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INTOLERANCIA A LA LACTOSA Calcio por debajo del umbral

por Redacción Consejos

Un estudio reciente concluye que el 100% de los niños intolerantes a la lactosa no cubre la ingesta diaria de calcio recomendada. Los expertos explican por qué es incorrecta la decisión de no tomar lácteos y cómo suplir las carencias.

Los problemas de digestibilidad de la lactosa afectan a una proporción creciente de la población. De hecho, entre el 20 y el 40% de los españoles afirma padecer molestias al consumir productos ricos en lactosa. Esta enfermedad se define como la incapacidad del intestino para digerir la lactosa y no resulta fácil conocer su incidencia real, debido a que los síntomas pueden ser confundidos con los de otras enfermedades digestivas. A ello se añade que muchas personas autogestionan su intolerancia sin acudir al médico. Tal y gonzalezcomo explica Eduardo González Zorzano, asesor médico de Laboratorios Cinfa, “la lactosa es el azúcar que contiene la leche (de vaca, oveja, cabra, humana…), aunque también está presente en una gran cantidad de productos de consumo diario y en muchos medicamentos. La intolerancia “surge cuando el organismo no produce suficiente cantidad de lactasa, que es la enzima responsable de descomponer la lactosa en otros azúcares más simples y sencillos de absorber por el intestino”, explica González Zorzano.

Entre media hora y dos horas
Los síntomas aparecen entre treinta minutos y dos horas después de haber ingerido alimentos que contengan lactosa y desaparecen entre tres y seis horas más tarde. “Dolor e hinchazón abdominal, diarrea, flatulencias, retortijones, vómitos o náuseas son algunos de los signos más frecuentes de este trastorno” enumera González Zorzano.

La intolerancia a la lactosa viene determinada frecuentemente por la genética, y está relacionada con la zona geográfica. “Aquellas regiones que históricamente han utilizado lácteos en su dieta presentan menos prevalencia de esta enfermedad entre su población; es el caso de los países nórdicos, norteamericanos o caucásicos”, aclara el experto. Así mismo, durante la infancia nuestro organismo tiene una alta actividad de producción de lactasa, pero tras la lactancia materna y a medida que crecemos, disminuyen los niveles de esta enzima, lo que hace que, algunas personas, en función de su nivel de sensibilidad, comiencen a sufrir dicha sintomatología al ingerir alimentos con lactosa.

Lácteos, ¿sí o no?
Una de las consecuencias de esta situación es el consumo deficiente de lácteos, algo que preocupa a expertos como la doctora Rosa Ortega, del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. Según ha expresado esta experta durante las XVIII Jornadas de Nutrición Práctica y el IX Congreso Internacional Nutrición, Alimentación y Dietética, “rechazar el consumo de este alimento y sus derivados condiciona un riesgo nutricional y sanitario, ya que la presencia de este grupo de alimentos en la dieta”, añade, “ayuda a cubrir la ingesta recomendada de diversos nutrientes, especialmente en relación con el calcio, vitamina B2, niacina, yodo, zinc, potasio y magnesio”.

Si bien es cierto que en ocasiones se recomienda la exclusión de la lactosa de la dieta, pero “siempre de acuerdo al grado de intolerancia del paciente”, puntualiza González Zorzano. “Hay que tener en cuenta que los lácteos constituyen una importante fuente de calcio, necesario para la salud los huesos, y también de algunas vitaminas, proteínas y ácidos grasos que facilitan el crecimiento en niños y adolescentes. Por eso, si la intolerancia no es muy fuerte, puede no ser conveniente eliminar del todo los lácteos. Y en caso de tener que hacerlo, para evitar el déficit de esos nutrientes, es imprescindible enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio y otros nutrientes”, concluye.

El yogur: aporte de calcio y nutrientes
La doctora Rosa Ortega ha recordado que “el consumo de lácteos ha sido relacionado con una protección frente a diversas enfermedades como ortegahipertensión, cálculos renales, resistencia a la insulina u osteoporosis entre otras”. Y por lo tanto, eliminar los lácteos de la dieta equivale a reducir la ingesta de calcio. Así lo demuestra el estudio Problemas nutricionales relacionados con la ingesta de calcio en población infantil con intolerancia a la lactosa, publicado el año 2013, en el que se analizó la problemática nutricional de 505 niños de entre 8 y 13 años. Según este estudio, un 74,1% de niños tuvo ingestas de calcio menores a las recomendadas, cifra que aumenta hasta el 100% en niños con intolerancia a la lactosa.“Cuando una persona es intolerante a la lactosa, el consumo de yogur es de gran utilidad ya que este alimento se digiere con más facilidad porque tiene menos lactosa en su composición, afirma la doctora Ortega, concretamente cada ración de yogur aporta únicamente 4 g de lactosa frente a los 10 g de un vaso de leche.

