Las nuevas generaciones de productos solares incorporan fórmulas e ingredientes que protegen de todas las “versiones” de radiación y refuerzan la prevención frente a sus principales consecuencias (sequedad, arrugas, envejecimiento prematuro y cáncer cutáneo). Pero estamos lejos de concienciarnos de la importancia de este hábito, debido tanto a la “dejadez” como a los muchos mitos e ideas erróneas que sigue habiendo al respecto.
Los expertos insisten en repetir una y otra vez las pautas que todos deberíamos repasar antes del tumbarnos al dolce far niente. Sobre todo porque, pese al machaqueo de mensajes que recibimos año tras año sobre la importancia de la protección solar, aún vamos “cojos” respecto a los riesgos que el sol supone para la piel. La doctora Ana Carrasquilla, especialista en dermatología médico-quirúrgica de IMR, hace hincapié en que gran parte de los casos de cáncer de piel y otros efectos negativos del sol a nivel cutáneo podrían prevenirse con hábitos adecuados de fotoprotección: “Hoy sabemos que la protección solar no sólo previene quemaduras sino también el envejecimiento cutáneo, la inmunosupresión local y el daño acumulativo en el ADN”.
4 “mantras”
- Un daño de larga trayectoria. “Aunque muchas personas asocian el riesgo de cáncer de piel a episodios puntuales de exposición intensa al sol, la evidencia científica demuestra que el verdadero peligro reside en el efecto acumulativo del sol a lo largo de los años. La radiación ultravioleta produce un daño directo e indirecto en el ADN de las células cutáneas y, con los años, este daño se acumula y aumenta el riesgo de desarrollar queratosis actínicas, carcinomas y melanomas. Por eso, el cáncer de piel suele ser consecuencia del efecto acumulativo de miles de horas de radiación a lo largo de la vida”, apunta la experta.
- No sólo en verano. En línea con lo anterior, la especialista incide en que la protección solar no debe limitarse a la temporada estival, y recuerda que más del 90% de la radiación UVA atraviesa las nubes y está presente durante todo el año, contribuyendo al envejecimiento prematuro y al daño celular acumulado. “La fotoprotección diaria no es una cuestión estética, sino una inversión en salud: proteger la piel hoy significa reducir el riesgo de cáncer, manchas y envejecimiento prematuro en el futuro”, incide la dermatóloga.
- Producto con SPF… y mucho más. Tal y como indica la doctora Carrasquilla, tradicionalmente, la elección del producto para el sol se ha basado en el Factor de Protección Solar (SPF por sus siglas en inglés), un indicador que, sin embargo, resulta insuficiente: “El SPF mide principalmente la protección frente a UVB, responsable de las quemaduras solares, pero no refleja por completo la protección frente a los UVA, la luz visible o el estrés oxidativo. Un buen fotoprotector debe ofrecer protección de amplio espectro y adaptarse al perfil y a las necesidades de cada persona y cada piel. Por suerte, la evolución de la fotoprotección ha dado lugar a fórmulas que combinan distintos mecanismos de defensa frente al daño solar”.
- La importancia de un buen atrezzo. Ana Carrasquilla advierte también sobre uno de los errores más frecuentes que se cometen en la estrategia de fotoprotección: aplicar una cantidad insuficiente de producto, “y, también, olvidar zonas como orejas, cuello y dorso de las manos”. Otro error, según la experta, es la tendencia a confiar exclusivamente en el protector solar sin adoptar otras medidas físicas de protección: “Además de utilizar un fotoprotector de amplio espectro SPF 50+, hay que buscar la sombra en las horas centrales del día, utilizar sombrero, gafas de sol y ropa protectora, así como reaplicar el protector cada dos horas durante exposiciones prolongadas al aire libre”.
Filtros: tres mejor que uno
Básicamente hay tres tipos de filtros solares: físicos, químicos y biológicos. Conocer sus características y saber cómo actúa cada uno es fundamental para optimizar el uso del protector solar. Ana Carrasquilla analiza las diferencias entre ellos:
- “Los filtros físicos o minerales, como el óxido de zinc y el dióxido de titanio, reflejan y dispersan parte de la radiación solar”.
- “Los filtros químicos u orgánicos absorben la energía ultravioleta y la transforman en calor antes de que pueda dañar la piel”.
