Relacionar los latidos del corazón con la música es un símil que ayuda a entender muy bien por qué es tan importante que este músculo vital no pierda el ritmo y lata de forma “acompasada”. Pero más allá de una cuestión estética, en el caso del corazón, el ritmo alterado te puede costar la vida, exponiéndote a futuros ictus, eventos tromboembólicos, deterioro cognitivo y demencia vascular.
Detrás de un ritmo alterado de los latidos del corazón puede haber una fibrilación auricular, una arritmia caracterizada por la aceleración de la frecuencia cardiaca (taquicardia), aunque en ocasiones puede cursar con una frecuencia cardiaca normal o incluso baja. Aunque es más frecuente en personas de edad avanzada, hipertensos y pacientes con otros problemas cardiacos, la fibrilación auricular puede aparecer también en personas jóvenes sin factores predisponentes claros y sin patología cardiaca previa. De hecho, una de cada tres personas desarrollará una fibrilación auricular a lo largo de su vida, aunque no necesariamente de forma crónica, según explican desde la Sociedad Española de Cardiología (SEC), a través de su Asociación del Ritmo Cardiaco y la Fundación Española del Corazón (FEC), que nos recuerda cómo un simple gesto como tomarte el pulso puede ayudarte a detectar una arritmia y salvarte la vida.
¡Reconócela!
Los síntomas más frecuentes de una fibrilación auricular son palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho y mareos, aunque frecuentemente no produce ningún signo de alerta. De hecho, este tipo de arritmia puede ser asintomática, por lo que es importante tener estrategias para detectarla precozmente. Una medida tan sencilla como tomarnos el pulso puede ayudarnos con el diagnóstico precoz en muchos casos.
Aunque en general se trata de una arritmia “benigna”, “si la frecuencia cardiaca se acelera demasiado o la arritmia aparece en un paciente con cardiopatía previa pueden producirse consecuencias peligrosas”, explican desde la Sociedad Española de Cardiología. “De hecho, se sabe que la fibrilación auricular multiplica el riesgo de padecer insuficiencia cardiaca o ictus. También aumenta las probabilidades de sufrir otros fenómenos tromboembólicos (como infarto de miocardio, embolia renal o periférica), así como deterioro cognitivo y demencia vascular.
¡Así se toma el pulso!
Coloca tu mano con la palma hacia arriba y apoya los dedos índice y corazón sobre la arteria radial que se encuentra en la parte lateral de tu muñeca, justo por debajo del pulgar. Aplica la presión justa hasta que notes los latidos de tu corazón. Cuenta el número de latidos durante 15 segundos, multiplícalo por cuatro y el resultado será tu frecuencia cardíaca por minuto. El pulso debe sentirse con suavidad. Otra manera de medir la frecuencia cardíaca es contar los latidos durante un minuto completo.
Una frecuencia cardíaca normal suele estar entre 60 y 100 latidos por minuto. Si detectas un pulso por debajo de 40 o por encima de 120 de forma repetida, consulta con tu médico.
Si notamos que el pulso es irregular o se acelera sin razón aparente, es fundamental consultar para una evaluación médica más detallada”, afirma la doctora Cristina Lozano, presidenta del Grupo Jóvenes Cardiólogos de la SEC.
Siempre prevenir
Prevenir la fibrilación auricular comienza con un estilo de vida saludable que dé prioridad a una dieta equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y el control de los factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes. Además, evitar el consumo de alcohol y tabaco también juega un papel clave.
En cuanto a los tratamientos, “estos persiguen el control de la frecuencia cardíaca con fármacos frenadores, la instalación de dispositivos de estimulación y la ablación (de nodo); el control del ritmo con fármacos antiarrítmicos o mediante ablación; y el control del riesgo tromboembólico con fármacos anticoagulantes o la instalación de dispositivos de cierre de orejuela”, explica desde la Fundación Española del Corazón y la Sociedad Española de Cardiología.







