Volver a caminar con seguridad, recuperar fuerza, ganar autonomía y reducir el impacto que un problema cardiovascular deja en la vida diaria son algunos de los objetivos de la rehabilitación cardíaca. Sin embargo, muchos pacientes que podrían beneficiarse de estos programas no llegan a ser derivados tras sufrir un infarto, una intervención o determinadas enfermedades cardiovasculares.
Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra el 29 de septiembre, la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) recuerda que superar un infarto u otro evento cardiovascular no significa que el proceso de recuperación haya terminado.
Después del alta hospitalaria comienza una etapa fundamental: recuperar progresivamente la capacidad física, la fuerza y la autonomía, aprender a realizar ejercicio de forma segura y reducir el impacto que la enfermedad ha tenido sobre la vida cotidiana.
Para ello existen los programas de Rehabilitación Cardíaca, una intervención que continúa estando infrautilizada y a la que no siempre acceden todos los pacientes que podrían beneficiarse.
La advertencia de SERMEF coincide con la publicación en 2026 de las primeras guías de práctica clínica de la Sociedad Europea de Cardiología dedicadas específicamente a la Rehabilitación Cardíaca. El nuevo documento establece qué pacientes pueden beneficiarse, cómo deben organizarse estos programas, qué profesionales deben intervenir y cómo evaluar la recuperación.
La Dra. Marta Supervía, especialista en Medicina Física y Rehabilitación, coordinadora de Rehabilitación Cardíaca del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y miembro de SERMEF, advierte de que la Rehabilitación Cardíaca “continúa infrautilizada y todavía existen pacientes con indicación que no llegan a acceder a estos programas”.
La especialista señala que todavía existen diferencias importantes en la disponibilidad de estos servicios y en la derivación de los pacientes, pese a que pueden desempeñar un papel importante en la recuperación funcional y en la calidad de vida.
Por ello considera “necesario seguir extendiendo estos programas y favoreciendo la derivación de los pacientes que puedan beneficiarse de ellos”.
¿Qué puede aportar la rehabilitación cardíaca?
La Rehabilitación Cardíaca no consiste únicamente en hacer ejercicio después de un infarto. Se trata de un proceso supervisado y adaptado a las características de cada persona, en el que pueden participar distintos profesionales sanitarios.
El objetivo es ayudar al paciente a recuperar progresivamente su capacidad física y funcional, controlar mejor sus factores de riesgo y volver con la mayor seguridad posible a sus actividades cotidianas.
La Dra. Supervía resume así el cambio de perspectiva que plantean las nuevas recomendaciones:
“Tras un evento o cirugía cardiovascular no basta con sobrevivir: el objetivo es recuperar función, autonomía, participación y calidad de vida. Los pacientes quieren vivir, pero también quieren vivir bien”.
Desde SERMEF recuerdan además que existen situaciones en las que la indicación de Rehabilitación Cardíaca está respaldada por un elevado nivel de evidencia, por lo que animan a los pacientes que hayan sufrido un problema cardiovascular a preguntar a su médico si pueden beneficiarse de uno de estos programas.
No todos los pacientes necesitan la misma rehabilitación
Uno de los aspectos más destacados de las nuevas guías europeas es precisamente la necesidad de adaptar la recuperación a cada persona.
La edad por sí sola no determina cómo debe ser la rehabilitación. Hay que tener en cuenta la fuerza muscular, el equilibrio, la movilidad, el estado funcional, otras enfermedades que pueda presentar el paciente y posibles problemas musculoesqueléticos, neurológicos o respiratorios.
Especial importancia adquiere la fragilidad, una situación frecuente en personas mayores o con varias enfermedades que puede traducirse en menor fuerza, menor capacidad para realizar actividades cotidianas y mayor vulnerabilidad ante nuevos problemas de salud.
Según explica la Dra. Supervía, “las nuevas recomendaciones ponen mayor énfasis en la fragilidad y la prefragilidad. En pacientes frágiles plantean adaptar el entrenamiento e incorporar, cuando sea necesario, fuerza, equilibrio, movilidad y prevención de caídas. También cobran mayor importancia la fuerza muscular, el estado funcional, la sarcopenia y la composición corporal. El IMC por sí solo puede ser insuficiente y se incorporan herramientas como la antropometría, la bioimpedancia o la dinamometría”.
Es decir, la recuperación debe diseñarse teniendo en cuenta no solo qué enfermedad cardiovascular ha sufrido el paciente, sino también cómo se encuentra esa persona en su conjunto y qué necesita para volver a desenvolverse en su vida diaria.
Del corazón a la persona
Las nuevas recomendaciones europeas refuerzan precisamente esta visión global.
La Dra. Supervía explica que la rehabilitación debe adaptarse “a la persona concreta, su capacidad funcional, sus riesgos y sus objetivos, y no únicamente a su diagnóstico cardiológico”.
Por ello, además de controlar parámetros relacionados directamente con el corazón, los programas empiezan a prestar mayor atención a cuestiones como la fuerza muscular, la capacidad para caminar, la autonomía, la calidad de vida o la posibilidad de recuperar las actividades que cada paciente considera importantes.
El especialista en Medicina Física y Rehabilitación forma parte del equipo multidisciplinar encargado de estos programas. Según explica la experta, “su formación aporta una perspectiva especialmente relevante en la valoración funcional, la prescripción individualizada de ejercicio, la fragilidad, la fuerza muscular, las limitaciones musculoesqueléticas y neurológicas y la multimorbilidad, siempre en coordinación con el resto de profesionales del programa”.
Rehabilitación también desde casa
Otra de las novedades es que la rehabilitación cardíaca no tiene por qué desarrollarse exclusivamente en el hospital.
Las nuevas guías contemplan programas presenciales, domiciliarios, híbridos y de telerehabilitación, lo que puede facilitar que más pacientes puedan completar su recuperación independientemente de su lugar de residencia o de sus circunstancias personales.
Además, estos programas ya no se plantean únicamente para personas que han sufrido un infarto o padecen insuficiencia cardíaca. Las recomendaciones amplían su utilización a determinados pacientes con enfermedades valvulares, algunas miocardiopatías, fibrilación auricular, cardiopatías congénitas o personas que han recibido tratamientos potencialmente cardiotóxicos.
La publicación de estas nuevas guías refuerza, en definitiva, una idea especialmente importante para los pacientes: después de un problema cardiovascular, recuperar la salud no significa únicamente que el corazón vuelva a estar estable. También significa recuperar fuerza, confianza, autonomía y calidad de vida.
Y, para muchas personas, la Rehabilitación Cardíaca puede formar parte de ese camino.
