante con sustancias o condiciones que pueden exacerbar los síntomas, como es el caso de peluqueros, cirujanos, personal sanitario, trabajadores de la construcción o de la limpieza, con una prevalencia de hasta el 40% en estas ocupaciones de alto riesgo. Cuando existe discapacidad funcional en las manos “el impacto laboral puede ser devastador, llegando incluso a forzar cambios de carrera profesional cuando la enfermedad no se controla adecuadamente», ha explicado la presidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), Yolanda Gilaberte.
No prescindas del consejo farmacéutico
- “Las recomendaciones pasan por minimizar las actividades que impliquen un contacto frecuente con irritantes, utilizar guantes de protección (idealmente con forro de algodón y solo durante el tiempo estrictamente necesario) y retirar las joyas durante la jornada laboral. También es clave aplicar emolientes de forma generosa: antes de comenzar el trabajo, después del lavado de manos y antes de acostarse”, explica Montero.
- En cuanto a la higiene, “se recomienda hacerla con agua tibia y utilizando agentes limpiadores suaves tipo syndet, que respetan el pH cutáneo y ayudan a preservar la función barrera más eficazmente que los jabones tradicionales. En cuanto a los productos de limpieza, también son mejores los de tipo syndet y formulados con pocos ingredientes, sin fragancias, sin colorantes, sin aceites esenciales, sin conservantes irritantes y sin extractos vegetales. Tras el lavado, es fundamental secar totalmente las manos y evitar la limpieza excesiva para minimizar la irritación. El uso de soluciones hidroalcohólicas no es ideal en estos pacientes, ya que tienden a resecar en exceso la piel, por lo que debe valorarse de forma individual y acompañarse siempre de una buena hidratación”, explica el vocal de Dermofarmacia.
- En cuanto a los emolientes, Montero aconseja formulaciones con pocos ingredientes, libres de perfumes y conservantes. Para la enfermedad crónica, los ungüentos o cremas muy nutritivas o densas son preferibles por su mayor capacidad de restaurar la barrera cutánea, mientras que en fases agudas o exudativas son más adecuadas las cremas ligeras o cremas de rápida absorción. Entre los activos cosméticos útiles destacan las ceramidas, el glicerol y la urea (especialmente en casos de eccema hiperqueratósico). La mejor elección será siempre aquella que el paciente use de manera constante y que sea segura y bien tolerada.
- Montero comenta que el exceso de humedad puede ser perjudicial, por lo que para hidratar adecuadamente sin provocar exceso de humedad se recomienda “utilizar cremas densas o muy nutritivas (formulaciones agua en aceite), evitando los productos excesivamente oclusivos en ambientes húmedos o cuando se utilizan guantes. La aplicación debe ser frecuente, pero en cantidades moderadas, y siempre asegurando que las manos estén completamente secas antes de aplicar el producto”, apostilla el experto.
- En definitiva, entre los errores más habituales se encuentran “el lavado demasiado frecuente, el uso de jabones agresivos, la aplicación insuficiente de emolientes, el empleo prolongado de guantes sin forro de algodón y la falta de control sobre los desencadenantes ocupacionales o ambientales. El uso de productos irritantes, la automedicación con corticoides potentes sin supervisión, el uso prolongado de guantes oclusivos, y la falta de diagnóstico de alergias de contacto pueden favorecer la aparición de infecciones secundarias o dermatitis de contacto. La educación del paciente y una valoración individualizada de los riesgos son fundamentales para lograr un manejo eficaz del problema”, concluye Montero.
Corticoides… ¿cuándo?
Según explica el vocal de Dermofarmacia aragonés, el tratamiento con corticoides tópicos es la base del control de la inflamación en el eccema crónico de manos, pero siempre debe acompañarse de una buena educación al paciente, la identificación y eliminación de irritantes o alérgenos, y el uso regular de emolientes que reparen la barrera cutánea. “En la práctica clínica, se recomiendan corticoides de alta potencia en formulación de crema muy nutritiva o densa (tipo ungüento), ya que ofrecen mayor efecto lubricante y oclusivo, especialmente en formas crónicas o hiperqueratósicas. Entre los principios activos más utilizados se encuentran mometasona furoato, betametasona, clobetasol, prednicarbato y metilprednisolona aceponato”. Respecto a la seguridad, los corticoides tópicos de alta potencia pueden producir atrofia cutánea si se usan de forma continuada durante largos periodos. Por ello, es recomendable monitorizar al paciente y mantener pautas intermitentes una vez controlado el brote. Cuando los corticoides tópicos no son suficientes o están contraindicados, pueden considerarse otras opciones como inhibidores de la calcineurina y fototerapia, además de biológicos o inhibidores de JAK.
El farmacéutico, siempre contigo
El abordaje del eccema crónico de manos debe ser integral y adaptarse siempre a las características de cada paciente: su gravedad, el tipo de lesiones y los factores que actúan como desencadenantes. Las guías europeas y la evidencia internacional coinciden en que el manejo debe apoyarse en varios pilares fundamentales, en los que el farmacéutico tiene un papel muy relevante.
En primer lugar, es esencial educar al paciente: explicarle que se trata de una condición crónica y recurrente, ayudarle a identificar irritantes y alérgenos, y asegurarse de que conoce cómo y cuándo debe aplicar los emolientes y el resto de tratamientos. Este acompañamiento desde la farmacia es clave para mejorar la adherencia y evitar recaídas.
Otro punto fundamental es detectar y reducir los factores desencadenantes, sobre todo en el ámbito laboral. Aquí, el farmacéutico puede orientar al paciente sobre hábitos de protección cutánea y medidas prácticas que reduzcan su exposición diaria a irritantes.
La reparación continua de la barrera cutánea es otro de los ejes del tratamiento. Recomendamos emolientes con pocos ingredientes, sin perfumes ni conservantes, y elegir la textura según la fase clínica: formulaciones más nutritivas en enfermedad crónica y cremas más ligeras en fases agudas. Desde la farmacia podemos guiar en la selección del producto más adecuado y en su correcta utilización.
En cuanto a la terapia antiinflamatoria, los corticosteroides tópicos de alta potencia siguen siendo el pilar en los brotes. Aunque los farmacéuticos no prescribimos, sí desempeñamos un papel clave asesorando sobre el uso correcto de corticoides y otros antiinflamatorios, resolviendo dudas sobre pautas, duración, seguridad o efectos secundarios, y acompañando al paciente para evitar errores frecuentes.
Por último, es importante reforzar la prevención con educación continua, recomendaciones de protección y la vigilancia de casos más complejos que puedan requerir derivación a un especialista.
En resumen, el manejo del eccema crónico de manos debe ser personalizado y multidisciplinar, y el farmacéutico tiene un papel fundamental en la prevención, la educación, el seguimiento y el apoyo continuo al paciente.





