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Estos son los medicamentos más comúnmente asociados a reacciones alérgicas

En la Semana Mundial de la Alergia, los farmacéuticos explican cómo mantener bajo control las reacciones alérgicas a determinados medicamentos, entre ellos, la penicilina, el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno.

por Redacción Consejos

Todos los medicamentos pueden provocar reacciones alérgicas, aunque estas solo afectan a una mínima parte de los pacientes. Sin embargo, existen grupos de fármacos —como ciertos antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y medicamentos usados en quimioterapia— que presentan una mayor probabilidad de desencadenar estas respuestas adversas.

Con motivo de la Semana Mundial de la Alergia, celebrada del 29 de junio al 5 de julio, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos subraya que estas reacciones son en su mayoría raras o muy raras, afectando entre el 0,01 % y el 0,1 % de los pacientes tratados, y en algunos casos, a menos del 0,01 %. Aun así, se recalca la necesidad de que cualquier sospecha de alergia, incluso leve, se comunique al profesional sanitario.

En la práctica clínica habitual, tanto médicos como farmacéuticos preguntan activamente al paciente sobre posibles alergias antes de prescribir o dispensar un tratamiento.

Antibióticos, AINEs y otros fármacos de riesgo

Entre los antibióticos más relacionados con reacciones alérgicas se encuentran los betalactámicos, como la penicilina y las cefalosporinas, que pueden inducir hipersensibilidad inmediata con manifestaciones como urticaria, angioedema o incluso anafilaxia. Pacientes con alergia a penicilinas (como amoxicilina o cloxacilina) a menudo presentan alergia cruzada con cefalosporinas como cefuroxima, cefixima o ceftriaxona.

Otro grupo relevante son las sulfonamidas, cuyo uso puede desencadenar reacciones cutáneas graves. Por su parte, los AINEs como el ácido acetilsalicílico y el ibuprofeno pueden causar urticaria, angioedema, anafilaxia o agravar cuadros asmáticos.

Ciertos medicamentos utilizados en quimioterapia también se han asociado con reacciones de hipersensibilidad de diferente intensidad, desde síntomas leves hasta reacciones severas.

Excipientes también pueden causar alergias

No deben pasarse por alto los excipientes presentes en los medicamentos. Por ejemplo, algunas vacunas contienen proteína de huevo, un alérgeno conocido. Aunque en muchas ocasiones la cantidad es mínima y no representa una contraindicación para alérgicos, siempre debe consultarse con el médico antes de la administración.

Tipos de reacciones y su tratamiento

Las manifestaciones más leves de las reacciones alérgicas incluyen dermatitis de contacto, erupciones cutáneas maculopapulares y prurito. En cambio, los casos graves pueden derivar en broncoespasmo, urticaria grave, angioedema, desmayos, dificultad respiratoria e hipotensión, situaciones que requieren atención médica inmediata.

Según la intensidad del cuadro, el tratamiento variará:

  • Reacciones leves: Basta con evitar el medicamento implicado y consultar alternativas con el médico. A veces, los antihistamínicos pueden aliviar los síntomas.
  • Reacciones moderadas o resistentes: Puede ser necesaria la administración de corticoides, ya sea de forma tópica (si se trata de un área localizada) o sistémica (oral o inyectada).
  • Anafilaxia: Este tipo de reacción severa, que se manifiesta con dificultad para respirar, hipotensión o edema facial, debe tratarse con adrenalina intramuscular de forma urgente, lo que estabiliza rápidamente al paciente y evita complicaciones fatales como el cierre de la glotis.

Diagnóstico mediante pruebas alérgicas

Desde las farmacias se recalca la utilidad de las pruebas alérgicas para identificar con precisión a qué sustancias —incluidos medicamentos— está sensibilizado un paciente. Aunque no permiten anticipar si una persona sin antecedentes presentará alergias, sí son eficaces para pacientes con síntomas persistentes o graves.

La prueba más común es el prick-test, que consiste en aplicar una pequeña cantidad del alérgeno sobre la piel del antebrazo, seguida de una ligera punción. Si hay sensibilización, aparecerá una roncha rodeada de enrojecimiento.

Cuando se sospecha de alergia a medicamentos, pueden realizarse también pruebas intradérmicas, más sensibles, que implican inyectar una dosis reducida del medicamento en la dermis. Estas pruebas permiten detectar reacciones tardías mediante observaciones posteriores a las 24, 48 o incluso 96 horas.

Finalmente, en algunos casos concretos se recurrirá a las pruebas de provocación, que consisten en la administración controlada y progresiva del fármaco sospechoso para confirmar o descartar la alergia.


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