- En cuanto a la tercera categoría, los filtros biológicos, la experta comenta que está cada vez más presentes en los fotoprotectores de última generación: “Estos filtros no bloquean la radiación, sino que ayudan a la piel a defenderse y a reparar el daño mediante mecanismos antioxidantes, antiinflamatorios o de reparación del ADN”. Para la dermatóloga Ana Carrasquilla, la combinación de los tres tipos de filtros (uno de los grandes avances en el campo de la fotoprotección) ofrece una protección más completa frente a las diferentes formas de radiación y, también, frente a los procesos biológicos que desencadenan el envejecimiento y la carcinogénesis.
Y con ingredientes “top”
Además de esta combinación de filtros, “en los últimos años asistimos a una nueva forma de entender la fotoprotección que incorpora en estos productos antioxidantes, enzimas reparadoras del ADN y otros activos capaces de reforzar los mecanismos naturales de defensa de la piel”, afirma la doctora Carrasquilla. “Hay que tener en cuenta -continúa la experta- que la radiación solar genera radicales libres que dañan proteínas, membranas celulares y ADN, y en este escenario, ingredientes como la vitamina C, la vitamina E, la nicotinamida o extractos antioxidantes ayudan a neutralizar estas moléculas y reducen parte del daño oxidativo asociado al fotoenvejecimiento. Todos estos avances permiten abordar el daño solar desde una perspectiva más integral, complementando la acción de los filtros tradicionales”.
5 claves para elegir cosmética libre de disruptores endocrinos
- Leer el INCI completo: el INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients) es el listado internacional de ingredientes presente en los cosméticos. Más allá de reclamos como «natural», «eco» o «clean», revisar este listado permite conocer exactamente qué contiene cada fórmula.
- Identificar determinados ingredientes: entre las sustancias cuya presencia conviene comprobar se encuentran los parabenos, ftalatos, BPA, triclosán, antioxidantes sintéticos como BHA y BHT, determinadas benzofenonas, así como el EDTA y algunos de sus derivados. Estos compuestos pueden aparecer en cosméticos, productos de higiene, fragancias o materiales en contacto con el producto.
- Revisar también el envase: la seguridad no depende únicamente de la fórmula. El material de envase también puede influir, especialmente en aquellos productos que permanecen almacenados durante largos periodos de tiempo. Por ello, Banbu recomienda optar por envases seguros y libres de BPA.
- Apostar por marcas transparentes: las marcas que explican claramente qué ingredientes utilizan y cuáles excluyen facilitan una elección más informada. La transparencia en la formulación es un indicador cada vez más valorado por los consumidores.
- Prestar atención a los productos de uso diario: desodorantes, champús, geles, cremas, protectores solares o productos de higiene íntima forman parte de la rutina habitual y son los que generan una mayor exposición acumulada, por lo que resulta especialmente relevante revisar su composición.
Mejor europeos que norteamericanos
Otro aspecto a tener en cuenta en relación a los filtros, es que hay diferencias -de concepto, de formulación y, también, de criterios- entre el sistema norteamericano (dependiente de la Food and Drug Administration, FDA) y el europeo (regido por la Unión Europea) para la formulación de productos solares. Así, por ejemplo, en EEUU están aprobados un total de 16 filtros UV, mientras que en Europa esta cifra se eleva a los 28 filtros.
Además, a diferencia del mercado europeo, en EEUU los fotoprotectores están catalogados como medicamentos (OTC) y no como cosméticos. Según estudios recientes, como la 20ª Guía de Protectores Solares del Environmental Working Group (EWG), la mayoría de los protectores solares estadounidenses no ofrecen una protección UVA suficiente, algo fundamental para reducir el riesgo de cáncer de piel y frenar el fotoenvejecimiento prematuro. A diferencia de ellos, los fotoprotectores europeos incorporan los filtros de nueva generación, lo que en la práctica supone que, además de protección frente a la radiación solar, ofrecen moléculas capaces de proporcionar una alta fotosensibilidad, texturas invisibles y un escudo “infranqueable” contra los rayos UVA largos, que son los principales responsables de las manchas, las arrugas y la pérdida de firmeza.
Por las redes circula la idea de que los componentes de las cremas solares se absorben en la sangre y pueden causar daños en el organismo. “No hay ninguna evidencia científica ni clínica en humanos que demuestre que las cremas solares causen daños sistémicos o alteraciones hormonales”, precisa el dermatólogo Ramón Grimalt, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la UIC (Universidad Internacional de Catalunya), quien recuerda que todos estos productos se someten a estrictos controles de seguridad. “Además, está la opción de los filtros minerales o físicos, que no se absorben y actúan como espejo sobre la piel”.
