Home EnfermedadesAparato digestivo Qué es el hígado graso y por qué es cada vez más frecuente entre los jóvenes

Qué es el hígado graso y por qué es cada vez más frecuente entre los jóvenes

El hígado graso se produce, entre otras cosas, por un exceso de calorías y azúcares en la dieta. Con una alimentación adecuada y ejercicio, puede revertirse.

por Redacción Consejos
revertir el hígado graso

El llamado hígado graso no se debe simplemente a la ingesta de grasa, sino a un trastorno metabólico más complejo que está estrechamente relacionado con el estilo de vida moderno, el exceso de calorías, el consumo de azúcares y la inactividad física. Nos lo explica Álvaro Román Molina, farmacéutico nutricionista en Farmacia Puerta Carmona de Sevilla.

Normalmente, el hígado contiene una pequeña cantidad de grasa, pero cuando esta supera el 5 o 10% de su peso total se considera anormal. Esta acumulación puede alterar el funcionamiento del órgano y, si progresa, causar inflamación, fibrosis o incluso cirrosis y cáncer hepático. Para su diagnóstico es necesario hacer una ecografía, una analítica o una bioimpedancia eléctrica. Entre las causas más comunes que lo provocan están la obesidad, el sedentarismo, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina, el consumo excesivo de alcohol, algunos medicamentos como los corticoides o el tamoxifeno, la pérdida rápida de peso, la desnutrición y ciertas enfermedades metabólicas o virales.

De dos tipos

  1. El primero es el hígado graso no alcohólico, que no está relacionado con el consumo de alcohol y suele asociarse al síndrome metabólico, la obesidad, la hipertensión y las alteraciones de los lípidos o del azúcar en sangre. Dentro de este tipo se distinguen la esteatosis simple, en la que solo hay acumulación de grasa sin daño hepático importante, y la esteatohepatitis no alcohólica, en la que además de grasa hay inflamación y daño celular que pueden evolucionar a fibrosis, cirrosis o cáncer.
  2. El segundo tipo es el hígado graso alcohólico, que aparece como consecuencia del consumo crónico de alcohol. El alcohol interfiere con el metabolismo de las grasas en el hígado, lo que favorece su acumulación. Su evolución puede pasar de la esteatosis alcohólica a la hepatitis alcohólica y finalmente a la cirrosis.

El proceso

En circunstancias normales, las células de nuestro cuerpo usan glucosa para obtener energía, y es la hormona insulina la encargada de ejercer ese transporte a cada una de las células de nuestro cuerpo. Cuando la insulina no funciona correctamente, el hígado empieza a convertir el exceso de glucosa y carbohidratos en triglicéridos, que luego se acumulan en sus células y el hígado se convierte en grasa. Es decir, el exceso de azúcar y calorías se transforma en grasa dentro del propio organismo, aunque la dieta no contenga grandes cantidades de grasa visible, razón por la que muchos pacientes se confunden y asocian el término “hígado graso” con comer alimentos grasos, cuando en realidad el factor más importante suele ser el exceso calórico total y los carbohidratos refinados, junto con la falta de actividad física

En definitiva, en el hígado graso no alcohólico, el más frecuente hoy en día, el origen está en un desequilibrio metabólico relacionado con la resistencia a la insulina, la obesidad abdominal, el exceso de azúcares simples y de harinas refinadas, y también con el tipo de elecciones alimenticias que hacemos y con el sedentarismo. 

No te confundas

La confusión sobre el hígado graso y el consumo de grasas es muy común porque su nombre sugiere que se origina directamente por comer demasiada grasa, cuando en realidad no es así. 

El problema principal no es la grasa que se consume, sino la forma en que el cuerpo procesa y acumula energía en forma de grasa dentro del hígado.

También influye el hecho de que, durante mucho tiempo, sobre todo en la década de los 80-90, se transmitió la idea de que la grasa dietética era el enemigo principal del hígado, cuando hoy se sabe que las grasas saludables, como las del aceite de oliva, el aguacate o los frutos secos, no provocan hígado graso. Es más, incluso pueden ayudar a mejorar la función hepática si se combinan con una alimentación equilibrada. 

