Reglas dolorosas, ¿qué esconden?

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En la vida de la mujer, son muchos los problemas ginecológicos que se manifiestan en forma de anomalías o reglas dolorosas, desde la menarquia (primera regla) hasta la menopausia. Con ayuda de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), veamos qué nos revela este marcador.

Uno de los clásicos en la vida de la mujer es el dolor menstrual o dismenorrea, que sufren aproximadamente una de cada tres mujeres, especialmente adolescentes y más jovencitas. En estos casos, el dolor se localiza en la parte baja del abdomen o a nivel pélvico y puede irradiarse hacia la legión lumbar o hacia las piernas. Suele presentarse justo antes de la menstruación, como si fuera un aviso, o durante los días que dura la regla, sobre todo los primeros y es más frecuente en mujeres fumadoras, con sobrepeso, bebedoras de alcohol y en quienes tuvieron la regla antes de los 11 años. Según explican desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), el dolor puede ser de dos tipos: agudo y espasmódico o continuo y sordo. Además, en ocasiones también puede ir acompañado de náuseas y vómitos, dolor de cabeza, diarrea, mareos e irritabilidad, todo un cóctel que hace muy lógico el temor de las chicas a “ponerse mala”.

De dos tipos

Hay dos tipos de dismenorrea o dolor menstrual: primaria y secundaria.  La que se conoce como primaria aparece entre los 6 y los 12 meses siguientes a la primera regla o menarquia, y se debe a la acción espasmódica de las prostaglandinas sobre el útero. Es un dolor de tipo cólico y remite entre 24 y 48 horas después del inicio de la regla. La dismenorrea secundaria suele afectar a mujeres más maduras, mayores de 30 años, con hijos y normalmente, según la SEGO, está asociada a endometriosis (implantación de tejido endometrial fuera del útero, a nivel de la cavidad pélvica y abdominal), miomas uterinos, malformaciones genitales, enfermedad inflamatoria pélvica (infección del aparato genital femenino de transmisión sexual, que puede afectar al útero, las trompas y los ovarios), quistes anexiales de ovario, o pólipos endometriales (se forman por el crecimiento excesivo del endometrio, que es el  recubrimiento de la parte interior de la matriz). En estos casos suele aparecer una semana antes de la menstruación y el dolor se caracteriza por ser más continuo y persistente.

Dolor secundario a miomas

Los miomas uterinos son aglomeraciones de músculo, redondeados, bien delimitados y de características benignas, que aparecen en el útero como consecuencia de la acción de las hormonas femeninas (estrógenos y progesterona) sobre el músculo uterino normal). Según recoge la SEGO, pueden ser únicos o múltiples y de tamaño variable. Se pueden localizar en distintas zonas de la pared del útero y se desarrollan hasta en el 70% de las mujeres en cualquier etapa de su vida, aunque es más frecuente a partir de los 50 años. Suele ser asintomáticos, pero cuando aparece algún síntoma lo hace en forma de sangrado abundante o anómalo (fuera de la menstruación), seguido de síntomas de compresión de estructuras de la pelvis si son de gran tamaño, produciendo dolor y sensación de presión en el bajo vientre, estreñimiento y dificultad para vaciar la vejiga. Algunos miomas pueden distorsionar la cavidad uterina y dificultar la concepción, aumentando la tasa de abortos espontáneos, además de dificultades en el embarazo (mala colocación del feto, aumento de cesájreas, amenaza de parto prematuro, menor crecimiento fetal o rotura de bolsa).

Dolor secundario a quiste anexial

El quiste anexial es la acumulación de líquido dentro o adyacente a un ovario. Se origina porque durante el ciclo menstrual se produce el crecimiento del folículo dominante, que en el momento de la ovulación se rompe para liberar el óvulo. En ocasiones el folículo puede no romperse reteniendo el líquido folicular, lo que dará lugar a la formación de un quiste de ovario. Suelen ser funcionales y desaparecer sin tratamiento en los siguientes ciclos menstruales. No suele producir síntomas, pero enlos casos en que cursan con dolor, este se localiza en la parte baja del abdomen, así como durante las relaciones sexuales en caso de ser de gran tamaño. También puede provocar irregularidades menstruales.

Reglas dolorosas: manos a la obra

Para tratar el dolor menstrual, desde la SEGO recomiendan realizar ejercicio físico de forma regular, así como reducir el consumo de tabaco, alcohol y cafeína, y dormir un número de horas adecuado, seguir una dieta equilibrada, rica en vegetales y frutas y baja en grasas saturadas, e hidratarse adecuadamente. De persistir el dolor, el ginecólogo puede prescribir analgésicos antiinflamatorios o tratamientos hormonales anticonceptivos.

En el caso de dolor secundario, es necesario establecer cuál es la enfermedad subyacente, para lo cual, una vez realizada una historia clínica tras una exploración física y tacto vaginal, el ginecólogo puede realizar pruebas complementarias como la ecografía transvaginal, histeroscopia y laparoscopia. También habrá que descartar otras patologías responsables de dolor abdominal como las infecciones del tracto urinario, las enfermedades del tracto digestivo y los trastornos psicosomáticos. De confirmarse, según la SEGO, el tratamiento será el de la enfermedad subyacente.

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