Otra idea errónea desmentida por Ramón Grimalt es la de que los fotoprotectores impiden la absorción de la vitamina D por parte del organismo: “La exposición diaria de brazos y piernas durante 10-15 minutos fuera de las horas de máxima radiación (de 12.00 a 16.00) es suficiente para cubrir las necesidades de esta vitamina, incluso en el transcurso de actividades cotidianas, como caminar por la calle. Por otro lado, los estudios realizados al respecto demuestran que los usuarios habituales de fotoprotectores mantienen unos niveles de vitamina D perfectamente normales”.
Rutinas adaptadas al destino
- En la playa: Silvia Oliete, directora y fundadora de Blauceldona, explica cómo “el agua de mar tiene una composición que es muy similar a nuestro propio plasma, de ahí su gran poder curativo tanto en la piel como en el resto del organismo. Por eso, permanecer en ella durante unos 10 minutos (a ser posible de manera relajada) ayuda a desinflamar el cuerpo gracias a la absorción por parte de la piel de múltiples minerales, lo que a su vez también mejora la retención de líquidos. Estar a nivel del mar también hace que baje la tensión arterial, mientras que el yodo que flota en el aire proporciona una sensación de calma y relax”. Pero hay más: “El batir de las olas ofrece un estupendo masaje drenante y anticelulítico. Basta con permanecer de pie 5 minutos frente a las olas y otros 5 dándoles la espalda, permitiendo que rompan a la altura de los muslos”, apunta la experta quien, para reforzar este efecto natural aconseja aplicar por la noche cremas anticelulíticas y drenantes, y recuerda que el agua de mar reseca mucho la piel, de ahí la importancia de aclarar con agua dulce e hidratar bien cada día tras el baño.
- En la montaña: Silvia Oliete advierte de que en este entorno debemos protegernos igual o incluso más que en la playa frente a los rayos IV, “ya que a mayor altitud más inciden éstos en nuestra piel. Por otro lado, caminar por la montaña ayuda a tonificar las piernas, fortalece los músculos y mejora la celulitis. Es un entorno que exige un cambio constante de fuerza en la pisada para ascender o sortear distintos obstáculos, algo especialmente fácil de hacer y que a la vez resulta beneficioso para las personas que no practican deporte con regularidad”.
- En el río: Un destino que cada vez eligen más personas como alternativa a la playa y que, según Silvia Oliete, tiene la ventaja de que a diferencia del mar, el agua de río no reseca la piel el exceso, debido a su baja salinidad, “y, además, el hecho de que el agua que fluye sea generalmente fría es muy beneficioso para relajar los músculos y tonificar la piel. Sí, además, nos podemos en un lugar donde la corriente rompa a la altura de los muslos y/o los glúteos, se consigue el mismo drenaje natural en el mar”. Según la experta, este destino es ideal para las personas con problemas circulatorios y/o varices, y explica por qué: “Sus aguas frías contraen las venas varicosas, aliviando la pesadez y la sensación de cansancio. Para ello, hay que sumergir las piernas durante 10 minutos y secarse durante otros 10, repitiendo tres veces. De esta forma, la contracción de los tejidos y las venas reactiva la circulación”.
-Productos:
1-Crema Facial Sun-Protect SPF 30 y SPF 50, de Camaleon Cosmetics. Fórmula con filtros solares de nueva generación de amplio espectro, texturas ligeras y rápida absorción.
2-Stick Solar SPF 50+, de Topicrem. Multiusos, ideal para aplicar en zonas que suelen quedar olvidadas: nariz, pómulos, orejas, labios, cicatrices e incluso el cuero cabelludo.
3-Advanced Day Defense Cream, de Skin Perfection by Bluevert. Filtros de última generación, enfoque de amplio espectro y triple efecto: protección, reparación y embellecimiento de la piel.
4- Heliocare360º Body Glow SPF 50+, de Cantabria Labs. Fotoprotección solar muy alta combinada con un atractivo acabado en la piel de efecto brillante.
5-Oil Control Dry Touch Spray Transparente, de Eucerin. Acabado seco y mate, adecuado para las pieles grasas con tendencia acneica y zonas corporales con vello.
6-Sun Stick SPF 50+, de Farma Dorsch. Con formato on-the-go, es un protector en barra de alta tolerancia, especialmente indicado para la piel sensible, grasa o reactiva.