La sintomatología 

El hígado graso constituye una amenaza silenciosa que va mermando poco a poco nuestra salud. Aunque en las fases iniciales el hígado graso suele ser asintomático, algunas personas pueden sentir cansancio, malestar general o pesadez en el lado derecho del abdomen. En fases avanzadas pueden aparecer ictericia, acumulación de líquido en el abdomen y otros signos de insuficiencia hepática.

El tratamiento nutricional depende de la causa. En el caso del hígado graso no alcohólico lo tratamos principalmente con alimentos que combaten el daño celular, facilitan la sensibilidad a la insulina y reducen la inflamación, permitiendo la pérdida de peso gradual. La adopción de una dieta equilibrada, la práctica regular de ejercicio y el control de la glucosa, los lípidos y la presión arterial son fundamentales para su tratamiento. 

En el hígado graso alcohólico el tratamiento fundamental consiste en suspender por completo el consumo de alcohol y mantener una nutrición equilibrada, en la misma línea que requiere el hígado graso no alcohólico. Si no se trata, el hígado graso puede progresar hacia fibrosis, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado. 

Comprométete con el cambio

La buena noticia es que, a diferencia de muchas enfermedades hepáticas, el hígado graso es potencialmente reversible. Con hábitos saludables, una alimentación equilibrada y el acompañamiento médico o nutricionista adecuado, el hígado puede recuperar su función y regenerarse de forma notable. La clave está en comprender que el tratamiento no se basa en prohibiciones estrictas, sino en adoptar un estilo de vida sostenible, consciente y amable con nuestro organismo. La salud hepática, más que un objetivo, debe ser un compromiso cotidiano con nuestro bienestar integral.

Tu lista de la compra

Al contrario de lo que pudiera parecer, la presencia de algunas grasas en la dieta puede ayudar al organismo a usar mejor la insulina, facilitando su función. Es el caso de los ácidos grasos Omega-3 y de otras grasas que actúan como “grasas detergente”, presentes en el pescado, aceite de pescado, lino, nueces y aceite de linaza, siendo más bio asimilables las de origen marino. Entre los alimentos que ayudan a combatir el hígado graso destacan los pescados y mariscos; las frutas en general; los cereales integrales; las nueces; las verduras de hoja verde, remolacha, zanahoria; las grasas monoinsaturadas como el aguacate, las aceitunas o el salmón y las legumbres. Por el contrario, los alimentos desaconsejados son los fritos y rebozados; los alimentos azucarados; la bollería industrial y los refrescos.

UN MENÚ PARA «REVERTIR» EL HÍGADO GRASO

LUNES

Desayuno: Café cortado o infusión. Licuado de manzana con plátano, nueces y muesli.

Almuerzo: Rollitos de pollo al horno con calabacines. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir. 

Cena: Tortilla de espinacas. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

MARTES

Desayuno: Café cortado o infusión. Tostadas integrales con aceite de oliva virgen extra. 

Almuerzo: Judías verdes con tomate. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

Cena: Tortilla de puerros y crema de calabacín. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

MIÉRCOLES

Desayuno: Café cortado o infusión. Macedonia de cítricos con chocolate negro. 

Almuerzo: Colirroz con tomate y huevo. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

Cena: Revuelto de gambas. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

JUEVES

Desayuno: Café cortado o infusión. Revuelto estilo hotel (con leche entera y huevo).

Almuerzo: Ensalada de zanahorias en salsa con bacalao con ajetes. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

Cena: Espárragos trigueros, tomates asados, burrata y salsa de pesto. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

VIERNES

Desayuno: Café cortado o infusión. Macedonia de cítricos con chocolate negro. 

Almuerzo: Garbanzos con acelgas y bacalao. Pez espada a la plancha. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

Cena: Almejas a la marinera. Pechuga de pollo a la plancha. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

SÁBADO 

Desayuno: Café cortado o infusión. Licuado de manzana, plátanos, nueces y muesli.

Almuerzo: Escalivada (cebollas, pimiento y berenjenas). Postre lácteo o fruta de temporada a elegir. 

Cena: Espárragos blancos a la plancha y jamón de York en lonchas. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

DOMINGO

Desayuno: Café cortado o infusión. Revuelto estilo hotel (con huevos y leche).

Almuerzo: Ternera magra y espárragos trigueros. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

Cena: Aguacate con atún. Postre lácteo o fruta de temporada a elegir.

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