Raciones por etapas
Tal y como indica Marta Olmos, experta del Programa NUSA, “es importante seguir las siguienes recomendaciones de calcio para mantener una buena salud ósea y prevenir afecciones como la osteoporosis en la edad avanzada”. Para cubrir correctamente las necesidades de calcio en cada etapa de la vida, los expertos aconsejan consumir 2-3 raciones de lácteos por día en la población adulta general y 3-4 raciones en situaciones de embarazo y/o lactancia. Asimismo, durante la adolescencia y la tercera edad también se recomienda la ingesta diaria de entre 3 y 4 raciones.

En caso de sufrir maldigestión o intolerancia a la lactosa, los expertos recomiendan el consumo de yogur, que contiene menos lactosa. Además, diversos estudios señalan que la mayoría de personas con problemas de intolerancia puede tomar hasta 12 g de lactosa diarios sin tener molestias, siempre y cuando se consuman en varias tomas.

Diez claves para afrontarla
1. Evitar el autodiagnóstico. La casuística de esta enfermedad es tan variada y personal que, ante la sospecha de intolerancia, es necesario acudir a un especialista para que descarte otros problemas digestivos. Éste nos ayudará a tomar las medidas más adecuadas para nuestro caso.
2. Conocer qué alimentos incorporan lactosa. Además de en la leche, este azúcar también está presente en algunos productos industriales elaborados. En consecuencia, se puede encontrar lactosa en alimentos tan dispares como salchichas, patés, margarinas, helados, salsas, algunos fiambres y embutidos, cereales enriquecidos, sopas instantáneas y comidas preparadas.
3. Aprender a leer las etiquetas de los envasados. Nos servirán de guía para comprobar si un alimento lleva o no lactosa. En concreto, deben tomarse precauciones con los que contengan azúcares y grasas de la leche, lactitol (E966), cuajo, suero lácteo o en polvo. Advertencias como “Puede contener trazas de leche” deben tenerse en cuenta.
4. No dejar de consumir lácteos sin consultar previamente a tu médico o farmacéutico. La falta de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D, rivoflavina y proteínas, por lo que se acompaña de malnutrición, osteoporosis y pérdida de peso. Por eso, es recomendable ingerir otras fuentes o suplementos de calcio y nutrientes en la alimentación. Los yogures fermentados y los quesos curados, que cuentan con una lactosa más hidrolizada son algunos de los lácteos que el especialista puede recomendarnos.
5. Los lácteos sin lactosa, nuestros grandes aliados. Un amplio número de marcas de leche comercializan gamas de productos sin lactosa, que pueden hacer más llevadera la necesidad de excluir parcial o completamente los lácteos de nuestra dieta.
6. Enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio, vitamina D, rivoflavina y proteínas. Verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; legumbres como las judías blancas, las lentejas y los garbanzos; la yema de huevo; pescados como la sardina, el salmón y el lenguado; las gambas y todos los frutos secos (excepto la castaña) constituyen excelentes fuentes naturales de los nutrientes que contienen los lácteos.
7. Experimentar en la cocina. Ser intolerante a la lactosa no significa tener que renunciar a los placeres del paladar. Tanto en casa como en restaurantes podéis degustar menús libres de lactosa.
8. Prestar atención a los medicamentos. Alrededor del 20% de los medicamentos contienen lactosa como excipiente, por lo que debe valorarse y ser tenido en cuenta.
9. Sí a los baños de sol. Exponerse al sol de manera regular, pero no abusiva, favorece la absorción de la vitamina D, que los lácteos nos aportan de manera natural.
10. Apoyarse en complementos nutricionales de lactasa. El farmacéutico dispone de soluciones nutricionales con lactasa en cápsulas o tabletas masticables para facilitar la digestión en personas intolerantes a la lactosa. Consulta al farmacéutico al respecto.

En la génesis de una fibromialgia
La fibromialgia es un síndrome que padecen unos 900.000 españoles, y que se caracteriza por dolores articulares, musculares y tendinosos generalizados, cansancio, fatiga, rigidez matutina, cefaleas, mareos y trastornos en la región genitourinaria, intestinal y faríngea. La persistencia de estos síntomas durante años y el retraso en su diagnóstico pueden desencadenar frecuentes crisis de rodriguezansiedad y depresión. Según la tesis sostenida por el doctor José Rodríguez Moyano en su libro Manual de Fibromialgia. Nuevas aportaciones, fruto de 20 años de investigación, la intolerancia a la lactosa puede desencadenar casos de fibromialgia. Esta tesis ha sido corroborada por la Sociedad Andaluza para el Estudio de las Enfermedades por Alimentos (SAEIA), que ya demostró en un estudio que la intolerancia a los alimentos, en particular a la lactosa, ocasionaba fibromialgia.

Según el doctor Rodríguez Moyano, también pueden desencadenar una fibromialgia las sensibilizaciones alimentarias o intolerancias a algún tipo de alimento, así como procesos tóxico-alimentarios e infecciones virales crónicas como la producida por el virus Epstein Bar. Los síntomas de la fibromialgia varían según la causa, explica el doctor Rodríguez Moyano: “cuando el origen es la intolerancia a la lactosa suelen padecer diarrea, meteorismo, cefaleas, cansancio, etc. Sin embargo, si el síndrome está motivado por infecciones bacterianas o virales también suelen sufrir faringitis crónica, dolores cervicales y febrícula”.

Además, la acumulación en el organismo de mercurio y la plata procedente de las amalgamas dentales es otra posible causa de fibromialgia apuntada en el Manual. “Cuando las amalgamas de plata-mercurio (metálicas) tienen más de diez años y el proceso de aleación ha sido incorrecto la toxicidad puede acabar provocando el síndrome fibromiálgico en algunos pacientes”, señala el doctor Rodríguez Moyano. En estos casos se recomienda su sustitución por cerámicas cumpliendo las estrictas recomendaciones de seguridad y la detoxificación a través de medicina biorreguladora. Por último, el contacto con herbicidas y pesticidas, también pueden desencadenar la aparición del síndrome, comenta este experto.

Según el doctor Rodríguez Moyano, la retirada de los lácteos de la dieta y una terapia de detoxificación consiguen mejorar los síntomas en poco tiempo. Pero los pacientes con síndrome fibromiálgico deben recurrir como primera elección de tratamiento a la medicina manual (osteopatía) y medicina biorreguladora.

Más intolerancias
Además de la intolerancia a la lactosa, una intolerancia muy frecuente en la población infantil es la relativa al gluten, que origina un desarreglo conocido como enfermedad celíaca. Según el doctor Pedro Abellán Ballesta, presidente del Instituto Infantil Hero Baby, se trata de una intolerancia permanente que se puede diagnosticar a cualquier edad y que afecta a individuos genéticamente predispuestos cuando ingieren alimentos que contienen la proteína del gluten. Al igual que en la intolerancia a la lactosa, el tratamiento dietético consiste en la eliminación del gluten permitiendo así la recuperación de la funcionalidad de la mucosa del intestino delgado.

Alergia, otro cantar
La Organización Mundial de la Alergia define hipersensibilidad alimentaria como “cualquier respuesta clínicamente anormal, no tóxica, que afecta a personas predispuestas y que se puede presentar tras la ingestión, contacto o inhalación de un alimento, de los derivados o de los aditivos que puede contener”. No obstante, hay que tener en cuenta que no todos los problemas que causan los alimentos son alergias. Se considera alergia al episodio en el que tiene lugar la intervención del sistema inmune frente a un componente del alimento de naturaleza proteica. Este componente se denomina alérgeno. Cuando el organismo no puede asimilar correctamente un alimento, o uno de sus componentes, y no interviene el sistema inmune, se denomina intolerancia alimentaria. Según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN, 2007), se estima que la prevalencia de algún tipo de intolerancia a los alimentos supone más del 6 % en niños menores de 3 años, frente al 7-8 % de alergias alimentarias en la edad pediátrica. En el caso de lactantes, las alergias a la leche de vaca y al huevo ocupan los primeros lugares en importancia entre las alergias alimentarias. La alergia a las proteínas del huevo suele aparecer alrededor de los 10-12 meses, coincidiendo con su introducción en la dieta, y tiende a desaparecer en los primeros 6 años. Su prevalencia oscila entre un 0,5-2,7% de la población infantil entre los 6 meses y los 2 años de edad.

El conocimiento sobre estas alergias e intolerancias alimenticias se ha perfeccionado en las últimas décadas, lo que ha permitido desarrollar pruebas para el diagnóstico temprano y el consiguiente tratamiento. Este conocimiento, aplicado en la Ciencia y la Tecnología Alimentaria, permite también el diseño y elaboración de productos apropiados para evitar los efectos negativos que ocasionan estos problemas alimenticios en lactantes y niños predispuestos a padecerlos.

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